Un nuevo oleoducto de 1.443 kilómetros de Uganda a Tanzania: África defiende su derecho a contaminar. El País

Una chimpancé carga con su cría y cruza por delante de la cámara trampa en el bosque tropical de Itoya, en Uganda, el 14 de octubre.PABLO GARRIGÓS CUCARELLA

El proyecto EACOP, a contracorriente de la lucha climática, está liderado por la petrolera francesa Total y atraviesa 12 reservas forestales. Criticado por grupos conservacionistas, los países implicados lo reividican para aprovechar sus recursos

SORAYA AYBAR /LAAFOU  DAVID SOLER /CRESPO  PABLO GARRIGÓS. Hoima (Uganda) / Tanga (Tanzania)

Hilary Aligumisiriza rastrea con mimo y paciencia a los más de 60 chimpancés que viven en la frondosidad del bosque de Itohya, al oeste de Uganda. A 1.443 kilómetros de distancia, Humphrey Mahudi desamarra la barca para monitorizar la salud de la barrera de coral y los manglares en las inmediaciones del Parque Marino de Tanga, en la costa de Tanzania.

Ambos conservacionistas comparten ahora un reto mayúsculo. El Oleoducto de Petróleo Crudo de África Oriental, conocido como EACOP por sus siglas en inglés, un proyecto en construcción para transportar cada día 216.000 barriles de crudo desde el oeste de Uganda hasta la salida al océano Índico en Tanzania, pasando por 12 reservas forestales, bordeando el lago Victoria, el más grande de África, y afectando hasta 2.000 kilómetros de hábitats protegidos.

Uganda descubrió petróleo por primera vez en 2006 a orillas del lago Alberto. Al sur de este país africano, la petrolera Corporación Nacional de Petróleo Marino de China (CNOOC) controla los pozos de Kingfisher que guardan el 17% del crudo y, al norte, la francesa Total Energies lidera las extracciones en Tilenga, dentro del Área de Conservación de Murchison Falls donde se encuentran el 83% restante. Una década después, las petroleras acordaron con los gobiernos de Uganda y Tanzania construir el oleoducto calentado más largo del mundo para encontrar una salida al mar (se denomina así porque transportaría un crudo viscoso que debe calentarse a 50ºC como mínimo para poder fluir por la tubería). El proyecto lo lidera con un 62% de las acciones la petrolera francesa Total Energies, junto a la china CNOOC (con un 8%) y las petroleras de cada país africano (con un 15%).

Aunque la finalización de la nueva infraestructura estaba prevista para 2022, las dificultades para encontrar financiación y la pandemia de covid-19 frenaron todo. Hoy no hay ni un kilómetro construido del oleoducto, pero ya han comenzado las obras de carreteras y pozos en el oeste de Uganda y los promotores del EACOP esperan que esté en funcionamiento para poder exportar los primeros barriles a partir de 2025.

Varios obreros trabajan bajo órdenes de un capataz asiático en la ampliación del puerto de Tanga para poder atender a los futuros barcos petroleros que vendrán a cargar crudo para exportarlo, el pasado 14 de septiembre.PABLO GARRIGÓS CUCARELLA (© PABLO GARRIGÓS CUCARELLA)

Desde hace 11 años, Aligumisiriza lidera el equipo de Chimpanzee Trust en el oeste de Uganda. Cuando la organización comenzó a trabajar en el entorno de la reserva forestal de Bugoma en 2006 había unos 600 chimpancés, pero la llegada de la agricultura comercial como la caña de azúcar ha reducido el bosque y su número ha bajado a 390.

“Las actividades humanas y la expansión de la población ha provocado que ya haya comunidades de chimpancés aisladas”, asegura Joshua Rukundo, veterinario de oficio y director ejecutivo de Chimpanzee Trust. “Hay parches de bosque muy pequeños de tan solo 10 hectáreas”, añade.

La construcción del oleoducto en la cara norte de Bugoma amenaza con cortar el corredor natural con las pequeñas reservas de Wambabya e Itohya, por el que las chimpancés cruzan de un lugar a otro para reproducirse. “Los corredores se verán afectados por el proyecto”, asegura Rukundo, que incide en que el oleoducto pasará entre los bosques de Bugoma y Wambabya, una zona en la que la propia petrolera francesa admite en su estudio de impacto medioambiental que viven chimpancés con “alta sensibilidad al cambio”.

A orillas del océano Índico, el patrón se repite. Mahudi trabaja desde 2006 en el monitoreo y la supervisión de los manglares y la barrera de coral del Parque Marino Celacanto de Tanga. La zona, que se extiende a lo largo de 100 kilómetros de costa, incluye islas como la de Yambe, y es hogar de especies en peligro de extinción como las tortugas marinas, el dugongo o el celacanto, uno de los peces más antiguos del mundo. “El proyecto de EACOP es un reto para nuestro trabajo. Algunas de las islas en las que trabajamos están demasiado cerca del futuro puerto para la exportación del petróleo en Chongoleani”, apunta Catherine Msina, responsable del parque marino.

En las inmediaciones del futuro puerto, Mahudi monitorea los corales y los manglares. Con un hilo de rafia, delimita los árboles del mar, mide el ancho de sus tallos y observa el aspecto de sus hojas. “La mayoría de los manglares están muriendo, por eso es vital que los controlemos”, alerta. Después, cargado con una bombona a sus espaldas y una cuerda de 40 metros de largo, el conservacionista se sumerge en el fondo de la costa del océano Índico y evalúa el pulmón de la vida bajo el mar. “En esta zona está el coral más susceptible al blanqueamiento, el Acropora palmata”, añade, mientras anota en su libreta los resultados de lo encontrado. “Si aumenta la temperatura del mar, desaparecerá con facilidad”, añade.

Tres jirafas Rothschild caminan por el Parque Nacional Murchison Falls, donde se construirán 31 áreas de perforación y varias docenas de pozos petroleros. Murchison Falls, en Uganda, es el único lugar del mundo donde esta especie de jirafa ha sobrevivido sin ser reintroducida por conservacionistas.PABLO GARRIGÓS CUCARELLA (© PABLO GARRIGÓS CUCARELLA)

Un estudio liderado por investigadores del Centro de Investigación y Desarrollo de Océanos Costeros del Océano Índico (CORDIO, por sus siglas en inglés) señaló que los corales de la costa este africana están en riesgo de colapso en un periodo de 50 años, pero el canal de Pemba en Tanga es uno de los más sanos hasta ahora. “Es uno de los pocos lugares del mundo que parece un refugio del cambio climático”, asegura Johnson Mshana, coordinador de proyectos en la región de la Sociedad de Conservación de la Fauna (WCS, por sus siglas en inglés). Sin embargo, el oleoducto supone un problema. “La mayor preocupación es un derrame, que sería catastrófico, pero el tráfico marítimo ya afectará de por sí a los corales por la pintura y los combustibles tóxicos”, asegura el director de CORDIO, David Obura.

El derecho a desarrollar su energía

En septiembre, el Parlamento Europeo aprobó una resolución condenando el proyecto por su impacto medioambiental y de derechos humanos, pidiendo a la empresa francesa Total Energies que, al menos, esperase un año antes de comenzar el proyecto. “Algunos de estos diputados de la UE son insufribles y están tan equivocados que creen saberlo todo, pero deberían calmarse. Este es el campo de batalla equivocado para ellos”, contestó a Bruselas dos semanas después el presidente de Uganda, Yoweri Museveni.

En Uganda, la resolución europea generó rechazo al considerarse como un posible freno a su bienestar: “Total Energies va a invertir en Qatar también y nadie critica eso, ¿por qué a nosotros?”, asegura desde Kampala Rahma Nantongo, presidenta de la Sociedad de Geología y Petróleo de la Universidad de Makerere. “Estáis en una crisis energética por el cierre de Nord Stream y venís a un país en desarrollo a decirnos que paremos algo que nos puede beneficiar”, añade.

“Estáis en una crisis energética por el cierre de Nord Stream y venís a un país en desarrollo a decirnos que paremos algo que nos puede beneficiar”, asegura Rahma Nantongo, presidenta de la Sociedad de Geología y Petróleo de la Universidad de Makerere

En el informe oficial de impacto medioambiental, Total Energies calcula un máximo de 18.000 toneladas de CO₂ al año, pero solo contabiliza las emisiones directas del oleoducto principal y en Uganda, que supone solo un 20% de la obra. La Comisión Holandesa de Evaluación Medioambiental critica que la petrolera francesa no especifique las extracciones de petróleo en su proyecto de Tilenga y la ONG estadounidense Desarrollo Inclusivo Internacional calcula que el proyecto emitirá en total 34 millones de toneladas de dióxido de carbono al año contando la extracción y transporte, más del doble de las emisiones conjuntas de Uganda y Tanzania.

Históricamente, el continente africano es el que menos ha contribuido al cambio climático, con un 3% de las emisiones globales, pero si se reduce a los 48 países al sur del Sáhara la cifra baja al 0,55% en comparación con un 22% de los países de la UE. “Tienes que ponerte en la situación de un ugandés medio: no hay luz, no hay televisión, cocinamos con leña, así que debemos desarrollarnos poco a poco con lo que hay. Necesitamos un punto de partida”, asegura Nantongo. Entre Uganda y Tanzania hay más de 50 millones de personas sin acceso a la red eléctrica y ambos países no llegan a cubrir las necesidades energéticas de la mitad de su población.

El impacto económico, ¿para quién?

El Gobierno de Uganda tiene previsto construir una refinería en Kabaale con capacidad para 60.000 barriles al día, casi una tercera parte del petróleo transportado, así como un oleoducto paralelo de 211 kilómetros para transportarlo a Kampala, la capital. Sin embargo, en Tanzania no hay previsión de que pueda refinar parte del crudo, que será exportado directamente. “Para nosotros el petróleo es puramente un negocio”, asegura Devotha Cassian, directora de la organización tanzana Coalición del Norte para las Industrias extractivas y el Medio Ambiente. “Gravaremos cada barril de petróleo. El Gobierno debería tener la responsabilidad de utilizar los impuestos para construir colegios, carreteras y centros sanitarios”, añade Cassian. Sin embargo, ambos países acordaron concesiones tributarias a las petroleras, eliminando el impuesto a empresas extranjeras durante 10 años y el IVA a las exportaciones.

El mayor beneficio vendrá de las participaciones de Uganda y Tanzania en EACOP a través de sus petroleras nacionales. El 15% de cada una supondría un ingreso de tres millones de dólares diarios al precio actual del crudo de Brent, pero la volatilidad del mercado, que hace tan solo dos años llegó a 18 dólares con la pandemia de covid-19, provoca dudas sobre cuánto dinero se quedará en ambos países.

El impacto económico también se espera en forma de empleo para la población local. Total Energies calcula que los proyectos de petróleo crearán casi 12.000 puestos de trabajo directos y 50.000 indirectos. Sin embargo, las personas afectadas por el trayecto del oleoducto reclaman que los trabajos en el sector no son aptos para ellos. La falta de educación dificulta el acceso de la población local a trabajos cualificados en la industria y los requerimientos de titulaciones traban su contratación para labores mecánicas. “En Chongoleani han entrevistado a 16 personas para ser camioneros en la construcción del puerto, pero les piden un carnet de conducir que no tienen”, añade Cassian.

Una mujer de Tanga espera a la llegada de los barcos pesqueros para descargar la mercancía y trasladarla a la lonja en Tanzania el pasado septiembre, donde más tarde será vendido a compradores locales. El sector pesquero es uno de los más importantes en esta región.PABLO GARRIGÓS CUCARELLA

A pesar del riesgo para sus trabajos, los conservacionistas entienden la necesidad del proyecto. “El Gobierno quiere el petróleo, la electricidad será más accesible y habrá mejor transporte, pero las mejoras tendrán un coste”, asegura Rukundo. “Es difícil detener el desarrollo. El proyecto va a salir adelante y los chimpancés se verán afectados. Ahora debemos centrarnos en cómo minimizar el impacto”, añade.

Para ello, varias organizaciones como Chimpanzee Trust y WCS ofrecen su conocimiento del terreno a las petroleras para mitigar las consecuencias. “El Gobierno de Tanzania necesita el proyecto de EACOP, pero hay que buscar un balance económico y medioambiental”, asegura Mshana desde Tanga. Preguntado por si están preocupados por el oleoducto, la respuesta es clara: “Debemos de estarlo. Si hay un derrame, tiene que haber un protocolo claro”, finaliza.


Halima Athumani ha contribuido a este reportaje.

Este reportaje fue producido con el apoyo de la organización Journalismfund.eu

Un nuevo oleoducto de 1.443 kilómetros de Uganda a Tanzania: África defiende su derecho a contaminar | Clima y Medio Ambiente | EL PAÍS (elpais.com)