Suráfrica: Estado de emergencia. Ferial Haffajee. Sin Permiso

Ferial Haffajee

08/09/2019

El presidente Cyril Ramaphosa describió una serie de medidas para reforzar la respuesta del estado a la sistemática violación y asesinato de mujeres en Sudáfrica. Son antiguas recetas, pero el presidente se resiste ante quienes exigen el estado de emergencia y la pena de muerte.

El jueves 5 de septiembre, el presidente Cyril Ramaphosa se retiró de la reunión de élites del Foro Económico Mundial (FEM) para reunirse con las mujeres y hombres indignados que habían organizado la protesta #EnoughIsEnough fuera del Parlamento, donde la concentración se extendió hasta donde alcanzaba la vista en el centro de la Ciudad del Cabo.

Las activistas dicen que fue la mayor manifestación contra la guerra contra las mujeres en memoria reciente, un movimiento que catalizó la violación y el asesinato de Uyinene Mrwetyana, la estudiante muerta por un empleado de la oficina de correos que supuestamente la atrajo a la oficina de correos del barrio de Claremont y a quien violó y golpeó hasta la muerte con una balanza.Tenía cargos anteriores en su contra que no fueron comprobados por su empleador estatal.

El fin de semana pasado, un policía fuera de servicio disparó a su novia boxeadora, Leighandre “Baby Lee” Jegels, en la cara, matándola instantáneamente a pesar de que tenía una orden de protección contra él y no debía haber estado en posesión de un arma.

El jueves fue el segundo día de protesta. El miércoles 4 de septiembre, los manifestantes casi bloquearon las reuniones intentando saltar las barreras que rodeaban la sede del FEM, que congrega a diplomáticos y líderes empresariales de todo el mundo.

En vez de ser un escaparate de las propuestas de reforma de Ramaphosa, el FEM se convirtió en un invernadero de elites mientras los manifestantes organizaban un asalto tras otro para expresar su punto de vista y exigían que el presidente Ramaphosa se dirigiera a ellos. Más tarde, la policía utilizó cañones de agua y granadas de aturdimiento contra contra los manifestantes; en Johannesburgo, donde los saqueadores y los incendiarios atacaron los comercios de los emigrantes, no hubo tal despliegue policial.

#AmINext y #EnoughIsEnough

Antes de la visita de Ramaphosa el jueves, la valla del Parlamento se cubrió con carteles que decían #AmINext, la consigna de un nuevo movimiento que lucha contra la violencia contra las mujeres.

Según ”Africa Check”, una mujer es asesinada cada tres horas en Sudáfrica, y en 2018, se denunciaron a la policía 49.900 delitos sexuales, la mayoría de los cuales son violencia contra las mujeres.

“No quiero morir con los brazos en alto o las piernas abiertas”, era otra de las consignas de esta nueva etapa en la guerra contra la violencia contra las mujeres. Esta semana, una generación más veterana (y posiblemente más paciente) cedió terreno a las activistas y estudiantes que no admitían ningún discurso político.

“¡Boo!”, gritó la multitud contra Ramaphosa, que intentaba calmarlos el miércoles por la tarde mientras las mujeres lanzaban el grito de guerra “Malibongwe”.

“Pena de muerte, pena de muerte”, gritaban algunos en la multitud. Ramaphosa prometió dirigirse a la nación en una hora, pero tardó cinco horas. Cuando lo hizo, el presidente obviamente estaba exhausto. La SABC transmitió una pregrabación anterior en la que estaba descompuesto, mostrando la tensión. Quizás por eso Ramaphosa no aprovechó el momento. (El canal nacional, SABC después se disculpó por emitir una versión incorrecta – Ed)

Palabras: elocuente; acciones: insuficientes

Ramaphosa dijo lo que tenía que decir: habló como presidente, como esposo y padre de sus hijas, lo llamó una “guerra” contra las mujeres, una señal de que entiende la grave crisis de miedo y violencia que acosa cotidianamente a las mujeres sudafricanas.

“Las mujeres tienen todo el derecho de exigir verse libres del acoso y la violencia en las calles, en las escuelas y los campus, en los autobuses, taxis y trenes, en los lugares de trabajo y de culto, y en sus hogares”, dijo.

Esquivando los llamamientos a declarar el estado de emergencia, Ramaphosa dijo que las había escuchado, pero rebajó la emergencia en urgencia.

“Por lo tanto, le pediré al Parlamento que discuta e identifique medidas urgentes que puedan implementarse sin demora”.

Lo llamó un crimen. “Es un crimen contra nuestra humanidad común”.

Pero cuando se trató de identificar de verdad “qué medidas”, no usó su poder para sembrar ideas de fondo y hacer una hoja de ruta de medidas con plazos. En cambio, presentó una ensalada de soluciones que no han funcionado, como una lista actualizada y modernizada de delincuentes sexuales (el estado no ha podido elaborar una precisa); sentencias mínimas más duras (una vieja idea que a veces se implementa y otras no); la oposición del estado a las solicitudes de libertad bajo fianza y la libertad condicional (una idea nueva); programas de rehabilitación; fortalecer los equipos de respuesta rápida de emergencia, así como otras medidas de justicia penal, como tribunales y centros de atención especializados, que llevan en la agenda más de dos décadas, pero que nunca se han aplicado con la urgencia o con la amplitud proporcional de esta guerra.

El presidente dijo que se reabrirían los casos viejos y cuestionables, pero con la Autoridad Fiscal Nacional destripada por el caciquismo del Estado, parece una promesa más, que no se podrá cumplir a corto o mediano plazo.

Ramaphosa aseguró que le pediría al Ministro de Finanzas, Tito Mboweni, que asigne más fondos a estas medidas, pero con una hacienda casi en bancarrota, la analista política Karima Brown señaló en el canal de noticias, eNCA, que quería ver de dónde saldría el dinero y cómo se asignaría. Finalmente, el mensaje a la nación de Ramaphosa fracasó porque a pesar de salir del corazón, no tenía la fuerza que el momento exigía.

Una semana sangrienta

Esta semana, Ramaphosa debería haber celebrado sus primeros 100 días en el cargo. Su equipo había planeado presentar una serie de grandes proyectos en la reunión del FEM y cómo será su agenda de reformas. En cambio, el domingo se volvió infernal por la noche cuando los saqueadores comenzaron una sangrienta cadena de incendios provocados y saqueos en Malvern, un suburbio residencial y comercial venido a menos en el este de Johannesburgo. El lunes, se había extendido a ocho áreas donde emigrantes (y sudafricanos) gestionan pequeños comercios minoristas.

El martes, el East Rand estaba en llamas; el miércoles, Alexandra y Katlehong enlazaban con este camino de destrucción. Gauteng y Johannesburgo, el corazón económico del país, y las circunscripciones clave para Ramaphosa, estaban fuera de control.

El oprobio internacional de la Unión Africana (que lanzó la primera respuesta dura contra los ataques a los comerciantes emigrantes), del las Naciones Unidas (que expresó una fuerte condena), de Nigeria (cuyo presidente Muhammadu Buhari convocó al alto comisionado sudafricano Bobby Moroe y envió a un representante especial a Sudáfrica) deben haber hecho daño a Ramaphosa, que es un estadista de renombre internacional.

En Nigeria, tanto la alta comisión de Sudáfrica en Abuja como su oficina cónsular en Lagos siguen cerradas después de las amenazas. MTN, Shoprite y MultiChoice, empresas de capital sudafricano, han tenido que cerrar sus oficinas en Nigeria y Zambia después de las amenazas y los ataques.

Para un dirigente que vende una imagen de cercanía con el mundo empresarial, no es algo que le guste. La reputación del presidente se ha visto afectada en muchos niveles en una sola semana cuando, por el contrario, esperaba hacer alarde de sus éxitos.

En su discurso, Ramaphosa añadió algunas cifras definitivas. Diez personas murieron en la sangrienta semana; 289 están en la cárcel. La reputación de Sudáfrica está hecha jirones y la de Ramaphosa como pacificador y conseguidor está dañada.

“No puede haber excusas para los ataques a los hogares y negocios de los ciudadanos extranjeros, así como tampoco puede haber excusas para la xenofobia o cualquier otra forma de intolerancia.

“La gente de otros países de nuestro continente nos apoyó en nuestra lucha contra el apartheid. Trabajamos juntos para destruir el apartheid y superar las divisiones que creó, cuando el miedo de unos y otros y nuestras diferencias fueron explotadas”, dijo Ramaphosa.

Como siempre, el elocuente presidente tiene las palabras correctas, pero ¿sabe que hacer? Desde 2015, la tasa de saqueos de las tiendas de propiedad de inmigrantes y no ha habido ninguna justicia ni reparación significativa. Si bien cientos han sido arrestados y la violencia ha sido contenida, nuestro rastreo revela que el sistema de justicia penal no es lo suficientemente disuasorio contra el saqueo y la xenofobia porque no garantiza justicia.

Ramaphosa es un presidente enormemente popular, pero la recepción que recibió en la gran marcha contra la violencia sexual del jueves 5 de septiembre y la protesta contra los ataques y la violencia contra los comerciantes inmigrantes durante toda la semana, muestran que necesita repensar su estrategia de gobierno cuando acaba su período de luna de miel de una presidencia llena de promesas y entrar en la dura realidad de un país que atraviesa una crisis profunda.

Es colaboradora de la revista electrónica sudafricana Daily Maverick.

Fuente:

Traducción:Alonso Ribera