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Reflexiones del Secretario General de CPDS en torno al Congreso del PDGE celebrado en Bata.

27 noviembre 2021

Del 22 al 24 de noviembre, el Partido Democrático de Guinea Ecuatorial (PDGE), se ha reunido en la ciudad de Bata en lo que se ha dado en llamar “VII Congreso Nacional Ordinario”. Para ello, el régimen ha movilizado todos los recursos del Estado, desde las empresas privadas a la Administración Pública del Estado. Se ha invitado a partidos extranjeros cuyos representantes han entrado en el país sin ningún problema (a diferencia de lo ocurrido con los invitados al VI Congreso de CPDS en 2018, que no pudieron asistir al no darles el correspondiente visado de entrada en nuestro país). Hasta el Ministerio de Asuntos Exteriores se ha encargado de que todas las misiones diplomáticas acreditadas en Malabo enviasen representantes a Bata.

¿Fue realmente un congreso la reunión del PDGE en Bata? Para responder a esta pregunta, tengo que explicar, de forma somera, qué es un congreso y para qué sirve. El Congreso, o Convención en algunos casos, es el máximo órgano de dirección de cualquier partido político, incluso de los partidos-Estado, el cual se reúne de forma periódica. Los congresos sirven, básicamente, para renovar el ideario político del partido a través del cual plantean la solución a los problemas del país, mejorar el funcionamiento interno del partido, dar impulso al mismo (por ejemplo, el lema del I Congreso de CPDS fue “Impulso para el Cambio”) y elegir tanto al líder como al resto de miembros de los órganos de dirección nacional del partido.

El congreso, tras ser convocado, se inicia con la preparación de la Ponencia Marco, que es el documento de base que recoge todos los asuntos objeto de discusión y aprobación en el congreso. Son asuntos que abarcan aspectos de la vida política, social y económica del país y el funcionamiento interno del partido. El borrador de la Ponencia, elaborado por una comisión especial, se envía a todas las Agrupaciones del partido para que lo estudien y hagan sus observaciones. El documento resultante se lleva al Congreso.

Uno de los momentos que más expectación suscitan es la presentación del Informe de Gestión del líder del partido en la primera jornada. Una vez presentado el informe, se abre el debate para que los delegados puedan opinar y hacer preguntas, tras lo cual se aprueba o no, mediante votación, la gestión del líder durante el precedente periodo intercongresual. Otro de los momentos más importantes del congreso es la formación de las Comisiones sectoriales (Educación, Sanidad, Vivienda, Política Exterior, Defensa, Modelo de Estado, Estatutos, etc.), que se encargarán de estudiar, debatir y votar las propuestas de Resoluciones que vayan a ser aprobadas por votación del pleno de los delegados al congreso. Es decir, las resoluciones son el resultado del trabajo de las comisiones sectoriales, y deben ser aprobadas, todas, por votación por el pleno del congreso. Son estas resoluciones las que el partido tendrá que poner en práctica durante el siguiente periodo intercongresual; si es un partido gobernante, tendrá que aplicarlas su gobierno para la mejora de la vida de la ciudadanía. Si es un partido de la oposición, las resoluciones forman parte de su programa político a la espera de ser puestas en marcha cuando llegue al poder.

El último acontecimiento más esperado del congreso es la elección, mediante voto secreto y personal, del líder del partido y los miembros de la Ejecutiva propuestos por el máximo dirigente. Participan en la votación todos los delegados; los invitados no tienen derecho al voto.

Todo lo anteriormente dicho lo saben los militantes de Convergencia para la Democracia Social de Guinea Ecuatorial (CPDS), porque lo viven y practican cada cuatro años, en un ejercicio continuo de la democracia.

¿Qué ha pasado, sin embargo, en la reunión del PDGE en Bata? Para empezar, el Informe de Gestión, presentado por el Secretario General, Jerónimo Osa Osa Ekoro, no solo no fue aprobado por el Congreso, sino que ni siquiera fue debatido. Lo mismo ocurrió con el informe del Primer Ministro, Francisco Pascual Obama Asué, quien, antes de presentarlo, se puso a cantar, demostrando, con ello, que aquel encuentro era más folklórico que político.

En lugar de comisiones sectoriales, se organizó un ciclo de conferencias. Las conferencias, en efecto, se pueden celebrar durante el congreso, pero suelen estar destinadas a los invitados mientras los mismos delegados trabajan en comisiones sectoriales. En su reunión de Bata, las conferencias del PDGE, en las que los oradores coincidieron en dar énfasis en la existencia de la aguda crisis económica y social que ha dejado sin empleo a miles de ciudadanos y ha dado lugar a la delincuencia juvenil y la inseguridad ciudadana, ocuparon toda una jornada. Muchas de las recomendaciones hechas por los intervinientes y asistentes, ni siquiera aparecieron en las Resoluciones finales que durante horas leyeron el Secretario General y sus dos adjuntos.

¿Y la elección de los miembros de los órganos directivos? Además de confirmar a los miembros de la Junta Ejecutiva, se leyó la lista interminable de los miembros del Consejo Nacional, algunos de los cuales se enteraron de su nombramiento a través de llamadas de amigos, y todos elegidos a dedo por Obiang.

Llama la atención el hecho de que, en un congreso de un partido “democrático”, no se haya votado nada, ni las resoluciones adoptadas ni, mucho menos, a los miembros directivos. En el PDGE no se vota, y cuando se vota lo hace la Asociación Hijos de Obiang, que acaba de elegir a su nueva coordinadora general en medio de denuncias de un clamoroso fraude electoral.

Todo lo explicado hasta aquí afecta solo a la forma del congreso del PDGE y no a su contenido y fondo, y el fondo se encuentra en los discursos del presidente fundador, Obiang Nguema Mbasogo, en la apertura y clausura del congreso. En ambos discursos, Obiang decepcionó a quienes esperaban alguna novedad en sus intervenciones y algún atisbo de cambio. 53 años después de la independencia nacional, y pasados 42 de su llegada al poder, el discurso de Obiang sigue siendo el mismo, sin aportar nada nuevo: crítica a la colonización y al régimen de “triste memoria”; consideración de “patriótica” y “democrática” a la oposición que colabora con él, y “radicales” a los partidos discrepantes, a los que denomina “enemigos internos y externos de la patria”; el ensayo democrático, la defensa de “la paz reinante”, etc., fueron recurrentes en sus intervenciones.

En contra de la opinión generalizada y expresada por sus “hermanos militantes” reconociendo la existencia de la crisis económica en el país y sus nefastas consecuencias, Obiang aseguró que en Guinea Ecuatorial “no hay crisis económica, sino financiera”, argumentando que “nadie muere de hambre en Guinea Ecuatorial” y culpando a sus ministros de “no dar trabajo a los jóvenes». “Si cada uno de los ricos de mi Gobierno crease dos puestos de trabajo, nuestros  jóvenes no estarían en paro, porque no es la Administración Pública la única llamada a crear puestos de trabajo”, afirmó, como si olvidase que la mayoría de los empleados de sus empresas del conglomerado Abayak, no son jóvenes guineanos, sino extranjeros. Queda claro que, al negar la existencia de la crisis, Obiang no puede dar solución a la misma. Atacó a sus hermanos militantes ricos, a los que acusó de “viajar al extranjero para descansar en sus lujosas mansiones” adquiridas con el fruto de la corrupción, “mintiendo al decir que van por motivos sanitarios, a pesar de que en Guinea hay médicos muy buenos”. ¿Acaso no ha viajado nunca el propio Obiang al extranjero por motivos de salud?

Durante su reunión en Bata, ha quedado patente que Obiang no quiere ningún cambio, ni en su partido, ni en el país; entiende que su “democracia” no tiene el porqué seguir el modelo de las democracias de otros países. “El que cree que en España hay más democracia, que se vaya a España a vivir”, dijo.

En una improvisada rueda de prensa tras el congreso, Obiang aseguró que sigue presentándose como candidato porque el pueblo se lo pide, como si hubiera hecho un referéndum en el que el sufrido pueblo de Guinea le haya pedido ser su presidente vitalicio, cuando, en realidad, permanece el poder a través de descarados fraudes electorales, sin dar ninguna opción a sus adversarios políticos. Si alguien esperaba que en el congreso de Bata Obiang, que lo decide todo en su partido, nombrase a su hijo candidato del partido para las elecciones presidenciales de 2023, se equivocó: Obiang no cede su poder a nadie mientras viva. Lo dejó bien claro en una de sus intervenciones: “mientras Dios quiera y mi cuerpo me lo permita, seguiré”.

Además de matar toda esperanza para un cambio democrático promovido por Obiang, esta reunión del PDGE ha servido para llevar, al extremo, el culto a la persona del fundador del “Gran Movimiento de Masas” y su familia, cuyos nombres (el del padre, del hijo y de la madre) han sido ensalzados hasta la saciedad. Su figura impresa en gigantescos carteles, ha sido omnipresente dentro y fuera de la sala de la reunión, como lo es en las calles de las ciudades del país. De esta manera, resulta triste, muy triste, que los mismos militantes reunidos en Bata acepten que las únicas personas que tiene la República de Guinea Ecuatorial para dirigir el país sean Obiang, su hijo y su mujer, y que el resto no sirve más que para acompañarles. “Un hombre, el mejor hombre”, repitieron mil y una veces, como autómatas, los afónicos “hermanos militantes”.

También ha servido para confirmar, una vez más, que el PDGE es un partido-Estado, que usa a su antojo los recursos del país, recibe forzosamente el 3% de todos los salarios de la República de Guinea Ecuatorial (excepto el de los trabajadores de los organismos internacionales), en forma de cuota obligatoria a dicho partido; que viola a su conveniencia las leyes cuando militan en él jueces, magistrados y miembros de las fuerzas armadas y de la Seguridad del Estado, o cuando celebran su congreso en medio de la pandemia y con un toque de queda en vigor que tiene encerrados en sus casas a los ciudadanos. El propio Obiang reconoció que al celebrar este congreso, “nosotros mismos estamos violando las medidas de restricción impuestas por el Gobierno, pero no pasa nada”. Violar así una norma y con el consiguiente reconocimiento del hecho, en un país democrático, haría dimitir al presidente.

Guinea Ecuatorial es, en definitiva, un país en el que, para Obiang, no hay cabida para la discrepancia, ni siquiera para la imparcialidad.

Respondiendo a la pregunta hecha al principio de esta reflexión, puedo afirmar que la reunión del PDGE en Bata no ha sido un congreso, al no seguir los cánones de un congreso de un partido político. Obiang le dará el nombre que quiera, pero no ha sido un congreso, al igual que lo suyo tampoco es una democracia, le ponga los adornos que desee.

Malabo, 26 de noviembre de 2021.

Andrés Esono Ondo Okogo

Secretario General de CPDS