Poemas seleccionados de la antología Luz para todos (I) . Gazeta

-Adelaida Caballero, Cristian Eteo y Recaredo Silebo Boturu (compiladores) | POESÍA

Luz para todos es una pequeña antología de poetas muy jóvenes de Guinea Ecuatorial. Los compiladores son la antropóloga y también poeta Adelaida Caballero y los ecuatoriales Cristian Eteo y Recaredo Silebo Boturu.

Guinea Ecuatorial fue una colonia española hasta 1968 cuando declaró su independencia. Por lo tanto es de los muy pocos países africanos donde se habla el castellano.

Desde hace media década surgió en Guinea Ecuatorial una incipiente comunidad de autores novicios (unos más que otros) que busca utilizar la escritura en general y la poesía en particular para expresarse, reivindicar y hacer un llamamiento a la necesidad de descentralizar y democratizar el arte, la escritura y la creación artística fuera de los tradicionales centros culturales español y francés de Malabo y Bata. El primer taller de maquetación casera organizado por Locos por Cultura e impartido por Adelaida Caballero en noviembre de 2018, así como el nacimiento del sello casero Habitación 323 (el número de habitación de la tallerista en el Hotel Tropicana de Malabo), vino a formar parte de los esfuerzos orientados hacia esta misión descentralizadora.

Es opinión de los compiladores que la pericia de los colectivos en el manejo de los talleres y los recursos de producción ha contribuido a abrir un túnel que conduce hacia la liberalización de las letras en el país,

Los jóvenes poetas de Guinea Ecuatorial quieren mirar con optimismo hacia el futuro, dejando constancia de su presente y se han lucido sacando los colores que llevan dentro, con ímpetu, con naturalidad, con belleza y rabia contenida. Han alzado sus voces silenciadas en un grito desgarrado. Ojalá alguien pudiera escucharlos.

Los compiladores



Nosotros

Luis Nsue Mia (Mikieng Onvang, 1996)

Somos almas de la noche,
«hijos del diablo», dicen,
por ser disímiles
y no pensar como ellos.
Somos los espíritus errantes
de una generación diluida
y reencarnada en el verso.
«Chicos de ahora», nos llaman
Y también «delincuentes»
«incultos» y «drogatas».
Dicen que somos rebeldes
por preguntar por qué.
Somos las penas, el hambre
          lágrimas en el ojo
de cualquier desterrado.
Somos esos chicos atrapados
en medio del fuego cruzado
entre la corrupción y la pobreza.
Somos la generación perdida
que entre cenizas brota
y escribe sobre cada desventura
queriendo atar los cabos
de una barca que zarpa
lentamente a la desgracia.


Carta n10 / Madre

Alfredo Junior Abe (Malabo, 2000)

Los postes de mi calle
disimulan su asombro
en un intento de tocar mi oscuridad
con su ruidosa «electricidad para todos»,
perpetuan la promesa amortizada
con las lágrimas de niños que descansan,
in eternis pacem, en mataderos asiáticos;
niños que regresan a la gloria del señor incluso antes de nacer,
y mientras, vierte el padre ausente
su jarabe negro de ceniza
caliente
sobre la tumba nueva de su nombre y sin memoria,
entre tanto charco que uno duda en dónde pisa,
si pisa un reflejo o el suelo bañado
en el líquido amniótico de los sacrificios
del amor a medianoche –más abajo,
otra viuda negra,
sigue en cuclillas, encharcando más.


Orgullo negro

Homero Nchuchuma (Kogo, 1995)

Otro día más que despierto y me siento completamente feliz. Otra mañana
               de sol infernal en que reluzco bajo el firmamento, en que brillo
entre               los focos. El día que lo descubrí, el calor sofocaba y la brisa
me acariciaba el cuerpo

hasta el punto de hacerme sentir más feliz que un magnate en su butaca, fumando un puro,
y comiendo no sé cuántas cosas más. Entonces me di cuenta: soy negro. Soy perfectamente negro. Soy negro y por eso reflejo la luz, puedo dejarme ver. No soy oscuro. Las cosas oscuras son las que no pueden dejarse ver.
Esa mañana, al darme cuenta de que era espléndidamente visible
               bajo la luz del sol, dije «¡Wau, se me puede ver a perfección!»
Entonces me acerqué a la multitud, me acerqué para confirmar mi descubrimiento.
Todos me tocaban, pero mi piel no les manchaba los dedos. Vi que podía corretear
e la emoción y mi cara seguía intacta, sin líneas verdes. Aquello que sentía era tan fuerte,
          que me caí.

El golpe me dolió. Mi piel, sin embargo, era la misma de siempre, gruesa y fina al mismo tiempo y tan perfecta, que no vi en ella bulto ni rasguño. No se me hizo tomate la piel.

¡Wau, qué orgullo ser lo que soy, qué emocionante ser negro! Porque de verdad, me gusta y me siento orgulloso de ser de este continente que tan intrigados tiene a los arqueólogos, que inspira a los escultores. Me enorgullece saber que mis tierras son las únicas que la gente lleva en sus cuellos como medallas.

Ahora, cuando vuelvan a llamarme «oveja negra», responderé simplemente que sí, que soy una oveja negra que no necesita del pastoreo blanco. Cuando me digan la «patera negra», les recordaré que soy también el oro negro por el que se pelean todos; soy los diamantes negros que bombean ingentes cantidades de dinero. Entonces, soy sencilla y orgullosamente negro. Negro de piel, negro de actitud; porque lo negro es el poder de la negritud.


No ha valido la pena (fragmento)

Leoncio Marquez (Annobón/ Bata, 1995)

Grandes eslóganes gritamos
mientras Somalia suplica por un poco de arroz.
Si eso es «negritud», pues conmigo no contéis.
Si esta es la herencia de Nelson Mandela,
de las largas luchas contra el Apartheid,
de defender y exigir un ideal,
pues claro que comprenderán mi asombro.
Si es así la herencia de Nkrumah,
de Sedar Senghor, Francisco Lumumba,
entonces saben tanto como yo,
que ellos no descansan en paz.


Juguemos a ser hombre

Juliana Mbengono (Ebibeyín, 1996)

Juguemos a ser hombre:
llevemos corbata y traje,
pantalones grandes también.
Seremos buenos dirigentes,
excelentes padres de familia.

Los que controlan la vida.
Juguemos a ser hombre:
personas con suficiente salario,
trasnochadores sin descanso.
Amantes de muchas esposas,
borrachos sin miedo,
padres de hijos hambrientos.

Juguemos a ser hombre:
hablemos mal de alguna,
seamos propietarios de personas.
Calvos o cabelludos
tendremos una figura imponente.
Nuestra opinión será valorada.
Juguemos a ser hombre:
escarmentaremos en la cama
a la que no sepa comportarse
y señalaremos con orgullo
a aquel que es nuestro hijo
criado por una examante.
Cristo en la tierra fue hombre,
Los ángeles, ¿serán hombres?
El Todopoderoso no es Todopoderosa.
¿Qué mejor que jugar a ser hombre? 


Continuará

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