“Mantener el idioma”. Capítulo 65 de Guinea Ecuatorial, la ocasión perdida. Juan María Calvo.

Capítulo 65.MANTENER EL IDIOMA.

Desde el comienzo de la cooperación española en Guinea, tras el derrocamiento de Macías, la educación y la cultura se han llevado una parte sustancial del presupuesto. Una vez que Guinea Ecuatorial entra en la UDEAC y que España cede su papel de potencia responsable del desarrollo guineano, se va reduciendo la dispersión de la cooperación y la mayoría de los recursos se destinan al área educativa, casi el 40 “A del total del presupuesto. El objetivo fundamental es evitar que se pierda el idioma español en Guinea, una misión casi imposible.

El  presidente  de la Real Academia de la Lengua, Rafael Lapesa, en  una conferencia que sirvió para clausurar el ciclo 1987-1988 en el Club Siglo XXI, declaró que “España carece de una de propaganda lingüística y cultural suficientemente eficaz”. Lapesa subrayó la necesidad de impulsar una  política que favorezca el desarrollo de la lengua  española en mundo, creando organismos educativos comparables a  la Alliance Francaise o al British Council, y señaló que los ejemplos actuales donde se observa una “amenazadora decadencia del español son Marruecos y Guinea Ecuatorial”.

Sin embargo» de los 1.80O millones de pesetas presupuestados en la cooperación bilateral para 1988, 551 estaban destinados a la educación, 69 a la UNED, 55 a la cultura y 84 a los medios de comunicación social, objetivo que en buena medida perseguía el mismo fin, el mantenimiento de la cultura e idioma español. Buena parte de los 310 millones destinados a la administración general de la cooperación estaban también relacionados, indirectamente, con este apartado.

Guinea tenía uno de los índices más altos escolarización primaria durante los últimos años de la colonia, pero Macías persiguió a los maestros y deshizo la estructura educativa del país. Una generación creció en el analfabetismo y el nivel cultural del país descendió dramáticamente. Según un informe de la ONU redactado en 1979, “los niños en edad escolar atraviesan una situación crítica. Las escuelas son vetustas y prácticamente desprovistas de materiales educativos, de libros, sillas y pupitres. Apenas quedan maestros y muchos de los profesares no han recibido ninguna formación”. Los cooperantes españoles tuvieron que partir de cero, sin aulas, sin el apoyo de profesores nativos, sin material escolar y, por supuesto, sin planes ni textos.

En la introducción del Plan Marco de Cooperación entre el Reino de España y la República de Guinea Ecuatorial, firmado en noviembre de 1985, se anotaba que “la difusión del idioma, la promoción educativa y, sobre todo, la potenciación y extensión cultural en Guinea Ecuatorial se consideran contenidos esenciales y prioritarios de la Cooperación Española”.

Con este objetivo se han desarrollado diversos programas de formación   de profesores, educación primaria, secundaria, profesional y superior. En este último campo hay que señalar que se conceden una veintena de becas universitarias en España y que más de medio millar de alumnos siguen cursos en la UNED, de Preacceso, Acceso Directa, Ciencias de la Educación, Derecho, Filología, Ciencias Económicas, Ciencias Empresariales, Geografía e Historia y Ciencias de la Educación. En la UNED trabajan unos 60 profesores, de los que la mitad son guineanos, y se considera a esta institución como el embrión de una futura universidad guineana.

En el área de Cultura el objetivo es el fomento del idioma, con la creación de centros culturales en Malabo, Bata y en otras capitales de distrito, proyección de películas españolas, instalación de 9 bibliotecas con al menos 200 volúmenes cada una, edición de libros, convocatoria de premios y certámenes literarios y culturales.

Tras la celebración en 1984 del Congreso Internacional Hispánico-Africano de Cultura, en el que se resaltó la vinculación entre África negra e Hispanoamérica, se propuso organizar una segunda parte en España, antes de 1989. En la IV reunión de la Comisión Mixta, que tuvo lugar en Madrid en noviembre de 1986, se acordó como tema prioritario para 1987 la celebración en España del II Congreso Hispánico Africano de Cultura. Un diplomático español afirmaba que los guineanos estaban incluso muy interesados en institucionalizar cada cierto tiempo un congreso “a mayor gloria suya, pero nosotros no estamos por la labor”. El diplomático consideraba “que puede ser oportuno e importante fortalecer la presencia guineana en el mundo hispánico, pero los guineanos lo que quieren es que se mantenga una estructura permanente del Congreso en Guinea, todo ello pagado por España”. El del 84 fue un éxito en cuanto a la potenciación de un interés real que existe en África por lo hispano, especialmente en Camerún, pero las autoridades españolas no terminan de ver clara la rentabilidad que puede tener convocar un segundo congreso de cultura.

También estaba considerado como un objetivo prioritario la puesta en funcionamiento del periódico Ébano, otro de los grandes fracasos de la cooperación española y, en el área de medios de comunicación social, la instalación de una emisora de difusión cultural, bautizada desde muchos años antes como “África 2000”, inaugurada finalmente, con dos años de retraso, en octubre de 1988. En otros planes se proponía la potenciación de la televisión y la creación de una red de teleclubs, aunque esto siempre se ha estrellado con la realidad de la falta de energía eléctrica en la mayor parte del territorio nacional.

La puesta en funcionamiento de “África 2000” costó unos 90 millones de pesetas y sus costes de explotación se cifraban a finales de 1988 en unos veinte millones de pesetas anuales, sin contar los salarios de los cooperantes españoles. El objetivo era difundir la lengua y cultura española y extender la educación y recuperar el patrimonio cultural de Guinea Ecuatorial. En sus programas, emitidos en frecuencia modulada y onda corta, estaba previsto incluir alfabetización de adultas, ayuda a maestros, campañas de divulgación y prevención sanitarias y educación superior al servicio de los docentes de la UNED, sin olvidar espacios dedicados a la actualidad cultural guineana, su pasado, su proyección futura y la música. Después de un periodo máximo de diez años la cooperación española deberá entregar la dirección de la emisora al Ministerio guineano de Cultura.

Este programa “de indudable interés y razonable costo -mucho más rentable que el mantenimiento de la televisión- fue posible gracias a la ayuda técnica y profesional de la Radio y Televisión Española. Bajo la dirección general del delegado de RTVE en Guinea Ecuatorial, José María Valle, su plantilla estaba prevista para 25 profesionales guineanos y ocho expertos españoles.

Nueve años tardó España en convertir en realidad esta idea, cuya necesidad se acordó poco después del golpe de 1979. Cuando se inauguró la emisora, el 16 de octubre, no asistió ningún ministro guineano, pues entonces las relaciones se habían ido enfriando y ya estaba claro que el francés avanzaba en forma imparable.

Como indicaba Jeune Afrique a finales de octubre, el éxodo guineano del periodo de Macías no se había detenido con el régimen de Obiang. En Gabón había unos 50.000 guineanos, unos 30.000 en Camerún, 15.000 en Nigeria y hasta en las vecinas islas de Sao Tomé y Príncipe se habían instalado unos dos mil guineanos.

Estos emigrantes, casi dos tercios de la población total, enviaban divisas fuertes al país obtenidas descargando barcos en los muelles de Duala o prostituyéndose en las calles de Libreville y “otra ventaja”, decía el semanario, es que favorecían la superación de la “insularidad lingüística” de Guinea al aprender francés, inglés o portugués. Según Jeune Afrique, la incomunicación que se producía entre los guineanos del interior y los jóvenes que aprendían francés en las escuelas de otros países, además del hecho de que en la OUA sólo se utilizara el inglés, francés, árabe y portugués y de la pertenencia a la UDEAC habían provocado un “rompecabezas” para las autoridades de Malabo. Por esta razón, Obiang declaró en 1988 obligatoria la enseñanza del francés en las escuelas guineanas, algo que la revista no sabe si supone “un nuevo sometimiento o, al contrario, de manera paradójica, la nueva liberación”.

Junto con los médicos y ayudantes técnicos sanitarios, los profesores y maestros españoles han desarrollado una meritoria labor en Guinea a lo largo de estos años, especialmente dura en las lugares más alejadas de Bata, en el interior Río Muni. La mayoría de los cooperantes que desempeñan sus tareas fuera de Malabo y Bata son religiosos y religiosas, los únicos que aceptan permanecer en lugares sin luz ni agua corriente, en unas condiciones durísimas. Además, tienen una salario tres veces inferior al resto de los cooperantes, viajan menos a España y tienen menos días de vacaciones. A cambio, ellos realizan su actividad misionera proselitista y dan a la educación una profunda orientación religiosa.

La Federación Española de Religiosos de Enseñanza (FERE), a la que pertenecen los enseñantes, organiza campañas de dinamización cultural o auxilio sanitario en verano, con voluntarios españoles que se pagan ellos mismos el viaje (unas 160.00O pesetas) y pasan dos meses en Guinea. El impulsor de esta idea es el hermano Manuel Fernández Magaz, coordinador de la FERE en  Guinea  y  cada  año participan  en  estas  tareas casi dos centenares de voluntarios.

Fernández Magaz opina que “España no puede, no debe, renunciar a los compromisos que, como país colonizador, ha contraído con su ex-colonia: lazos de sangre, religión, lengua, cultura y economía, entre otros… Si se ha perdido el tren en diversas áreas de la cooperación, España tendría que mantenerla para proteger y potenciar los valores hispánicos”.

Aprovechando la primera visita de parlamentarios españoles a Guinea Ecuatorial, en septiembre de 1988, la FERE lanzó airadas acusaciones contra el Gobierno español sobre la situación de la cooperación. Santiago Martín Jiménez, secretario general de la FERE, aseguraba que los políticos españoles “no tiene ni idea de política internacional”, cosa que según el religioso demostraban al rasgarse las vestiduras por el hecho de que en Guinea no exista una democracia, algo que era. juzgar a los países africanos con esquemas occidentales. Se lamentaba de que no hubiera una política de Estado, por encima de las diferencias partidarias, con el fin de afianzar y extender la cultura española en África desde el único país de habla hispana, y aseguraba que si desaparecía el español de Guinea sería por culpa de los propios españoles, no de los guineanos ni de los franceses.

La FERE entregó un informe muy crítico a los parlamentarios en el que se decía, que “a nosotros no se nos conoce en Guinea por ser cooperantes españoles, sino, por ser religiosos-as”. Añadía que “la FERE tiene su acuerdo particular con el Gobierno de Guinea, mucho más amplio y generoso para ambas partes que el que tenemos con nuestro Gobierna español”.

Una última muestra del desentendimiento entre España y Guinea, especialmente triste en materia cultural, son las periódicas reclamaciones de las autoridades guineanas de devolución de objetos de arte y etnografía almacenados en museos, o en sótanos, de la antigua metrópoli.

Desde su regreso a Guinea en 1981, Leandro Mbomio, un notable escultor que vivió en España durante la dictadura de Macías y es ministro de Cultura desde 1982, ha reclamado a España la devolución de algunos objetos etnográficos bubis y fang almacenados en el Museo Etnológico de Madrid. Especialmente insiste en recuperar una colección de cráneos pero la directora del museo, Pilar Romero de Tejada, asegura que ellos no tienen ningún cráneo guineano. “Nosotros redactamos una relación de objetos duplicados, a petición de las autoridades guineanos, pero jamás nos la volvieron a pedir”, afirmaba la funcionaría. Los especialistas del Museo mantienen que la conservación de los objetos es muy difícil, incluso en España. En Guinea, apenas sin medios, es previsible que duren poco tiempo en buen estado. Además, las maderas y objetos frágiles, casi todos traídos a finales del XIX y principios del XX, se han aclimatado ya a las condiciones de humedad y temperatura de Madrid y el regreso al ambiente tropical podría ser fatal.

Los españoles que residen en Guinea coinciden en que dentro de unos años -unos hablan de 50 y otros de 20- el español será tan sólo un recuerdo histórico en el único país africano que habla el idioma de Cervantes.

http://www.asodegue.org/hdojmc65.htm