Tercera sesión del macroproceso de Mongomo.

Hoy han sido 16 los encausados que han prestado declaración.  Según su testimonio quince han sido torturados a su paso por las comisarías y sólo uno se ha librado de los malos tratos.

Los detenidos han relatado que se les recibia por parte de los policías con expresiones del tipo: “nos teneis hartos, ahora vais a enteraros de lo que pasa cuando ganamos nosotros”. Según un  grupo de ellos, tras ser interrogados y torturados en la comisaria de Aconibe, recibieron la visita del juez instructor de esta ciudad que se interesó por su estado. En presencia del comisario de policía de esta ciudad, los detenidos afirmaron que habían sido torturados. El comisario dijo entonces por toda justificación: “¡Claro! Esto no es una discoteca”.

Todos estos detenidos ha señalado a este funcionario y a otro, identificado como “la mano derecha del comisario”, y apodado Papi Pex, como los máximos responsables de las torturas de las que habían sido objeto en la comisaría de Aconibe.

El comisario de Aconibe va a comparecer en el juicio como testigo.

De una manera general, las torturas que se les han aplicado en todas las comisarias de policía han consistido en golpes reiterados por todo el cuerpo pero con una inistencia especial en las nalgas y en las plantas de los pies, después de los cuales se les obligaba a saltar (en sesiones de 10 intentos) para tocar el techo de la sala de torturas con las manos… Se han aplicado indistintamente a hombre y mujeres y coinciden con las heridas que mostraban las fotografías del cadaver de Santiago Ebee Elá, fallecido en “Guantánamo”a consecuencia de los golpes recibidos.

La gran mayoría de procesados insiste en que no estuvieron en los “hechos de Aconibe”, del 5 de noviembre, pese a lo cual la fiscalía sigue manteniendo los cargos que ha presentado contra todos ellos, contra los 147 procesados.

Un primer intento de reconstrucción de los hechos de ese día, a partir del testimonio de personas que sí estuvieron allí, llevaría a un relato parecido a este:

Habitualmente hay una “barrera” en la carretera que lleva a Aconibe, poco antes de llegar, en el poblado de Engong (del que es natural Gabriel Nsé Obiang, dirigente del partido CI), que es atendida por dos o tres militares. El día 5 de noviembre, además de esa barrera, que estaba cerrada, había un coche del ejercito cruzado en la carretera y en torno de él un grupo de 30 militares (armados de AK 47), procedentes de Mongomo. El objetivo de todo este aparato era impedir la llegada de una caravana del partido CI que tenía convocado un mitin en la plaza central de Aconibe. El PDGE, el partido del gobierno, había “contraprogramado” un mitin en el mismo sitio y a la misma hora después de conocer la convocatoria del acto de CI.

Como hemos dicho en otra de estas crónicas, las leyes de Guinea Ecuatorial prohiben la utilización del ejército en actividades represoras ante cualquier acto electoral.

Los primeros incidentes (solo verbales) se produjeron en la barrera de Engong. Tras un buen rato de discusión el responsable la levantó al tiempo que comentaba: “¡pasad vosotros mismos y ya vereis lo que os pasa!”

Siempre en medio de grandes discusiones, ahora también con los militares, los manifestantes de CI fueron rebasando a pié estas barreras y llegando a la plaza de Aconibe en la que había, nuevas barreras, además de más militares y policías, con el comisario a su cabeza, y militantes del PDGE. Algunos asistentes relatan las discusiones con algunos “antorchones” y “antorchonas” de la localidad…

Los incidentes realmente graves se produjeron cuando un hombre joven, militante de CI, que ha comparecido hoy en el juicio, discutió con el comisario de  Aconibe (siempre el mismo comisario de Aconibe). En el momento en el que le argumentaba que él (el comisario) debería ser apolítico, no tomar partido por nadie y estar a disposición de cualquier fuerza política para que pudiera ejercer sus derechos, el comisario sacó su revolver y golpeó en la capeza al manifestante que cayó al suelo inconsciente y ensangrantado. A partir de entonces empezaron los incidentes realmente graves. Algunos de los manifestantes hicieron frente a militares y policías. El comisario, fuera de sí, pudo ser desarmado por algunos de sus compañeros, pero siguió gritando (asegurando que a él no iba a pasarle nada, porque ya “había matado a muchos chinos” y allí seguía…), cogió un fusil. Vinieron después los disparos al aire por parte de la policía, el robo de los tres AK 47 y de una pistola por parte de los manifestantes y situaciones de enorme tensión…

Hasta hoy han declarado ya 31 de los acusados.

Seguiremos informando.