Tampoco son buenas las noticias de los detenidos de CI.

Tampoco hay novedades sobre los presos de CI en la cárcel de Eninayong. Fuentes de su partido indican que siguen incomunicados (no pueden recibir visitas de sus familias) y no se tienen garantuas de que reciban atención médica periodica que merezca esta denominación. [Esta atención periodica es especialmente necesaria para un grupo de personas como los presos de CI, cruelmente maltratados en los primeros tiempos de su detención y que padecieron un dantesco traslado desde la isla a la región continental, siempre sin cuidados médicos].

Indicadores de su situación pueden ser los casos de Samuel Nsogo Obiang Ayingono y Pergentino Miguel Edú. El señor Obiang Ayingono padecía dolores abdominales y hubo de ser intervenido en el Hospital de Bata el pasado 7 de agosto. Dos días después, con las heridas sin cicatrizar, fue devuelto a la carcel de Evinayong. Al parecer, en dias posteriores hubo de ser atendido nuevamente en el hospital de Evinayong, aunque esta información no haya podido confirmarse. Pergentino Miguel Edú tiene el brazo roto desde  el pasado mes de diciembre (como consecuencia de las torturas recibidas poco después de su detención) desde entonces, en ningún momento, ha recibido la atención adecuada.

La publicación del (incumplido) decreto de Amnistía de 5 de julio no supuso ninguna mejoría de las condiciones carcelarias.  La situación de todos los presos de CI, así como de los presos de Mongomo, de los que hablamos hace unos días, es (desde aquella fecha) de  retención ilegal, de secuestro por parte de las autoridades.

Este es también un hecho novedoso en la historia de la dictadura: hasta ahora, que el régimen incumpliera sus propias leyes ha sido el resultado de la arbitrariedad, de la propotencia de sus dirigentes, en este caso, que no se cumpla el decreto de Amnistía, indica  fundamentalmente la amplitud de la crisis institucional que padece el régimen y (también en este caso) los límites concretos del poder del dictador.