Tomar la parte por el todo al hablar de África. Chema Caballero. Canarias3puntocero

PorChema Caballero

Publicado en el 10 octubre, 2020

Un año más, Costa de Marfil es el país que más atractivos presenta para invertir de toda África. Al menos esto es lo que dice la edición de 2020 del CEOs Survey. Esta es una realidad que se repite en los últimos años y que supone la culminación de una tendencia que comenzó con el final de la década de crisis político-militar, en 2011. Como resultado de esto la tasa de crecimiento económico del país se ha elevado hasta casi llegar al 8% anual. De hecho, Costa de Marfil fue una de las economías que más rápidamente crecieron en todo el mundo en 2019, según el Fondo Monetario Internacional. Otras instituciones han etiquetado al país como uno de los más propicios para hacer negocios, entre otras muchas loas. Posiblemente, en estas buenas noticias hayan influido en el surgimiento de una clase media potente, el desembarco de multinacionales y de inversores internacionales y el regreso de instituciones regionales y mundiales con sus cohortes de funcionarios. Tampoco hay que pasar por alto lo que parece ser una fiebre por la construcción y las nuevas infraestructuras que surgen por todas partes: pasos elevados, nuevo puente, puerto recreativo, embellecimiento de las playas y paseos marítimos… ejecutadas muchas por empresas internacionales. Quizás sea la suma de todo esto lo que otorga, especialmente, a Abiyán (donde se concentran la mayoría de estas inversiones) ese glamur cosmopolita, mundano y algo canalla que se enreda con sus eternos atascos de tráfico.

Tras Costa de Marfil, los países africanos más atractivos para invertir son Kenia, Ghana, Senegal, Ruanda, Etiopía, Nigeria, Marruecos, la República Democrática del Congo y África del Sur. Por el contrario, a la cola del elenco se encuentran Sierra Leona, Sudán del Sur, Sudán, Somalia, Comoros, Lesoto, Eritrea y Burundi.

Este estudio tiene de positivo que está realizado sobre la base de una encuesta llevada a cabo entre 150 CEO o directores ejecutivos de empresas africanas. Es decir, que son los mismos africanos, y no gente venida de fuera, como suele ser habitual, los que hacen esta clasificación. Esto ofrece una perspectiva desde el continente del estado de ánimo, la situación y el punto de vista del sector privado africano, algo bastante novedoso.

Pero es posible que en este tipo de estadísticas, listas y estudios nos encontramos con un caso patente de sinécdoque, o lo que es lo mismo, que se tome una parte por el todo y, así, cuando se habla de una nación, realmente se refiriere a una ciudad concreta, que suele corresponder con la capital política o económica, mientras que el resto del país, carece de atractivo para el asunto en cuestión, en este caso la inversión privada.

Baste seguir con el ejemplo de Costa de Marfil donde todo ese espejismo de pujanza económica se rompe cuando se abandonan las calles principales y se penetra en barrios como Abobo o Yopougon o se termina la Nacional 1 y sus carriles dobles al llegar a la capital teórica del país, Yamussukro y los vehículos empiezan a zigzaguear y botar en un intento de esquivar los infinitos baches que decoran las estrechas carreteras que van hacia el norte. La visión del país cambia radicalmente y el paraíso ficticio da paso a una realidad muy distinta en la que la mayoría de la población se ve obligada a ejecutar enrevesados malabarismos para llegar a fin de mes. Esto indicaría que tanto crecimiento económico y tan rápido, como ensalzan las estadísticas, no ha servido para crear la riqueza necesaria que mitigue las desigualdades que envuelven al país. La tasa de pobreza, aunque ha descendido ligeramente en los últimos años, todavía se sitúa en el 46,3%. Y en 2018, Costa de Marfil ocupaba el puesto 179, de 189 países, en el Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas.

Todo esto nos confirma que en el caso de Costa de Marfil, posiblemente Abiyán y poco más sea un enclave propicio para invertir, pero fuera de esa ciudad, el país es poco atractivo para la mayoría de los inversores, al menos que se dediquen al cacao o al café. Y si esto sucede en el que ocupa el primer lugar del elenco, es de imaginar que la situación sea la misma o muy parecida en el resto de los países. Esto es solo un ejemplo (se podrían buscar muchos más) que demuestra que en África también, el centro se arroga la totalidad de la nación.