Manoliño Nguema: sangre ecuatoguineana, alma gallega. Laura Feal. El País

Laura Feal

Guía de Isora 17 FEB 2020 – 23:48 CET

Recuerda de su llegada a Galicia, allá por 1969, el frío, la lluvia y la sorpresa de la gente al ver a un negro: “¡Es que tenéis una cara tan difícil!”, se excusaban sus vecinos. Marcelo Ndong ríe al rememorarlo. Llegó a Ourense siendo un niño, con apenas 14 años y se quedó allí 25, un cuarto de siglo. Lo suficiente para entender, cuando volvió a su Guinea Ecuatorial natal, qué es la morriña. “La morriña no se explica, se canta”, dice entonando con su guitarra aquel cantar gallego tan conocido “Catro vellos mariñeiros…”

Este veterano artista, multidisciplinar y carismático, conocido como Manoliño Nguema, es el protagonista del documental homónimo del director alicantino Antonio Grunfeld (Alcoy, 1983), que acaba de ser galardonado con el premio del público y una mención especial del jurado en la 13ª edición del Festival y Mercado internacional del Cine Documental MiradasDoc celebrado en Guía de Isora (Tenerife) la pasada semana. La nominación a los premios del audiovisual gallego Mestre Mateo augura una prometedora carrera a este trabajo abanderado por la ONG Waka Films y la productora Filmika Galaica, con la colaboración de la Asociación Galega de Reporteiros Solidarios (AGARESO).

 “El año 68 tiene muchas cosas. Guinea gana la independencia (de España), Macías gana las elecciones y a mí se me concede una beca para ir a estudiar a España, en concreto al Circo de los Muchachos en Ourense”, describe Marcelo Ndong en la película. Comienza así un viaje vital en un país que pronto corta todo tipo de relación con su excolonia. Sin noticias, sin información, sin comunicación con su familia y su país durante 10 años: “Guinea Ecuatorial, materia reservada”, dictaminó Fraga Iribarne. “El desconocimiento de Guinea por parte de la ciudadanía española es absolutamente asombroso”, explica Grunfeld, “se sabe mucho del petróleo y de Obiang pero poco del país o de su cultura. Allí no es así: se habla español, se ve Aquí no hay quien viva y se escucha Camela. España sigue muy presente”.

Mientras el tardofranquismo seguía enfadado por la elección del comunista Macías, Marcelo Ndong participaba en aquel laboratorio de educación popular creado por el padre Silva, en Benposta. “La Ciudad de los Muchachos fue un experimento, un intento que pretendía demostrar que otro mundo era posible”, explica. Pronto adquirió el Circo de los Muchachos —la primera escuela de circo de toda Europa—, que le llevó a dar la vuelta al mundo en varias ocasiones.

“El gancho de la película es su presentación como una historia positiva de la migración, en estos tiempos tan hostiles. Sin embargo, a nosotros nos chirría describirlo así ya que creemos que todas las migraciones son positivas en el sentido de que buscan un futuro mejor”, afirma el director. “Es una historia de los lazos que nos unen, y también del poder sanador de la cultura”, cuenta sentado en una terraza tinerfeña. “El circo nutrió la juventud de Manoliño y le sirvió como herramienta para trabajar con cientos de niños guineanos. A su regreso a Malabo, se convirtió en motor del desarrollo y cultura en su país”.

Considerado como el padre del teatro moderno en el país ecuatorial, desde su vuelta en 1990, Ndong crea una compañía de teatro comunitario en Ebebiyin, su ciudad natal, funda y dirige la Escuela de Teatro y Circo de Malabo, imparte talleres en centros culturales y en 2013 inaugura la Casa de la Cultura Papaya también en la capital, que aúna a más de 300 jóvenes en torno a las artes escénicas. 

El documental de Grunfeld recorre todas estas extraordinarias experiencias vitales narradas por el propio Ndong, que hace constantes guiños a esa doble identidad gallega y guineana, como muestra su nombre artístico, Manoliño Nguema. En galego, Manoliño revela sus amistades de adolescencia, antiguas fotos muestran sus tournés mundiales con el circo e imágenes de archivo dan fe de la expectación de sus primeros espectáculos en Guinea. La fórmula elegida por el equipo de Grunfeld, con fuertes vinculaciones con el país donde han residido durante cuatro años, propone un buen equilibrio entre ternura y conciencia política. “No quisimos hablar demasiado de la situación política de Guinea Ecuatorial, que se toca de fondo. Quisimos hacer un trabajo amable, con el que se sientan orgullosas también las instituciones y sobre todo el pueblo”, comenta.

El resultado es un retrato entrañable, cuidado en ritmo, sonidos y fotografía, de un personaje que inundó de vitalidad y fantasía las escenas artísticas y los corazones de la gente tanto de Santiago de Compostela como de Malabo, como se demostró en los preestrenos de la película, en el Centro Cultural de España en Malabo, en la sede de la AECID en Madrid y en el festival gallego Play-Doc en Tui, donde tuvieron muy buena acogida.

La máscara fang de las tres caras

El hilo conductor del documental es el montaje y los ensayos de una obra teatral autobiográfica que no existía. “Pero el guion del documental avanzaba, hablando sobre una obra ficticia… ¡así que la creamos de verdad!” explica Gorsy Edú, actor, bailarín y coreógrafo, que asumió la dirección de la pieza, titulada Dos mundos que se tocan, que hoy tiene vida propia más allá de la película.

“Para mí fue muy gratificante crear el personaje de Marcelo, al que considero mi padre a nivel profesional. Lo que representamos es un cambio generacional sobre el escenario, y para ello me he inspirado en elementos de nuestra propia ancestralidad: a través de una máscara de la etnia fang con tres rostros que simbolizan lo que eres, lo que muestras y lo que los demás ven de ti” explica este guineano afincado en España desde hace 24 años.

En la obra teatral, titulada Dos mundos que se tocan, tres rostros y tres cuerpos se unen para dibujar las etapas de un mismo personaje: un Marcelo joven, ambientado en su llegada a la Ciudad de los Muchachos, en los años 70 representado por Raimundo Nnandongo (Russo); el Marcelo de los 90 de vuelta en Guinea, ya formado y poniendo en marcha sus proyectos culturales, interpretado por Gorsy, y un Marcelo actual, que acarrea el peso de la sabiduría, que encarna él mismo. “Abuelo, hijo y nieto en la escena”, reflexiona Gorsy, para quien este ejercicio de creación le ha servido para reunirse con su maestro (quien le consiguió una beca para formarse en el Centro Dramático Nacional en Madrid hace dos décadas) y su alumno, al que conoce de haber formado en Guinea.

Recién aterrizado en Ourense desde Bata, Russo se formará en el Aula de Teatro Universitaria de la ciudad. Las calles que hace cincuenta años acogieron a Marcelo son ahora las suyas, en una suerte de repetición de la historia. A diferencia de sus compatriotas, él no ha recibido una beca sino que ha podido venir gracias a las gestiones de muchas personas, en especial de Fernando Acosta, director de la MITEU (Muestra Internacional de Teatro Universitario de Ourense) donde el estreno de Dos mundos que se tocan recibió el premio del público el año pasado.

Chapurrea en gallego para mostrar su agradecimiento “para nosotros es imprescindible la formación”, afirma Russo por teléfono “es una apuesta individual, para poder decir con orgullo que soy artista y vivir de ello; y también colectiva, para tener herramientas para potenciar la cultura de Guinea Ecuatorial: hay mucho talento en mi generación”. Deja tras de sí su compañía de teatro, con sede en Bata y en Malabo, donde trabaja con más de 60 chavales, que sabe que le esperan para seguir formándose. “Soy optimista, y como Marcelo creo que tendré energía hasta los 112 años, así que tengo aún muchas cosas que hacer a la vuelta”, ríe.

Desde Madrid, donde ahora reside temporalmente, Marcelo reflexiona sobre la importancia del documental y de la obra de teatro, como herramienta para que España no se olvide de los que fueron sus compatriotas: “Fuimos españoles, y allí seguimos acordándonos. Aquí aun falta mucho que hablar sobre cómo fue el proceso descolonial. Hoy lo que necesitamos es formar a la juventud: tienen que venir a formarse en arte, en cultura, en agricultura, en lo que sea”, reivindica en la línea de la tercera pata del proyecto Manoliño Nguema: la reactivación de las becas de formación entre España y su ex colonia.

Cerrar el círculo del proceso de creación documental AfroLatam

En 2017 el Festival y mercado internacional de documental MiradasDoc se lanzaba a la experimentación con la puesta en marcha del laboratorio bautizado inicialmente como AfroEuroLatam y que hoy ha perdido su apellido europeo. En esta primera edición, junto a tres otros, fue elegido el proyecto de Antonio Grunfeld sobre Marcelo Ndong, aún en una fase muy embrionaria. “En Afrolatam lo debatimos, lo trabajamos conjuntamente, me aconsejaron cómo venderlo, y funcionó”, explica el director.

Tres años después su obra, ya terminada, es ejemplo para los organizadores. “Acompañamos a Grunfeld en el desarrollo de su proyecto, y hoy está a concurso en la Sección Nacional. Eso es lo que queríamos”, explicaba el director del MiradasDoc Alejandro Krawietz en Tenerife días antes de que Manoliño Nguema se llevase una mención especial del jurado y el premio del público.

Pese al éxito, Grunfeld sabe lo difícil que es vivir de hacer documentales. “Lo hacemos por amor y vocación”, confiesa, habiendo manejado un ínfimo presupuesto para hacer su trabajo entre dos países y con un equipo técnico mixto. “En la televisión solo quieren documentales sobre estrellas mediáticas o historias de superación y las historias africanas apenas tienen cabida”, explica y considera que las Islas Canarias tienen ese potencial de enlace con el continente africano por el “vínculo obvio y porque el público está más informado y es más receptivo”.

De sus pasos por Guía de Isora se lleva una valiosa red de contactos “y creo que un huequito en el mercado”. Él, que venía en 2017 con un trabajo, El secreto del bosque (también sobre Guinea Ecuatorial) que había tenido buena acogida, se va ahora con la sensación de salir consolidado de esta edición 2020.

https://elpais.com/elpais/2020/02/13/planeta_futuro/1581605991_133004.html