Una nota bochornosa. Francisco Elá Abeme

Aparte de la mala y tendenciosa redacción –al jefe de la oposición de Tchad se le trata de señor (que lo es), mientras a don Andrés se le apea del usted–, el fondo y la forma, sin que tenga que ser una joya literaria, abochorna.

De entrada, el régimen, en una nota que rezuma odio, rencor e ignorancia supina, viene ya a decir que lo de defender, proteger y amparar a un ciudadano detenido en un país extranjero, con independencia de los motivos, no va con él. Es decir, que el bueno de Andrés no espere la visita de su cónsul para interesarse por su situación. Más bien la debe temer, no sea que se sume a los “interrogadores”.

Nadie le ha dicho, en cincuenta años de luctuosa historia, a esta inmunda tiranía que las ropas sucias se lavan en casa. Que la vida, la dignidad y la seguridad de don Andrés están por encima de cualquier contingencia que pueda aconsejar su detención.

Todo lo que vendrá ahora, por mucho que lo quiera justificar con soflamas como esta nota, no hará más que sumar un escándalo a los ya numerosos que adornan la corona de una dinastía canibalesca.
¡Cuántos golpes! La obsesión por ser invencible. Aquí el único “golpe” predestinado a triunfar era el mío. Los demás, todos, serán abortados, porque no hay quien pueda con mi inteligencia… Y burla, burlando.
Un mínimo de dignidad le hubiera llevado a Obiang a cuidar que don Andrés recupere, primero, su libertad y que regrese a la patria sano y salvo. Tiempo habrá, si fuera preciso, de preguntarle por su viaje a Tchad.
Lo que es absolutamente vil es que, desde el poder, cualquiera que fuera la razón, se justifique la detención hasta el grotesco aplauso. Esto, no lo hace un estado serio. Porque abochorna y demuestra que no se tiene la más repajolera idea de lo que es dirigir un país.
Pero, de qué estoy hablando… ¡Con estos bueyes tenemos que arar!
Y, con esto, por hoy,

¡He dicho!