MISERIA COLECTIVA. Nchuchum Miko Abogo. Facebook

Un encuentro casual con un ferviente defensor del boicot, que me increpaba en los términos habituales, llamando «traidor» a Andrés y a CPDS, daba un resultado inesperado para mi interlocutor. Con aire cansado y algo molesto por lo inoportuno, le ponía como referencia a Camerún, en el sentido de este tweet de Andres Esono Ondo:

«Elecciones presidenciales en Camerún en 2025. Los grandes partidos (MRC de Kamto y SDF de Fru Ndi) ya preparan la gran coalición para enfrentarse a Biya en un sistema plagado de irregularidades, como en toda África central. Nadie habla de boicot. En GE ocurre todo lo contrario.»

Con evidente enfado, me reprochaba que me «atreviera» a comparar la situación de la oposición de Camerún y Guinea, porque, decía él, el margen de actuación de la oposición de Camerún es mucho mayor que el que dispone la oposición en nuestro país. Y tenía razón; pero le pregunté si, en su opinión, Camerún es una democracia. Respondió que no. Insistí, y le pedí que me dijera si él percibía que lo era, y repitió que no, si bien, esta vez, con un gesto de quien se veía obligado a reafirmar lo que había dejado claro y era evidente.

En efecto: Camerún mejora a Guinea en todos los aspectos. Una oposición más amplia y de mayor arraigo en el interior del país. Una presencia mayor e ininterrumpida en el parlamento (actualmente 32 escaños de 180) y en otras instituciones. Una mayor realización de derechos políticos y libertades civiles. Mejores indicadores en pluralismo político, competencia y participación, y funcionamiento del gobierno. Mejores indicadores en libertad de expresión, derechos de asociación, estado de derecho, autonomía personal y derechos individuales. Todo mejorado en comparación con Guinea.

Entonces, ¿cómo es posible percibir y afirmar, sin ninguna duda, que Camerún es una dictadura, a pesar de sus indicadores mejorados en derechos políticos y libertades civiles, al tiempo que se mantiene que la sola concurrencia de la oposición a las elecciones, en Guinea Ecuatorial, confiere «legitimidad democrática» al régimen? Porque «legitimidad democrática» o «imagen de democracia» implica que desde el exterior nos perciben como una democracia ¿Por qué lo que contribuiría a dotar de una «imagen de democracia» al régimen de Obiang, no lo hace, sin embargo, para el régimen de Poul Biya? ¿Puede uno solo de los que persisten en esta falacia afirmar, con sinceridad, que Camerún es (o lo percibe como) una democracia?

Se demuestra, también por esta vía del razonamiento lógico y percepción subjetiva, que la postura de la oposición en el exilio no es, ni ha sido nunca, sincera, sino un conjuro anti-CPDS, una miseria colectiva que Ana Maria Owono Bindang define como «el yo o el caos de Obiang… Si no lo puedo hacer yo, si no lo hago yo, pues tampoco lo va hacer nadie que no sea yo».