Pocho Guimaraes, un artista guineano que trata que los tapices bailen. Benita Sampedro Vizcaya. fronterad

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Entre el 2 y 13 de julio de 2018 se celebró en Madrid, en la sede de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y organizado por el Centro de Estudios Afro-hispánicos, un seminario internacional titulado ‘Revisitando las descolonizaciones africanas: 50 años de la independencia de Guinea Ecuatorial’, en el que participaron más de 140 ponentes provenientes de numerosos países: Guinea Ecuatorial, Gabón, Camerún, Costa de Marfil, Ghana, Gambia, Alemania, Suiza, Italia, Francia, Bélgica, Holanda, Dinamarca, Reino Unido, Jamaica, Estados Unidos y, por supuesto, de muchas partes de España. El programa, generado a partir de todas las contribuciones, cubrió numerosas disciplinas y ámbitos del conocimiento y la creatividad: desde la historia colonial o el testimonio al derecho, la literatura, la fotografía y los estudios de la imagen, la crítica de la cultura, los estudios de género, la lingüística, el teatro y las artes escénicas, las artes plásticas, el cine, la musicología, las relaciones diplomáticas, la medicina y las ciencias de la salud, la educación, la antropología, la arquitectura y el urbanismo, las ciencias políticas y el periodismo. Entre los ponentes se incluían académicos y profesores, escritores, artistas plásticos, activistas, fotógrafos, arquitectos, abogados, periodistas y comunicadores sociales, políticos, diplomáticos o trabajadores de la salud.

Este seminario internacional, aunque especial por coincidir este año con el 50 aniversario de la independencia de Guinea Ecuatorial como colonia española –que se produjo el 12 de octubre de 1968– es el quinto de una serie de encuentros que anualmente se han venido celebrando en la sede de la UNED en Madrid, desde que en julio de 2014 se iniciara esa tradición bajo los auspicios del entonces naciente Centro de Estudios Afro-hispánicos (CEAH). El CEAH es un centro de investigación multidisciplinar, plural, abierto, independiente, transversal y de aspiraciones claramente internacionalistas, fundado por un equipo de profesores de la UNED, liderado por Juan Aranzadi y actualmente dirigido por Paz Moreno Feliu. El CEAH y sus miembros asociados se han propuesto desde un comienzo como objetivo prioritario tejer redes expansivas de contactos, colaboración, conocimiento, experiencias, fuentes, producción y difusión. Es por esto (y no por azar) que se ha seleccionado la imagen de un tapiz (de Pocho Guimaraes) para presidir la portada del programa del seminario, por su potencialidad simbólica como concepto semántico aglutinador. Es, por tanto, una invitación deliberada a todos aquellos que deseen sumarse, de manera activa y determinante, a esa red de textualidades. Después de todo texto, textil y tejer comparten todos una misma raíz etimológica.

Pocho Guimaraes, conocido como Plácido Bienvenido Guimaraes Malabo Muatariobo, nació en tránsito, en el pueblo de Basupú (isla de Bioko) en el año 1951, cuando sus padres estaban de camino entre Moka y la ciudad capital, entonces llamada Santa Isabel (hoy Malabo). Su genealogía familiar es el más claro ejemplo de las complejas relaciones transterritoriales y transétnicas que componían el tejido social de la isla de Bioko (antiguamente Fernando Poo) durante el siglo XX: su abuelo materno, Francisco Malabo, es conocido en la historiografía colonial como el descendiente del último rey bubi. Su abuelo paterno, Sebastián Guimarães, salió de Coimbra, en Portugal, para establecerse con una plantación de palma en la isla de Príncipe durante el apogeo de este producto comercial, en las primeras décadas del siglo XX. Su abuela paterna, Andrea Adostia Taborda, hablante de pichi y que se identificaba a sí misma como criolla, viajó con frecuencia entre Basupú y la isla de Príncipe, con la licencia que le otorgaba durante el régimen colonial español su condición de emancipada.

Pocho, como muy pronto se le conoció familiarmente, pasó su infancia entre Santa Isabel, Basupú y Moka donde, como único hijo varón de su madre, le hace depositario su abuelo Francisco Malabo de muchas de las tradiciones familiares. De él aprendió a respetar los lugares sagrados de los bubis, a conocer los secretos del bosque, y que el mejor arte que hay en la vida es el de la longevidad. Pero a los 10 años sus padres eligen para él un modelo de formación conforme a los cánones occidentales y lo trasladaron a la ciudad de Bata, para asistir como alumno interno al colegio La Salle. Unos meses después de la independencia del país, en el año 1969, Pocho regresará a Malabo y, ante la carencia de cuadros profesionales para asumir todas las vacantes administrativas, con apenas 18 años le encomiendan la plaza de profesor de dibujo en el instituto Cardenal Cisneros de Malabo.

Pronto comenzará la crisis política y humanitaria que sufre Guinea Ecuatorial bajo el gobierno de Francisco Macías Nguema (1968-1979). El padre de Pocho, Abilio Guimaraes Taborda, que era técnico electrónico y quien había montado la emisora de radio de la capital en los años 60, fue luego contratado como técnico de comunicaciones de la presidencia de Francisco Macías, y fue también el primer miembro de la familia víctima del régimen. Falleció a causa de las torturas que le infligieron en 1971. Era militante del Movimiento para la Liberación de Santo Tomé y Príncipe y es el mismo Movimiento de Liberación el que saca de Malabo a su hijo Pocho, tras su muerte, y le traslada a Madrid con una beca, donde reside por espacio de tres años, en su condición de apátrida. Recibe entonces una segunda beca por parte del Movimiento, para realizar estudios superiores en el extranjero, y con ella se marcha a la Unión Soviética, todavía bajo la dictadura de Franco en España y en el contexto de la guerra fría a nivel internacional. Se matricula en la universidad de Kiev para estudiar ruso y arquitectura urbanística y de diseño, entre los años 1974 y 1977.

A su regreso se instala en España, y se matricula en Valencia en la facultad de Bellas Artes: es aquí donde despega de manera definitiva su faceta artística por la que lo conocemos hoy. Ya en Madrid, entre los años 1980 y 2000, que coinciden con los de la efervescencia cultural de la ciudad, colabora en múltiples proyectos relacionados con la pintura, la música, la danza y el teatro. Realiza numerosos espectáculos multimedia, proyectos artísticos y exposiciones en equipo y en solitario. Como actor trabajó con Antonio Mercero en la película Espérame en el cielo (1988) y con Pedro Almodóvar en Tacones lejanos (1991); también trabajó en un programa de televisión de Antena 3 titulado Inocente, inocente y en numerosos anuncios televisivos y publicitarios.

En 2010 Pocho Guimaraes decide regresar definitivamente a Malabo, en donde vive desde entonces. Allí continúa pintando, trabando la escultura y haciendo instalaciones, pero pronto decide entregarse por entero al arte textil y la elaboración de tapices. El tapiz le sirve especialmente para integrar bajo un mismo concepto artístico muchas expresiones que le interesan y que le han venido acompañando desde la infancia, en particular la danza, el ritmo y la percusión. Desde hace un tiempo estudia la génesis, cadencias y prácticas de la danza ritual del bonkó (que bailó desde niño en su ciudad natal) tal y como se ejecuta hoy en Malabo. Se propuso desterrar del tapiz su posible rigidez, su condición de objeto estático sobre una pared, para ponerlo en movimiento, explorando las texturas, el volumen y activando la estética del tacto. Situándose en los intersticios de la relación entre arte y artesanía, sus tapices esquivan o transgreden con fluidez y soltura esas categorías. En la selección de materiales combina la nipa, la lana, la cuerda, el macramé, la madera, la cerámica, la concha, la lata, el papel y el plástico para producir sensaciones cromáticas y táctiles, mientras que el uso de la máscara activa un juego de representaciones. Para Pocho Guimaraes el textil es como una segunda piel pues, como le gusta recordarnos, estamos todos formados por tejidos. Esa relación semiótica entre textil, tejido y texto nos ayuda a reflexionar conceptualmente sobre las redes de conocimiento y transferencia que intentamos construir.

Benita Sampedro Vizcaya es profesora en la universidad de Hofstra, en Nueva York, especializada en estudios sobre el colonialismo.

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