¿Qué podría enseñar África al mundo? Comparando la enfermedad del virus Covid-19 y del virus del Ébola (y II). Paul Richards. African/Arguments

Parece que la lección no se ha aprendido con el Covid-19. En Bretaña, la línea telefónica de ayuda del Servicio Nacional de Salud, ‘111’, ha sido ‘suspendida’ para las consultas sobre Covid-19 relativas a las cuestiones domésticas, ya que se considera que la epidemia ha pasado a una nueva fase. Entonces, ¿cómo van a conversar las autoridades con las familias sobre los recursos más necesarios para favorecer la adaptación de los hogares a las exigencias de la pandemia?

La gestión de los casos de infección es también diferente. El Ébola no se propaga fácilmente. El virólogo Peter Piot lo dijo bien cuando afirmó que no tendría problema alguno para sentarse al lado de alguien con Ébola siempre y cuando no vomitara sobre él. La infección se propaga sólo a través del contacto con los fluidos corporales. El Covid-19, sin embargo, se propaga por el aire, así como por el contacto corporal, y el número de casos de infección va a ser mucho mayor.

En el caso del Ébola en el África Occidental, el número de casos que aparecieron en los centros de atención especializada del Ébola en el momento más álgido de la epidemia, fue de decenas o centenares por semana. Con el Covid-19 el número de casos que requieren cuidados intensivos en el punto álgido de la epidemia puede ascender a cientos de miles.

Una infección de esta magnitud, que puede durar varios meses, llevará consigo una gran demanda adicional de atención médica.

El Ébola enseñó que las epidemias pueden causar muertes por otras enfermedades debido al impacto que tienen sobre los sistemas de salud. En total, en África Occidental (Guinea, Liberia, Sierra Leona) se produjeron unas 12.000 muertes por Ébola en el periodo 2014-15, pero muchas otras muertes se debieron al cierre de otras instalaciones como, por ejemplo, las clínicas de maternidad.

Se requerirá, por tanto, un plan de contingencia. Un reto fundamental para el Covid-19 es cómo organizar de la mejor manera posible la atención del sistema de salud, de manera que no se perturbe gravemente la prestación del resto de sus servicios .

Para el Ébola, la primera respuesta fue la construcción de grandes hospitales de campaña (centros de tratamiento del Ébola)[3], que se consideraron la opción más segura. Sin embargo fueron rechazados por las familias, porque muy pocos pacientes salieron con vida de ellos. Además, con alguna frecuencia, se construyeron en el momento equivocado (después, no antes de la epidemia).

Empezaron a filtrarse informaciones en el sentido de que algunas comunidades estaban tomando sus propias medidas para reducir la infección y enterrar a los muertos. Eso planteó la pregunta de si había más posibilidades de atención comunitaria.

Las respuestas de las familias al «hágalo usted mismo» resultaron controvertidas. Los socorristas internacionales se mostraron firmes en que no podría haber nada parecido a la atención domiciliaria; era demasiado peligroso. Pero las comunidades locales fueron igualmente firmes insistiendo en que tendría que haber alguna forma de atención en los hogares; no podían quedarse de brazos cruzados y ver morir a sus familiares, cuando una ambulancia para llevar a un paciente a un centro de atención médica podría tardar días en llegar por carreteras malas o inexistentes.

Las familias entendieron que era su  deber implicarse en el cuidado de los enfermos. Así que, repetidamente preguntaban qué hacer mientras esperaban que llegara la ayuda. ¿No podían preparar comida para los enfermos? ¿No podían ser adiestrados en cómo enterrar a los muertos de forma segura?

Se les dijo que no. El Ébola requería un manejo especializado.

Las comunidades respondieron. Identificaron áreas desde el comienzo de la epidemia donde las infecciones revirtieron tan sólo con  recursos locales. En el distrito de Kailahun, por ejemplo, un brote inicial intenso se redujo a un goteo de casos gracias a que los socorristas locales que organizaban cuarentenas y entierros con recursos improvisados. El hecho de que los casos disminuyeran luego sin ayuda externa implicaba que la enfermedad se había extinguido más rápidamente de lo previsto o que la improvisación local había funcionado mejor de lo previsto. Hay pruebas que apoyan ambas interpretaciones. [4]

 Los expertos sabían que el control del Ébola requería un diagnóstico rápido, antes de que los síntomas «húmedos» de la enfermedad se hicieran evidentes. Había que hacer algo para acelerar la presentación de los casos. La respuesta fue construir centros de atención comunitaria mucho más pequeños (CCC) cerca de donde se producía la transmisión activa[5]. Esto también cambió la relación entre las familias y los socorristas del Ébola, pasando del miedo a la cooperación activa.

El personal de los CCC estaba formado en su mayor parte por voluntarios locales: enfermeras capacitadas que no estaban en la nómina del Ministerio de Salud, o personas de los poblados dispuestas a asumir tareas de alto riesgo por un salario decente. El hecho de que el personal fuera local significaba que los pacientes veían rostros familiares, y esto creaba confianza. El CCC también normalizó el Ébola al incluir el tratamiento en un marco de asistencia médica general.

El resultado fue que los pacientes se presentaban antes en estos centros que en el distante ETC. El ébola (indistinguible de la malaria o la fiebre tifoidea en su fase inicial) empezó a identificarse y a asilarse más rápidamente. Un estudio estima que el CCC contribuyó hasta en un tercio al control de la infección que puso fin a la epidemia en Sierra Leona. [6]

Este ejemplo de los socorristas que modificaron su enfoque de la lucha contra las infecciones para adaptarse mejor a las necesidades de la familia puede servir de lección para combatir al Covid-19.

Específicamente, los casos pueden tener que mantenerse fuera de los principales hospitales tanto como sea posible, por lo tanto, pueden ser necesarias instalaciones de tratamiento de campo no muy distintas a las de los CCC, algo a medio camino entre el aislamiento en el hogar y los cuidados intensivos. En efecto, estas instalaciones aislarían y clasificarían los casos más vulnerables, como fue el caso de los CCC destinados a combatir el Ébola.

. También existe la posibilidad de que dichas instalaciones sean gestionadas por personal militar[7] y dotadas de personal médico formado por voluntarios’ (médicos y enfermeras jubilados), como en Sierra Leona.

Es interesante señalar que el principal asesor médico de England fue anteriormente uno de los que plantearon  la introducción del CCC en Sierra Leona, y es posible que estemos a punto de ver algunas lecciones transferidas directamente. [8]

La cuarentena para el Ébola en Sierra Leona también es un tema del que los socorristas de Covid-19 podrían extraer lecciones. En gran medida fue organizada e impuesta por el Estado, y a veces con mano dura. Pero las comunidades también organizaron su propia cuarentena. Entendieron que el auto-aislamiento era en su propio interés, y esto a veces funcionó con sorprendente eficacia. sorprendentemente con eficacia.

Se utilizó un enfoque usado durante la guerra civil de 1991-2002 que consistía en  movilizar a los jóvenes de la comunidad para identificar a los infiltrados. Se rechazaron así  los visitantes que pudieran haber sido portadores del virus. Pero en otros casos se aisló  a los que estaban bien. Las familias rurales a veces se alejaban de las aldeas en los que había brotes epidémicos para establecerse durante unas semanas en sus granjas, donde a veces se construían dormitorios para ese fin.

A este respecto, las comunidades rurales de Sierra Leona aceptaron que había dos tipos distintos de cuarentena: el aislamiento personal y el aislamiento protector. Ambos modos  se están utilizando como parte de la respuesta al Covid-19, pero a veces sin un debate adecuado sobre la forma en que los dos tipos difieren y tienen diferentes motivaciones sociales: autoprotección en un caso y altruismo hacia los vecinos en otro. No es prudente hablar de auto-aislamiento para los enfermos y los ancianos en el mismo momento. Las diferentes motivaciones deben ser explicadas más claramente.

En conclusión, es importante insistir sobre lo que África puede aprender de su propia experiencia con el Ébola. Deben reiterarse también la observación sobre las diferencias y similitudes entre el  Covid-19 y el Ébola.

Se están aplicando al Covid-19 la pronta detección de casos, el seguimiento (rastreo) de los contactos y la cuarentena, al igual que en el caso del ébola. [9] También siguen siendo aplicables las buenas prácticas de higiene, como el lavado de manos. Los países africanos con experiencia en el Ébola saben cómo hacer estas cosas, y esto será útil para tratar los primeros casos

Sin embargo, los países africanos también tienen que estar preparados para aprender a adaptarse a las características específicas de esta nueva enfermedad a medida que surjan más datos. Esto supondrá más un reto, ya que requerirá una rápida adaptación  basada en el conocimiento a la nueva información sobre cómo se propaga el Covid-19 (quizás sobre todo, por qué afecta a las personas mayores más que a los jóvenes y cómo se podría proteger mejor a las personas mayores de sus efectos).

Sin embargo, la principal enseñanza que el Ébola ha aportado al Covid-19, tanto para África como para otras partes del mundo, es que el aprendizaje compartido entre las comunidades y los profesionales de la medicina es un aspecto clave de la respuesta de adaptación humana a las enfermedades emergentes. En cualquier enfermedad en la que la movilización de la comunidad sea un aspecto importante, las familias deben pensar como los epidemiólogos, pero igualmente los epidemiólogos deben pensar como las familias.

Notas:

 [1]Xu, J., Zhao, S., Teng T., Abdalla, A.E., Zhu, W., Xie, L., Wang, Y., Guo, X. (2020) ‘Systematic comparison of two animal-to-human transmitted human coronaviruses: SARS-CoV-2 and SARS-CoV’, Viruses 12, 244.

[2]Richards, P. (2016) Ebola: How a People’s Science Helped End an Epidemic, London: Zed Books.

[3]Richards, P., Mokuwa, E., Welmers, P., Maat, H., Beisel, U. (2019) ‘Trust, and distrust, of Ebola Treatment Centers: a case-study from Sierra Leone’, PLoS ONE14(12): e0224511. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0224511.

[4]Glynn, Judith R. et al. (2017) ‘Asymptomatic infection and unrecognised Ebola virus disease in Ebola-affected households in Sierra Leone: a cross-sectional study using a new non-invasive assay for antibodies to Ebola virus’,Lancet Infectious Diseases17(6), 645-653. Sobre la detección de casos locales y los procedimientos de cuarentena y entierro, véase Richards (2016) op. cit  

[5]Mokuwa, E.Y., Maat, H. (2020) ‘Rural populations exposed to Ebola Virus Disease respond positively to localised case handling: evidence from Sierra Leone’, PLoS Negl Trop Dis 14(1): e0007666. https://doi.org/10.1371/journal.pntd.0007666.

[6]Pronyk, P., Rogers, B., Lee, S., Bhatnagar, A., Wolman, Y., Monasch, R., Hipgrave, D., Salama, P., Kucharski, A., Chopra, M., and on behalf of the UNICEF Sierra Leone Ebola Response Team, (2016) ‘The effect of community-based prevention and care on Ebola transmission in Sierra Leone’,American Journal of Public Health 106, 727–32, https://doi.org/10.2105/AJPH.2015.303020.

[7]Aaaron Walawalkar and Jamie Grierson, The Guardian,8 March 2020, 14.12 GMT.

[8]Whitty, C.J.M., Farrar, J., Ferguson, N., Edmunds, W.J., Piot, P., Leach, M., Davies, S.C. (2014) ‘Tough choices to reduce Ebola transmission’, Nature515, 13 November, 192–4; see also Ian Sample and Lisa O’Carroll ‘Prof Chris Whitty – the expert we need in the coronavirus crisis’, Guardian,4 March 2020.

[9]Hellewell, J. et al. (2020) ‘Feasibility of controlling Covid-19 outbreaks by isolation of cases and contacts’, Lancet, 28 February 2020, https://doi.org/10.1016/S2214-109X(20)30074-7.

https://africanarguments.org/2020/03/17/what-might-africa-teach-the-world-covid-19-and-ebola-virus-disease-compared/