Marruecos o Argelia dos salidas alternativas para el gas africano. Juan Peña. Atalayar

Los avances del reino marroquí en sus negociaciones con Nigeria por desarrollo un gasoducto off-shore han alertado al Gobierno argelino

Juan Peña

Los ministros africanos celebran el acuerdo.| PHOTO/ Cámara Africana de Energía

Los ministros africanos celebran el acuerdo.| PHOTO/ Cámara Africana de Energía  –   Los ministros africanos celebran el acuerdo.| PHOTO/ Cámara Africana de Energía

Dos proyectos de gasoductos se enfrentan en el panorama africano. Nigeria se debate entre las opciones argelina y marroquí para dibujar el esquema del futuro energético en África. En esta batalla, el Gobierno argelino ha rescatado su propuesta transahariana para entorpecer las intenciones marroquíes de hacer prosperar su proyecto de gasoducto off-shore.

El pasado 15 de febrero, el ministro de Energía argelino, Mohamed Arkab, firmó con sus homólogos nigeriano y nigerino, Timipre Sylva y Mahamane Sani Mahamadou, los Acuerdos de Niamey. El acuerdo tripartito entre Níger, Nigeria y Argelia rescató así el proyecto de los años 80 para llevar gas no licuado desde Nigeria hasta Argelia y después a Europa a través de los conductos de la empresa de gas argelina, Sonatrach.  El acuerdo se constituye de una hoja de ruta común para poner en marcha el proyecto con vistas a 2027. Un proyecto muchas veces enterrado y tantas otras revivido.  

Con una longitud total de 4.128 km, el gasoducto transahariano partiría del complejo industrial de la ciudad de Warri, en Nigeria, hasta la wilaya de Laghouat, en el norte de Argelia. El conducto se ha diseñado para tener una capacidad anual de 30.000 millones de metros cúbicos de gas, aproximadamente el consumo anual de España. El principal problema al que se enfrenta el proyecto es su financiación. Los expertos africanos ponen en duda el proyecto argelino, tal y como apunta el diario Jeune Afrique. El coste del proyecto y las fuentes de financiación son aún desconocidas, y las intenciones de los gobiernos firmantes del Acuerdo de Niamey podrían ser más de cara a la galería que serias propuestas.  Al problema del dinero se añade el de la seguridad. Tanto Níger como el desierto sur de Argelia son regiones de fronteras altamente porosas y con muy poco control por parte de los Estados.

Un trabajador hace labores en un gasoducto PHOTO/ Cámara Africana de Energía
Un trabajador hace labores en un gasoducto PHOTO/ Cámara Africana de Energía

En Níger, el contingente militar francés y europeo Barkhane lucha contra el terrorismo y el bandidaje desde 2014. El gasoducto cruzaría una región conocida como “Les trois frontières”, por la confluencia de Burkina Faso, Mali y Níger. Una zona muy peligrosa por la que campan a sus anchos grupos armados como Boko Haram. 

Declaraciones de fuentes diplomáticas recogidas por el periodista Mohamed Mamouni al-Alaui para el diario Al-Arab han apuntado a su vez que la acción exterior de Argelia en Nigeria y Níger busca más que otra cosa entorpecer el desarrollo de la propuesta marroquí a través de sus grupos de presión en Nigeria. La firma del Acuerdo de Niamey fue principalmente instigada por Argel para responder a los intentos de Marruecos de poner en marcha la construcción del gasoducto Off-shore.

Frente al proyecto trans-sahariano Marruecos propone una ampliación del West African Gas Pipeline, un gasoducto que recorre la costa del África del Oeste, desde Nigeria hasta Marruecos y después Europa a través de España. 

El West African Gas Pipeline, en funcionamiento desde 2006, es una infraestructura impulsada por la CEDEAO y ahora en su mayoría propiedad del grupo estadounidense Chevron, además de la empresa nacional de energías nigeriana y la Shell. Conduce gas desde Lagos hasta Ghana a lo largo de 600 kilómetros que bordean las costas del golfo de Guinea.  En 2016, ante la parálisis del proyecto trans-sahariano, la diplomacia marroquí movió sus fichas en Nigeria para proponer la ampliación de la infraestructura, siguiendo la línea costera hacia el norte para llevar a Europa una estimación de 40.000 millones de metros cúbicos de gas no licuado al año. 

Los ministros encargados de los recursos petrolíferos de Nigeria, Níger y Argelia han rubricado una declaración tripartita, conocida como "Declaración de Niamey", para el relanzamiento del ambicioso y antiguo proyecto de "Gasoducto Transahariano" (TSGP) PHOTO/ Cámara Africana de Energía
Los ministros encargados de los recursos petrolíferos de Nigeria, Níger y Argelia han rubricado una declaración tripartita, conocida como «Declaración de Niamey», para el relanzamiento del ambicioso y antiguo proyecto de «Gasoducto Transahariano» (TSGP) PHOTO/ Cámara Africana de Energía

Entre las particularidades del proyecto está la implicación de un gran número de países africanos, por los que pasaría el gasoducto. Hasta 11 países se verían afectados por la construcción del gasoducto Nigeria-Marruecos, una de las principales bazas de Marruecos para promover esta infraestructura. Convertirían el West African Gas Pipeline en un conducto de 5.660 kilómetros de largo, lo que convertiría a la obra en el gasoducto más largo del mundo. 

En 2016 se lanzó un estudio para comprobar la viabilidad del proyecto marroquí, y en diciembre de 2021 se puso el tema de la financiación de forma seria sobre la mesa. Entró en juego el Banco Islámico de Desarrollo. La organización financiera con sede en Arabia Saudí se ofreció a financiar hasta 29,75 millones de dólares para el proyecto en una reunión telemática celebrada entre la ministra de Economía y Finanzas marroquí, Nadia Fettah, y su contraparte nigeriana. 

Europa también tiene mucho en juego en el desarrollo de estos proyectos, especialmente tras el estallido de la guerra en Ucrania, que ponen por tierra las opciones de obtener gas ruso a través del NordStream 2. La opción marroquí parece más apetecible, en concreto para España, después del giro del Gobierno de Pedro Sánchez en la cuestión del Sáhara Occidental, que ha enfurecido a Argelia. 

Días después del cambio de postura español, a favor de la resolución marroquí del problema del Sáhara, la empresa nacional argelina Sonatrach ha hecho público que revisará sus precios de gas para España, mientras los mantiene iguales para el resto de los países a los que proveé. El suministro de gas en manos de un gobierno inestable y próximo a Rusia, hacen del proyecto de gasoducto sahariano uno poco atractivo en los despachos de Bruselas, en caso de poder repetirse el error del NordStream 2 de Gazprom.  

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