Ser opositor a Obiang no es luchar por la democracia en Guinea Ecuatorial. Fronterad

Por Belarmino Owono Bituga

Cuando se habla de democracia, generalmente se habla de la democracia liberal, esa que está instaurada en la gran mayoría de los países occidentales, y en algunos países de otras latitudes, como Japón. Esta democracia liberal va de la mano con el capitalismo, en sus diversas versiones ideológico-económicas (liberalismo, neoliberalismo, conservadurismo, socialdemocracia, etcétera). 

Generalmente hay la percepción (que tienen los propios componentes de las sociedades de dichos estados) de que el disfrute de las libertades individuales, y sobre todo la libertad de cuestionar las acciones y actuaciones de los dirigentes de los países que tienen este tipo de regímenes, es mejor que la percepción que sobre las mismas libertades tiene los individuos de las sociedades que tienen regímenes diferentes. Y también, lo que no es cuestión menor, hay otra percepción de que, en los países con regímenes de democracia liberal, las gentes tienen mayores oportunidades para alcanzar su desarrollo y su bienestar personales. Que los sistemas con democracia liberal tienen defectos, cierto. Pero en todo caso, con relación a la percepción del ejercicio de las libertades, los países con otros regímenes tienen más y más graves defectos. Esta comparativa está resumida en la frase que se atribuye a Churchill: “La democracia es el peor de todos los sistemas políticos, a excepción de todos los demás”[1] . El hecho de que sea el menos malo de los sistemas políticos hace que casi todos los regímenes se autoproclamen democráticos, aun cuando notoriamente no lo sean.

Podemos observar que un número importante de ciudadanos de los países con regímenes que no se ajustan a este patrón (y que llamaré simplemente regímenes autoritarios), se ven forzados a emigrar a los países con democracias liberales, en busca de oportunidades para mejorar su situación económica o huyendo de la represión política; y en esta línea, muchos de dichos ciudadanos se suelen organizar, en la clandestinidad o en el exilio, para luchar por el establecimiento de regímenes de democracia liberal en sus países. La mayor parte de los países africanos tenían regímenes autoritarios en el momento de la caída del muro de Berlín.

Esta democracia liberal se basa en que son los grupos de ciudadanos, organizados en partidos políticos, los que canalizan la acción política y concurren en competencia libre para obtener la confianza de los ciudadanos en elecciones libres para dirigir las instituciones de los estados de dichos países. Por esto se suele identificar la democracia liberal con la existencia de multipartidismo y la celebración de elecciones periódicas, en las que, cuando hay democracia real, se suele producir la alternancia en el ejercicio del poder de diferentes partidos políticos.

Es por lo que, cuando allá a comienzos de la década de los 90 del siglo pasado, por las conveniencias que fueran, el presidente francés François Mitterrand emplazó a los presidentes africanos a emprender procesos de democratización de las instituciones de sus países, se introdujeron cambios constitucionales que permitieron que, en lugar de los partidos únicos entonces imperantes en casi todos los países africanos, surgiera el multipartidismo en dichos países, entre ellos Guinea Ecuatorial.

Más de 30 años después, en la mayor parte de dichos países africanos, entraron en el escenario varios partidos políticos, pero en muy pocos se puede decir que hay democracias liberales homologables. Y es que, como es conocido y comúnmente se dice, la existencia de partidos políticos es una condición necesaria, pero no es suficiente para que se pueda decir que un país goza de unas instituciones democráticas. Y en esta situación está Guinea Ecuatorial (que sólo es democrático en el sentido irónico de que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen[2])donde además de haber varios partidos políticos en el interior, legalizados y no legalizados, existe también otros tantos o más partidos en el exilio y otros grupos y personalidades activistas que, a la par que se declaran opositores contra Obiang, proclaman que luchan por la democratización de Guinea Ecuatorial. Y, sin embargo, no es lo mismo ser opositor a Obiang que luchar por la democratización de Guinea Ecuatorial. Y es necesario no confundir estos dos conceptos. Tener claro las diferencias entre estos dos conceptos debería evitar hacer amalgama y detectar, por su parte, las dificultades que se puede encontrar en la lucha por el establecimiento de un sistema democrático en Guinea Ecuatorial. 

Para que se pueda considerar democrático un sistema de gobierno, tiene que haber algo más que partidos políticos y algo más que elecciones. El reciente proceso electoral que acaba de tener lugar en Guinea Ecuatorial invita a reflexionar sobre las reales posibilidades de establecer un sistema democrático homologable en Guinea Ecuatorial. Pues, en dicho proceso electoral (y también antes y en toda la vida de Guinea Ecuatorial como país independiente) hemos visto, oído y vivido las intervenciones y el comportamiento de los guineanos, ciudadanos, personalidades, grupos, partidos, todos ellos que se dicen opositores y luchadores por la democratización de Guinea Ecuatorial. Voy a examinar el comportamiento de dichos ciudadanos, personalidades, grupos, dirigentes de partidos, ante situaciones sencillas y cotidianas, desde el prisma de lo que han teorizado algunos dirigentes o estudiosos sobre lo que es necesario para que arraigue en un país un sistema de democracia liberal. Y me fijo en lo que han dicho actores de dos países en los que la democracia está arraigada, pero que en algún momento de su historia ha sufrido serias amenazas: Estados Unidos (dichos de algunos Padres Fundadores) y Alemania (lema de Fredrich Ebert). 

Tratándose de lo que pensaban los padres fundadores de los Estados Unidos, especialmente Thomas Jefferson, en un artículo de Javier Bilbao Arteta titulado La democracia según Thomas Jefferson, publicado por en el magazín cultural Jot Down (diciembre, 2013), se puede leer: “Pero si la soberanía pasaba a recaer en el pueblo, la mejor manera de que la administrara con buen juicio estaba en que ese pueblo fuera ilustrado… Pero, más importante aún que la educación universitaria para unos pocos creía fundamental la educación primaria y secundaria para todos ‘porque es más seguro tener a todo un pueblo respetablemente ilustrado que a unos pocos en un elevado nivel científico y a muchos en la ignorancia’… Consideraba que todo el mundo debía tener acceso a la educación, por pobre que fuera, para que el país se conformase como una aristocracia basada en el talento y no en la herencia, por lo que se mostró siempre como un ferviente defensor de la educación pública”. 

Por su parte y en el mismo artículo, dice que Madison “entendía la libertad de expresión como libertad para discrepar de la opinión dominante. Jefferson, por su parte… atribuía a la prensa un papel muy importante en el sostenimiento la democracia, pues a partir de información errónea difícilmente podrá la ciudadanía tomar decisiones correctas[3].

En definitiva, estos padres Fundadores de los Estados Unidos de América, y tratándose del arraigo de la democracia liberal en una sociedad, basada en la soberanía del pueblo, los miembros de dicha sociedad debían tener un buen nivel de formación y tener acceso a información ponderada y veraz.

En el artículo, Bilbao Arteta recoge la preocupación que entonces (año 1776) tenían los Padres Fundadores mencionados y el peligro que para la democracia suponía la difusión de noticias falsa o manipuladas. Cerca de 250 años después, y con el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación, se está viendo el peligro que para la democracia liberal está suponiendo los defectos en las políticas de educación y la facilidad de una profusa difusión de bulos como forma de hacer política. En efecto, se puede encontrar a lo largo de la historia que la elección de determinados dirigentes se ha debido, por un lado, a que un número importante de electores no han tenido el suficiente tino para procesar adecuadamente las informaciones sobre los líderes y la situación política y, por otro, por haber en el escenario responsables políticos sin la suficiente responsabilidad y tolerancia para abordar los debates políticos con serenidad. Todo lo contrario, líderes que se valen de la creación y la difusión de bulos y montajes diversos para acceder al poder a cualquier precio. Ahí están los casos del trumpismo en Estados Unidos, replicado en Brasil, y que está teniendo sus manifestaciones en Europa, con el auge de partidos extremistas, sobre todo de la extrema derecha y extremos nacionalistas.

Siendo así que los defectos de formación y la difusión de los bulos pone la democracia en peligro en países como Estados Unidos, España, Reino Unido, etcétera, es fácil deducir que la instauración de la democracia en países con sistemas educativos e institucionales mucho más débiles (como Guinea Ecuatorial), y con unos ciudadanos más propensos a creerse todo tipo de bulos sea, cuando menos, muy complicada. Pues las presiones que puedan ejercer los partidos políticos no podrían surtir el efecto deseado si no hay un pueblo con un adecuado criterio de las cosas y un mínimo de saber estar respetuoso en la sociedad.

La forma en que los guineanos interactúan en la sociedad me hace ver que somos personas a las que cada vez se las nota con una gran falta de principios y valores. Y se me hace difícil concebir que pueda haber democracia sin ciudadanos con principios y valores. Pongamos unos ejemplos sencillos de formas de interactuar de los guineanos en la sociedad. 

Desde hace varios años, aquí en Guinea Ecuatorial se adoptó el sistema de que todos los funcionarios tuvieran cuentas bancarias, en las que se les ingresa sus salarios. Resulta que cada fin de mes los funcionarios acuden en masa a las sucursales de los bancos para cobrar. Y como los bancos no tiene un sistema de dar números para atender por orden de llegada dichos funcionarios no saben, ellos mismos, establecer y respetar los turnos de llegada y cada uno quiere ser el primero en ser atendido, aun cuando haya llegado el último, armándose barrullos vergonzosos en dichos establecimientos. Y esto pasa en cualquier sitio donde se tiene que atender por orden de llegada y no hay una maquinilla desde donde se coge un número de turno. Y esto es generalizado. Este mínimo de respeto de que el otro ha llegado antes y debe ser atendido antes denota una actitud de egoísmo y de falta de respeto en la interactuación del ciudadano en la sociedad, absolutamente incompatible con ciudadanos en los que pueda asentarse una democracia.

El otro tema es que aquí se ha establecido la expresión hora de Guinea para hacer entender que el guineano nunca respeta la hora a la que se ha citado con alguien, o a la que ha sido convocado (o la que ha convocado). Y no llega con un retraso de cinco minutos, sino de media hora y más. Además, al llegar con tal retraso ni siquiera pide perdón. Es otra actitud que denota una falta de respeto a los demás, incompatible con un ciudadano que tenga una idea de lo que es una democracia.

El uso de teléfonos móviles ha sacado a la luz otro hábito muy irresponsable de los ciudadanos, y por tanto carentes de valores sociales importantes para una sociedad democrática. No es que no sea raro, sino que lo habitual de los guineanos cuando responden al teléfono y su interlocutor quiere conocer dónde está casi siempre le miente en su respuesta, diciendo un sitio diferente: estando en Móstoles (Moganda, un barrio de Bata) puede decir perfectamente que está en Alcalá (Bindung, un pueblo a 16 kilómetros de Bata) o que incluso está en Toledo (Niefang, una ciudad a 50 kilómetros de Bata). Es decir, mienten habitualmente a sus interlocutores sobre su localización, lo que es perfectamente extrapolable a otras situaciones. Así mismo, los guineanos, sobre un hecho o un acontecimiento, tienden a creer al que lo cuenta de oídas (generalmente más deformado y sensacionalista) antes que al testigo presencial. Cuando el guineano discute con otro sobre cualquier tema no argumenta; y aun cuando se le demuestre con argumentos irrefutables de que está equivocado casi nunca se aviene a la razón; con esta actitud, se deduce que no es fácil que el guineano reconozca sus errores. Le resulta al guineano difícil reconocer los valores y los conocimientos del otro y respetarlo por eso es habitual en Guinea que un enfermero pretenda saber de medicina más que un médico.

Los guineanos están obsesionados por tener dinero, y conseguirlo lo más fácilmente posible. Esto hace que se metan en todas las marrullería y corruptelas posibles y que se admire a los que hacen ostentación de dinero y riquezas, aún a sabiendas que los obtienen por métodos ilegales e incluso criminales. Un corolario de esta actitud es que muchas personas que en otros países deberían estar en las cárceles no sólo están libres, sino que son admirados por la sociedad y algunos incluso se postulan para ocupar cargos en las instituciones que deberían ser para gente honorable. El otro corolario es que otros muchos quieren imitarles para conseguir también tener y hacer ostentación de dinero y riquezas, evidentemente incluyendo la realización de actos ilícitos para conseguirlo. Este deseo de tener dinero y una vida fácil sin esfuerzo hace que muchos quieran meterse a trabajar en la administración y en las fuerzas armadas, lo que aprovecha el régimen para tenerlos subyugados. Al no contar el mérito para alcanzar una buena posición es fácil deducir que los guineanos valoran muy poco los estudios. 

Hablando de comportamiento genuinamente democráticos hay que señalar que los guineanos practican mucho la discriminación; recurren a la intimidación y agresión para someter al que no tiene poder o al inferior; defienden habitualmente la práctica de la tortura ya para sacar confesiones ya para escarmiento.

En Guinea es casi imposible que dos o más personas se organicen para resolver problemas elementales que les afectan; como, por ejemplo, organizar, en las aldeas, la limpieza del sendero que los lleva a las fincas. Y si esto pasa para algo tan sencillo como lo que hemos señalado se entiende que cuando dos guineanos se asocian para emprender alguna actividad (lucrativa, pues, aunque la definan como no lucrativa, los guineanos, por lo que hemos dicho del amor al dinero, siempre pretenden sacar lucro de cualquier actividad), cada uno quiere engañar al otro y llevarse la mayor tajada o incluso apropiarse de todo. Y la democracia es aunar esfuerzos para resolver los problemas que atañen a todos, para crear y mantener el bien común. 

La mayoría de los guineanos, cuando encuentran dificultades para su desenvolvimiento personal, o cuando han caído en desgracia, en lugar de pensar en lo que pueden hacer cada uno personalmente o en grupo para resolver sus problemas siempre manifiestan su esperanza en que Dios les va a solucionar los problemas. La fe en Dios como solucionador de los problemas desmoviliza mucho y una ciudadanía desmovilizada es incompatible con la democracia. De hecho, en el mismo artículo dice que Jefferson defendía que la educación laica.

Todo esto explica la predisposición de los guineanos a seguir al PDGE (Partido Democrático de Guinea Ecuatorial, el partido de Obiang), para recoger las migajitas (aunque sean humillantes y se den cada mucho tiempo). También explica la predisposición a seguir a cualquier otro dirigente de un grupo o partido político que les prometa facilidades y cargos.

Entre los ciudadanos y los dirigentes de los partidos políticos (que aspiran al poder), hay otros intermediarios como pueden ser los empleados de la administración pública, cuya actitud y comportamiento son también importantes para el funcionamiento de un estado. Y puesto que buena parte de ellos ha accedido al puesto de trabajo por favoritismo y no por méritos la grandísima mayoría está convencida de que se lo debe al PDGE y a su gobierno y no a sus méritos. Evidentemente, como el gobierno actúa con este mismo sectarismo, los mantiene siempre en la precariedad de poderlos destituir en cualquier momento. Si a esto unimos la tendencia al mínimo esfuerzo que hemos dicho arriba tenemos a un cuerpo funcionarial que es difícil que pueda ser el soporte de una administración democrática. Y tanto los funcionarios como cualquier otro empleado guineano de cualquier empresa lo primero que piensa es cómo idear un sistema (fraudulento, por supuesto) para conseguir un plus de su salario o, si es posible, desviar importantes cantidades de dinero para su beneficio personal. Así tenemos funcionarios que extorsionan todos los días a los administrados, cobrándoles adicionalmente, a escondidas o incluso públicamente, por un trabajo por el que se les paga; que cobran por redactar un documento, incluso por poner el sello en un documento. Maestros que venden notas, jueces que venden sentencias.

En esta línea intermedia sitúo a los que podemos denominar comunicadores, en los que englobo a los medios de comunicación (radio, televisión, revistas, periódicos) de dentro de Guinea Ecuatorial y del exilio, los que utilizan los soportes tradicionales y los que se difunden on line, así como los que, utilizando estos medios se dedican a lanzar mensajes habitualmente (en forma de audios y vídeos) sobre la situación política. 

Que los medios de comunicación del interior de Guinea Ecuatorial, tanto los públicos, como los nominalmente privados se dediquen a hacer propaganda y a alabar todo lo que hace el régimen, a desinformar a la población, a lanzar bulos contra los que no comulgan con la línea del PDGE, ni es extraño ni es una novedad. En cuanto a los medios de comunicación del exilio y activistas que participan en las diferentes medios y redes sociales (con vídeos, mensajes de audio, así como radios y televisiones), publican mensajes denunciando los atropellos del régimen y, evidentemente, es de alabar. Pero en la actividad de estos medios se echa en falta debates serenos sobre temas que deban interesar a la lucha por la democratización de Guinea Ecuatorial. En cambio se difunden con profusión bulos, insultos, descalificaciones, sectarismo. En definitiva, no contribuyen a proporcionar información ponderada a los ciudadanos, ni reflexiones didácticas sobre la democracia. Unos comunicadores así no pueden contribuir al establecimiento de la democracia en Guinea Ecuatorial. Y no se puede decir que estén luchando por la democratización de Guinea Ecuatorial.

Y llegamos a los partidos políticos y sus dirigentes. Las constituciones de los países democráticos exigen a los partidos políticos concurrentes la necesidad de que ellos mismos tengan un funcionamiento interno democrático. Para analizar a los partidos políticos guineanos recurro a las ideas y legado de Fredrich Ebert[4] . Para Fredrich Ebert “no puede haber democracia sin demócratas”. Eso parece una obviedad. Pero cuando se mira el panorama, se ve que no lo es tanto, que no es tan fácil ser demócrata, por cuanto que muchos de los que dicen luchar por la democracia sólo utilizan la democracia y se aprovechan de la tolerancia democrática para alcanzar el poder (dime de qué presumes y te diré de qué careces). Con esta idea de que no puede haber democracia sin demócratas y con la experiencia de que muchos antidemócratas se aprovechan precisamente de la democracia para torpedearla, Friedrich Ebert dejó en su testamento que se creara una Fundación para la formación de jóvenes proletarios. Después de muchos avatares dicha fundación fue reestructurada para ser aún más fiel a la idea de Friedrich Ebert y dedicarse al “avance de la educación democrática”. 

Desde esta óptica de que no puede haber democracia sin demócratas, vamos a ver cuán demócratas son los responsables de los grupos políticos y otros actores de la oposición guineo-ecuatoriana. Pues podría pasar que aun cuando el pueblo no tuviera estos mínimos que deberían tener unos ciudadanos de un estado democrático, y como la democracia es un proceso de aprendizaje, que ha de partir de ciertos postulados y convicciones básicas de respeto a ciertos valores, procedimientos y sobre todo el respeto de las decisiones colectivamente adoptadas por el voto mayoritario de los componentes del grupo, si los dirigentes y los grupos y partidos políticos, que están ahora en la oposición, actuaran y funcionaran con un claro celo democrático, podrían influir en el resto de la sociedad, conseguir que se pudiera instaurar la democracia en las instituciones cuando se pueda presentar la oportunidad y, a medio plazo y en su interacción con la ciudadanía, conseguir también que los ciudadanos experimenten cambios en sus actitudes y pudieran sostener mejor  un sistema democrático. 

La primera[5]  observación a hacer es que muy pocos guineanos de los que dirigen los grupos y partidos políticos, desde los que lucharon por la independencia hasta los de ahora, han tenido la experiencia de haberse desenvuelto, en toda su existencia (desde el día de su nacimiento hasta hoy), en un país con instituciones democráticas. Nacieron en la España (Guinea) franquista. Muchos se desenvolvieron en la Guinea maciísta; otros se fueron a los países de la órbita soviética. Otros a la España franquista. Algunos pocos a Estados Unidos. Éstos y los que vivieron la transición española son los que más tiempo se han desenvuelto en un país democrático. Pero cuando esto ocurre, ya tienen el ADN autoritario franquista en su sangre sociopolítica. Y habría que ser muy abierto y tener una gran capacidad de aprendizaje (cosa muy rara en la mayoría de los guineanos) para adquirir formas de comportamiento democráticas.

Cuando se observa detenidamente la vida política española (tendencia a estigmatizar a los políticos, un no muy alto sentido de servicio público de éstos, inclinación a utilizar de la política para beneficio personal, la intolerancia y un debate político no suficientemente sereno, etcétera), uno no puede evitar ver en estos comportamientos un poso de hacer franquista en la cosa pública y que impregna a toda la clase política española hasta hoy y sigue dificultando una convivencia democrática en España (incluso poniendo en riesgo a la democracia española). 

Siendo esto así en la clase política española se explica que de entre los guineanos que dirigen los partidos políticos sea mucho más difícil encontrar gente con talante genuinamente democrático.

Para que se pueda decir que un partido político tiene un funcionamiento democrático debe estar democráticamente organizado según unos estatutos, con una definición clara de sus órganos y las competencias de los mismos, que celebren reuniones como y cuando establecen los estatutos, que las decisiones se adopten por las mayorías establecidas en dichos estatutos y que se respeten, que pueda haber alternancia en la dirección, etcétera. En el caso de Guinea Ecuatorial, los partidos políticos deberían emitir discursos en el sentido de dicho funcionamiento democrático y de animar a una participación activa de los militantes en el esfuerzo de construir la democracia y no emitir mensajes mesiánicos. 

Voy a examinar el comportamiento de los actores políticos fijándonos en cosas sencillas, como hemos hecho con el común de los ciudadanos. Y vamos a circunscribir el análisis en unos pocos partidos: ANRD, PP, UP, CI, Un Elefante en la Habitación y Un Entre Dos Fuegos en la Habitación.

Alianza Nacional para la Restauración Democrática (ANRD). Un partido histórico. Luchó contra el régimen de Macías y contribuyó a la denuncia de las atrocidades que el régimen de Macías cometió contra la población guineana. Después de la caída del régimen de Macías, su influencia se fue reduciendo paulatinamente, hasta ser el partido que es hoy. En efecto, a la caída de Macías, muchos cuadros importantes del partido se apresuraron a venir a Guinea y contribuyeron a la construcción de la dictadura que tenemos hoy. Todo esto sin que hubiera noticias de que hubieran organizado un congreso o algo parecido para establecer una postura oficial, que debiera ser adoptado por sus cuadros. Que es lo que debían haber hecho si su lucha fuera por la democracia. Ahora no parece que tenga la fuerza que se le notaba en el año 1979. Y, desde mi punto de vista, su debilitamiento se debería, por un lado, a esta falta de fidelidad de muchos de sus dirigentes (que se alinearon rápidamente con Obiang: luchaban contra Macías y no por la democracia), y por otro, posiblemente a que en momentos claves de la lucha, no hayan funcionado de manera genuinamente democrática.

Partido del Progreso D. C. (PP). No hace falta mencionar algunos problemas de personalismo que ha habido en las plataformas en las que ha participado el PP, ni el paso de muchos de sus dirigentes, de Guinea y del exilio, al PDGE, para ver que su funcionamiento no ha sido muy democrático. Basta fijarnos en su actual propia crisis interna. Es de hace unos tres años, cuando se produjo la dimisión irrevocable de su presidente (Severo Matías Moto Nsa) y la posterior autorrevocación de dicha dimisión, lo que ha dado lugar a dos partidos del progreso cada uno con un presidente (el otro es Armengol Engonga, el que pasó a dirigir el partido después de la demisión de Severo) que reclama su legitimidad. Dirigentes que en el interior de su propio partido tienen esta falta de tolerancia, de respeto a las normas y a las decisiones, no pueden reclamarse demócratas, y en consecuencia su lucha no se puede decir que sea por la democratización de Guinea Ecuatorial.

Unión Popular (UP). En UP se produjo una escisión cuando tres de sus dirigentes se alinearon al PDGE: se trata de Alfredo Mitogo Mitogo Ayecaba (actual ministro de Trabajo); Avelino Mocache Mehenga (actual presidente de UCD, Unión de Centro Derecha) y Genoveva Nchama Nguema actualmente en el exilio. Daniel Darío Martínez Ayecaca era entonces el presidente y se quedó liderando la facción legítima. Ellos mismos saben lo que pasó. Pero la situación actual es que después de Daniel Darió Martínez Ayecaba hay dos personas que se reclamen presidentes legítimos de UP: Celestino Okenve Ndohó y Faustino Ondo Ebang. Como en el PP, si cada uno interpreta las normas del partido a su manera y no reconoce al otro, y no pueden habilitar mecanismos para resolver las disensiones internas y evitar la bicefalia (tricefalia), esto es una clara actitud de personas que no tiene el necesario talante democrático. Cuando se le escucha a uno hablando del otro, es para descalificarle cuando no insultarle. En consecuencia, su lucha es por el poder y no por la democratización de Guinea. 

Ciudadanos por la Innovación (CI). Pongo por delante que siento lo que les está pasando al líder y a los dirigentes y militantes de CI. Aquí estamos analizando su carácter democrático. El líder de CI se formó en las juventudes hormiga de la época de Macías y se curtió en el régimen de Obiang, en el que después de regresar de la Academia de Zaragoza a finales de los años 80 del siglo pasado se le dio el grado de teniente y que ascendió hasta teniente coronel. En la reseña sobre él en Wikipedia se puede leer “cercano a Obiang, se le confiaron labores de represión contra opositores al régimen”. Estos no son precisamente ni la formación ni las credenciales de un demócrata. La forma de dirigir el partido, nombrando y destituyendo a su antojo, sin que se note que hayan celebrado un Congreso o alguna reunión de un órgano que se le parezca, el discurso de promesas de cargos a sus dirigentes y militantes, sus aires mesiánicos y su carácter autosuficiente, tampoco forman parte del bagaje de comportamiento de un demócrata. A un antiguo dirigente de CI exiliado en Estados Unidos se le ocurrió recomendar a sus militantes que votaran a CPDS (Convergencia Para la Democracia Social) en las elecciones que acaban de celebrarse en Guinea Ecuatorial. Pero uno que parece ser familiar de Gabriel lanzó un furibundo audio, con todo tipo de insultos y amenazas tanto contra el dirigente que hizo esta petición como contra los miembros de CPDS, a los que atribuyó ser los responsables de la caída en desgracia de CI. Que un familiar del líder se crea con más poder en un partido que los ejecutivos del mismo, lanzar amenazas e insultos y atribuir a otro partido cosas que se derivan de la propia actuación de los militantes de CI, no es nada democrático y CI no puede ser calificado como un partido que lucha por la democratización de Guinea.

Un Elefante en la Habitación. Hay varios elefantes en la habitación política de Guinea Ecuatorial. Aquí me voy a referir a un par de partidos políticos (uno creado en Guinea Ecuatorial hace cerca de 30 años, Fuerza Demócrata Republicana (FDR), y otro creado en el exilio a raíz de los acontecimientos de diciembre del 2017, Movimiento Para la Liberación de Guinea Ecuatorial Tercera República (MLGE3R). Su existencia en el escenario político sólo se explica por la idea de que, al ser los de Mongomo los que copan el poder desde la independencia, y también teniendo en cuenta el recelo que pueden haber provocado en los originarios de otros distritos el hecho de que hayan disfrutado de casi todas las prebendas del poder en detrimento de los oriundos de otros distritos, éstos originarios de Mongomo (mas del 50 % de mandos y oficiales de los cuerpos armados, más del 40 % de los miembros del gobierno, y más del 60 % de otros puestos en la administración y en otros puestos claves), no aceptarían en el poder a un originario de otro distrito. Dichos partidos surgen con esta idea de situarse para, si el poder saliera de la familia de Obiang, compartir mejor el poder con los originarios de otros distritos, pero seguir manteniendo el núcleo y el mayor provecho del mismo en manos de los de Mongomo. Evidentemente, los que tienen grupos políticos con este tipo de ideas no pueden decir que luchan por la democratización de Guinea Ecuatorial. Muchos dirigentes y activistas políticos guineanos, además de lo señalado, se arrogan el derecho de dar órdenes, dirigir y decidir la línea de actuación de formaciones a las que no pertenecen. Y cuando no logran que se les haga caso, proceden a todo tipo de insultos, descalificaciones, acusaciones injuriosas, incluido amenazas de muerte contra los partidos o personas señalado. 

Un Entre Dos Fuegos en la Habitación. Hay un grupo en el escenario político de Guinea Ecuatorial que viendo cómo está tratado por unos (PDGE) y otros (principalmente los partidos políticos del exilio), que puede decirse que está entre dos fuegos. Pero parecería que es el que ha realizado algunos actos en una línea de actuación democrática: ha celebrado Congresos, ha tenido alternancia no traumática en su máxima dirección y otros actos. Por lo que podría decirse que tiene un mínimo de cultura democrática. Este partido es Convergencia Para la Democracia Social (CPDS). Pero hay tres hechos que hacen que sea difícil su andadura democrática: el primero es que está formado por guineanos, con los mismos comportamientos incívicos que hemos señalado; el segundo es que sus dirigentes también tendrían los defectos comunes a todos los que se han desenvuelto en los ambientes autoritarios. Y el tercer hecho es que intenta desenvolverse entre dos fuegos, el del PDGE (Partido Democrático de Guinea Ecuatorial) y el de los otros partidos de la oposición, principalmente los del exilio. Todo lo cual hace que el esfuerzo para que termine de consolidarse como grupo genuinamente democrático no den resultados suficientemente perceptibles.

Con el panorama descrito vemos que los que se dicen Opositores a Obiang, sólo utilizan el mantra de lucha por la democratización de Guinea Ecuatorial, cuando lo que realmente hacen es luchar por el poder. Si hubieran luchado por la democratización de Guinea, habrían tenido comportamientos diferentes a los que hemos señalado, y probablemente habrían aprovechado las oportunidades que ha habido para el establecimiento de un sistema democrático en Guinea Ecuatorial.


Notas:

[1] Winston Churchill (primer ministro del Reino Unido de 1940 a 1945, durante la Segunda Guerra Mundial, y nuevamente de 1951 a 1955), en su discurso ante la Cámara de los Comunes, el 11 de noviembre de 1947.
[2] “Cada pueblo tiene el Gobierno que se merece”, es un enunciado que hemos escuchado con cierta frecuencia, y quizás no nos hemos puesto a pensar el profundo significado que encierra. Primeramente, dicha frase se le atribuye a Joseph de Maistre (1753-1821). De manera similar existe la frase “No es que la gente tenga el Gobierno que se merece, sino que tienen a los gobernantes que se le parecen” por André Malraux (1901-1976); por su parte, para José Martí (1853-1895) se convierte en: “Pueblo que soporta a un tirano, se lo merece”.
[3] ‘La democracia según Thomas Jefferson’. Jot Down Cultural Magazine: https://www.jotdown.es/2013/la-democracia-segun-thomas-jefferson.
[4] Friedrich Ebert fue un político socialdemócrata alemán, dirigente del Partido Socialdemócrata y primer presidente de la República de Weimar. Es una de las principales figuras políticas de la historia alemana durante el hasta el punto hasta el punto de ser considerado por algunos historiadores como “el padre de la democracia alemana”, ya que durante su gestión impulsó políticas públicas y legales que democratizaron el Estado Alemán como lo conocemos hoy en día.
[5] Maciísta, de Macías, Francisco Macías Nguema, primer presidente de Guinea Ecuatorial, que instauró una férrea y sanguinaria dictadura desde el año del acceso del país a la Independencia (1968) hasta su derrocamiento en el año 1979 por su sobrino y colaborador (ministro de Defensa) Teodoro Obiang Nguema Mbansogo, que desde entonces ocupa el poder.

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