¿Qué ha pasado con los cinco grandes de África? Liesl Louw-Vaudran. La Vanguardia

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LIESL LOUW-VAUDRAN

05/11/2019 06:00 | Actualizado a 06/11/2019 07:59

Liesl Louw-Vaudran es consultora senior de investigaciones en el Instituto de Estudios sobre Seguridad (ISS) en Pretoria


Los cinco países que han liderado la Unión Africana (Nigeria, Sudáfrica, Senegal, Argelia y Egipto) han perdido influencia por sus problemas internos, mientras el autoritarismo crece en los estados vecinos. La esperanza es que la nueva gran Área Continental Africana de Libre Comercio (AfCFTA), impulse la industrialización y la creación de empelo

Cuando los dirigentes africanos se reúnen en Adís Abeba con ocasión de las cumbres anuales de la Unión Africana (UA), en el palacio de congresos de la sede de la organización, suelen verse siempre dos figuras familiares. Son los antiguos presidentes de Sudáfrica Thabo Mbeki y de Nigeria Olusegun Obasanjo, que han recibido tras dejar su cargo diversas tareas importantes en el seno de la UA, desde el asesoramiento sobre la elección del presidente de la Comisión de la UA hasta las misiones de observación electoral y la mediación en las crisis del continente.

El tándem se remonta a los primeros años del nuevo siglo, cuando Sudáfrica y Nigeria desempeñaron un papel crucial a la hora de llevar a cabo importantes cambios en las instituciones continentales de África. En ese momento, Mbeki y Obasanjo, junto con los dirigentes de Argelia, Senegal y Egipto, dirigieron el cambio desde la Organización para la Unidad Africana (OUA) hasta la UA. Hoy la UA es una institución mucho más funcional, entre cuyas prioridades se hallan la seguridad y el desarrollo.

Por desgracia, ese impulso creado hace casi dos décadas por los mayores estados africanos ya no existe. Sudáfrica ha perdido en gran medida su aura como líder continental debido a una serie de factores entre los que se incluyen el declive económico y político sufrido bajo Jacob Zuma, quien abandonó la presidencia a finales del 2017. Los ataques xenófobos ocurridos en ese país contra extranjeros de origen africano también han irritado a muchas personas en el resto del continente.

Por su parte, Nigeria y los dirigentes que ha tenido el país después de Obasanjo no han estado a la altura de sus capacidades. A pesar de contar con la mayor población del continente y ser uno de los mayores productores de petróleo, Nigeria se ha visto atenazada por problemas internos, y su imagen ha sufrido un duro golpe debido a su incapacidad de librarse del grupo extremista violento Boko Haram.

Los otros pesos pesados como Egipto y Argelia también se han visto lastrados por problemas internos. De modo comprensible, Egipto siempre ha mostrado más interés por Oriente Medio y el norte de África que por desempeñar un papel en el seno de la UA. Argelia, por su parte, se ha visto incapaz de influir en las decisiones de la organización por la ausencia de su enfermo presidente Abdelaziz Buteflika, que ahora ya ha sido desalojado del poder.

Senegal asumió un rol de liderazgo del África francófona entre los que fueron en otro tiempo los cinco grandes, en gran medida debido a las ambiciones diplomáticas del anterior presidente Abdulaye Wade, quien ocupó un vacío existente en ese terreno. Teniendo en cuenta las capacidades de poder (sobre todo, el tamaño de la economía), Costa de Marfil es el dirigente natural del África occidental francófona, pero su estrella se eclipsó tras la muerte de su padre fundador Félix Houphouët-Boigny en 1994 y los acontecimientos que siguieron al golpe de Estado de diciembre de 1999. A principios de la década del 2000, el país no estuvo en posición de encabezar el bloque francófono, y las sucesivas crisis padecidas entre el 2002 y el 2011 limitaron su capacidad de influir en la trayectoria del continente.

En los últimos años, el programa de la integración continental no se ha visto impulsado por las grandes potencias sino por estados más pequeños, muchos de ellos de naturaleza autoritaria y con escaso respeto por la democracia. Ello ha obstaculizado, según algunos observadores, los esfuerzos por avanzar hacia una agenda africana impulsada por las bases y centrada en el respeto por los derechos humanos, la libertad de expresión y las elecciones limpias.

Los cuatro últimos presidentes de la UA tienen todos esqueletos en el armario en ese sentido. Los presidentes Idriss Deby de Chad (2016), Alpha Condé de Guinea Conakri (2017), Paul Kagame de Ruanda (2018) y Al Sisi de Egipto (2019) son dirigentes que creen en el poder centralizado, con excepción en cierta medida del político guineano, que, vencedor de unas elecciones muy disputadas, ha apoyado históricamente la democracia en el continente. En la actualidad, la ideología panafricana que forjó un poderoso vínculo entre los padres fundadores de la OUA en 1963 y de la UA en el 2002 ya se ha erosionado.

Sin embargo, mirando hacia el futuro, la ratificación con éxito del Área Continental Africana de Libre Comercio (AfCFTA) a finales de mayo de 2019 y la elección del presidente de Sudáfrica Cyril Ramaphosa como presidente de la UA para el 2020 podrían suponer una oportunidad de revitalizar las asociaciones estratégicas en el continente.

En un documento que revisa la política exterior sudafricana encargado por el Gobierno de Ramaphosa en el 2018, los expertos recomiendan que el país reflexione sobre la creación de fuertes relaciones con estados socios clave en términos globales. Una de las recomendaciones establece: “El Gobierno debe crear y capacitar instituciones relevantes, establecer alianzas estratégicas con países específicos, recordando siempre que tales alianzas deben servir las prioridades nacionales sudafricanas, las del continente africano y de los países del sur”. *

Sin embargo, todo eso es más fácil de decir que de hacer. En un continente que se encuentra en constante movimiento, existe la necesidad de una toma rápida de decisiones y de un pragmatismo en muchos niveles. En un continente donde los jóvenes son con creces la mayoría de la población (más de un 40% del continente tiene hoy menos de 15 años y otro 20% entre 15 y 24 años), la política es definida en muchos países por movimientos espontáneos de masas y por la búsqueda de mayores libertades. Las protestas multitudinarias han conducido al derrocamiento de gobiernos en el norte de África (primavera árabe, 2011), Burkina Faso (2014), Argelia y Sudán (2019). Esos movimientos se ven con frecuencia impulsados por las redes sociales y suelen carecer de un claro liderazgo de figuras opositoras.

Al mismo tiempo, en muchos lugares del continente se establecen regímenes cada vez más autocráticos y en donde la Constitución se modifica para que los jefes de Estado permanezcan en el poder más allá de los dos mandatos establecidos. Ha ocurrido en Ruanda, Chad, Burundi y la República de Congo. En otros países como Uganda y Guinea Ecuatorial, los jefes de Estado llevan décadas en el poder sin que su mandato tenga límite constitucional alguno.

Una tendencia preocupante es que en esos regímenes se produce una creciente restricción de los instrumentos de la democracia, como las elecciones periódicas, la libertad de expresión y el acceso a la información. El fraude y la violencia electorales se han convertido en la nueva normalidad, y en muchos países los ciudadanos tienen que recurrir a la acción de masas porque ya no creen que los regímenes vayan a organizar elecciones creíbles. Es lo que ocurre en países como Zimbabue y Togo.

En muchos casos, los regímenes impopulares han restringido el acceso a las redes sociales e internet. Según un informe de una serie de organizaciones de la sociedad civil de toda África y presentado en Nairobi a principios del 2019: “Los cierres y los cortes [de internet] se han convertido en una tendencia particularmente preocupante en un contexto de elecciones y protestas públicas, ya que los gobiernos a menudo los imponen con el pretexto de impedir la propagación de los discursos de odio, la desinformación y los desórdenes públicos y de proteger la seguridad nacional”.**

El informe, promovido entre otras organizaciones por Colaboración en Política Internacional de TIC en el África Oriental y Meridional (CIPESA), recomienda que los estados, así como las compañías de telecomunicaciones, se comprometan en África con la defensa de los derechos de los ciudadanos a la libertad de expresión, lo cual significa en la época digital el acceso a internet.

Además de esos desafíos a la democracia, el flagelo del terrorismo se extiende desde los países del Sahel (como Mali y Burkina Faso) hasta los estados costeros (como Benín). El grupo terrorista Boko Haram, que causa estragos en toda la cuenca del lago Chad (Níger, Chad, Nigeria, Camerún), no ha sido reducido. Por su lado, en el Cuerno de África sigue actuando el grupo terrorista Al Shabab. Da la impresión de que ni la UA ni los países afectados tienen una solución al terrorismo en el continente.

Sin embargo, frente a ese panorama bastante sombrío en los ámbitos de la gobernanza y la seguridad, los marcos institucionales de África, sus perspectivas económicas y su dinámica población son motivo de esperanza. A pesar de todos sus defectos, la UA es hoy una organización mucho más eficaz que hace unos años. Aunque todavía recibe una fuerte financiación de potencias externas como la Unión Europea (UE), hay cada vez más esfuerzos para asegurar que los 54 estados miembros paguen sus cuotas y que la organización se autofinancie. No es sólo una simple cuestión económica, puesto que afecta al núcleo de la emancipación del continente de las antiguas potencias coloniales.

Con su presidencia en el 2020, Sudáfrica aporta a la UA una diplomacia amplia y sofisticada, con una burocracia cualificada, y que se beneficia del respaldo financiero de la economía más desarrollada de África.

En los últimos años, por más que otros países como Ruanda o Níger hayan recibido mucho crédito por esa iniciativa, los sudafricanos han desempeñado un papel importante en el establecimiento de la AfCFTA. Y ello a través de la experiencia técnica y el asesoramiento sobre cómo hacer que funcione en la práctica una iniciativa tan ambiciosa. Se trata de una obra en curso, pero los expertos consideran que puede proporcionar un gran impulso al comercio intrafricano y conducir a un aumento sustancial del desarrollo económico del continente.

Para Jakkie Cilliers, jefe de la división de futuros africanos del Instituto de Estudios sobre Seguridad, podría tratarse del acontecimiento africano más importante de las próximas décadas.*** En su opinión, aplicada correctamente, la AfCFTA podría tener en el 2050 una importante repercusión en el desarrollo y la reducción de la pobreza. La razón es que el comercio intrafricano, que recibirá un impulso de la zona de libre comercio, es principalmente el de los productos manufacturados, y lo que África más necesita para avanzar es la industrialización.

Si bien la AfCFTA alcanzó un mínimo de 22 ratificaciones a finales de mayo del 2019 y su lanzamiento oficial se ha realizado en Niamey el 7 de julio del 2019, aún deben negociarse cuestiones delicadas como las normas de origen y la resolución de las disputas. Tampoco está decidida la ubicación de la secretaría de la AfCFTA. Algunos creen que debería estar en la sede de la UA en Adís Abeba, pero otros países como Ghana se han ofrecido a acogerla en nombre de la descentralización de los órganos e instituciones de la UA. También se cree que, en Adís Abeba, una secretaría tan importante podría verse envuelta en las peleas políticas y la burocracia de la Comisión de la Unión Africana. Las perpetuas disputas entre los estados miembros y los juegos de poder podrían frenar el proceso de aplicación de ese proyecto emblemático.

A pesar de todos esos contratiempos, existe la esperanza de que la AfCFTA acabe por unir en el plano político un continente muy fracturado y que contribuya a superar las divisiones causadas por la superposición de múltiples organizaciones subregionales. La UA reconoce a ocho de esas comunidades económicas regionales (como la Comunidad de Desarrollo del África Austral, la Comunidad Económica de Estados del África Occidental y la Comunidad del África Oriental), cada una con sus propias instituciones y sus propios intentos de integración económica y política.

Históricamente, el péndulo de la integración africana ha oscilado entre la noción de una integración inmediata en una África fuerte y centralizada y la de un enfoque gradual para lograr primero la integración subregional y luego fortalecer la UA intergubernamental. Estos dos enfoques quedaron simbolizados a principios de la década de 1960 por el grupo de Monrovia (Nigeria, Etiopía, Túnez y otros), favorecedor de la soberanía estatal y la integración gradual, y el grupo de Casablanca (Marruecos, Egipto, Ghana, Guinea y Argelia), favorecedor de una integración africana más rápida. La fundación en 1963 de la OUA, con un gran énfasis en la estatalidad y la conservación de las antiguas fronteras coloniales, fue una victoria para los países del bloque de Monrovia. Sin embargo, el debate continúa.

De modo más reciente, tras la transformación de la OUA en UA, esas dos posiciones volvieron a aparecer; y, en esa pugna, Mbeki y Obasanjo se impusieron al dirigente libio Muamar el Gadafi y a estados como Senegal, partidarios de la creación inmediata de unos Estados Unidos de África.

El enfoque gradual queda simbolizado por diversos instrumentos de la UA a los que los estados pueden acceder a través de un proceso voluntario; en esencia, mediante la colaboración de los países dispuestos a avanzar. Sobre esa base se diseñaron la Nueva Alianza para el Desarrollo Económico de África (NEPAD) y el Mecanismo Africano de Revisión por Pares (APRM), unos medios innovadores para mejorar el desarrollo y la buena gobernanza continentales.

Sin embargo, al cabo de quince años, los estados miembros se están dando cuenta de que ese sistema voluntario no funciona de manera eficaz. Ello se debe en gran medida a que los pocos estados miembros inscritos, en un principio poco más de una docena, se han mostrado poco dispuestos a pagar sus contribuciones y, en ausencia de una financiación adecuada, las instituciones no han podido realizar avance alguno. Aunque algunas han recibido donaciones de agentes externos como la ONU y la UE, esas instituciones presentan deficiencias institucionales que dificultan su funcionamiento. El APRM, por ejemplo, ha quedado atascado en la redacción de extensos informes nacionales sobre gobernanza que son repasados luego por los jefes de Estado implicados y que, por lo tanto, no ofrecen una valoración crítica y sólida de los países analizados.

Como parte de un nuevo proceso de reforma de la UA impulsado por Kagame, tanto la NEPAD como el APRM pretenden abarcar todo el continente y contar con una financiación más previsible de las arcas de la Comisión de la UA en Adís Abeba.

Asimismo, los jefes de Estado también se han comprometido a hablar con una sola voz en foros internacionales como el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas o durante las llamadas reuniones de asociación de países poderosos que desean reunirse con dirigentes del continente. Un ejemplo de ello es el Foro de Cooperación China-África.

De todos modos, semejante esfuerzo no ha tenido hasta la fecha demasiado éxito. Los tres miembros africanos no permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas manifiestan en ocasiones opiniones divergentes sobre la forma de abordar las cuestiones relacionadas con la paz y la seguridad en el continente, uno de los principales asuntos tratados en ese organismo.

También los quince miembros del Consejo de Paz y Seguridad (CPS) de la UA (otra iniciativa basada en la idea de una rotación de un grupo reducido) se ven paralizados con frecuencia por la ausencia de una voluntad política y de una cultura de toma consensuada de decisiones que no permite las decisiones audaces.

A pesar de los problemas, el CPS ha logrado desempeñar un papel en algunos casos; en particular, en apoyo del principio de que la UA rechace los cambios ilegítimos de Gobierno, como los golpes de Estado. Sobre esa base, el CPS decidió la suspensión de Sudán a principios de junio del 2019, tras el fracaso de las negociaciones entre el Consejo Militar de Transición y los manifestantes de Jartum. La iniciativa del primer ministro etíope Abiy Ahmed de tratar de mediar en esa crisis es indicativa del papel crucial de Etiopía en el Cuerno de África.

Nigeria es de facto el único representante permanente de África occidental en el seno del CPS, puesto que ha participado en él ininterrumpidamente desde su creación en el 2004. Sudáfrica dejó el CPS en favor de Lesoto en el 2018. Otros países importantes son Argelia, Marruecos y Kenia.

Por lo tanto, hay indicios de que las grandes potencias dentro de la UA se están movilizando para adoptar decisiones importantes como la relativa a Sudán, una señal clara de que la UA está del lado del Gobierno civil y no de las tomas del poder por parte de los militares. Otra señal relevante es el hecho de que a pesar de presidir la UA en el 2019, Egipto no ha podido bloquear la decisión del CPS de asegurarse de que la UA se adhiera a los principios de la institución.

¿Significa eso que la UA empieza a centrarse más en las personas y a preocuparse por el bienestar de los ciudadanos en lugar de defender a los poderosos que detentan el poder?

En cierto sentido, la AfCFTA podría ser indicio de un nuevo sentimiento de solidaridad en África. Para que el impulso se mantenga, haría falta que unos dirigentes dinámicos y el pensamiento creativo se unieran en África en torno a una nueva generación de responsables de tomar de decisiones que compartan la idea de la unidad africana. Ese liderazgo visionario en el seno de la UA podría provenir de dirigentes jóvenes como Abiy Ahmed y de respetados jefes de Estado de grandes economías, como Sudáfrica. La revitalización de los cinco grandes (o los diez grandes) de África sería crucial para que el continente lograra una mayor unidad y avanzara en la realización de todo su potencial.

*. Ministerio de Relaciones Internacionales y Cooperación de Sudáfrica, Revisión de la Política Exterior, borrador del informe provisional, 30 marzo del 2019

**. Colaboración en Política Internacional de TIC en el África Oriental y Meridional (CIPESA), febrero 2019. Disponible en https://cipesa.org/?wpfb–dl=295

***. Citado en Peter Fabricius, “Will free trade be Africa’s game changer?”, ISS Today, 23 mayo del 2019. Disponible en https:issafrica.org/iss-today/will-free-trade-be-africas-economic-game-changer

https://www.lavanguardia.com/vanguardia-dossier/20191105/471305866442/africa-cinco-grandes-nigeria-sudafrica-senegal.html?facet=amp