Los virus y las guerras del petróleo amenazan a los países africanos. Abel Coelho de Morais. Plataforma Macao.

La reducción del consumo de petróleo, resultado de la ralentización de la economía de China y de las repercusiones del brote de coronavirus a nivel internacional, ha creado problemas a los países que dependen de los ingresos del petróleo. Una nueva crisis sin final a la vista. 

«La lucha contra el coronavirus se está convirtiendo en una guerra para los mercados de exportación de petróleo», dijo un analista del mercado energético a principios de esta semana. Con víctimas conocidas: los países exportadores más dependientes de los ingresos del petróleo.

Entre ellos se encuentran países del África subsahariana como la República Democrática del Congo, el Gabón, Guinea Ecuatorial, el Sudán del Sur, Nigeria, el principal productor de petróleo del continente, y Angola, el segundo en importancia.

En Nigeria, el Ministro de Finanzas Zainab Ahmed ya ha admitido una revisión a la baja del presupuesto previsto con el barril de petróleo a 57 dólares. El FMI ha revisado el crecimiento del PIB nigeriano de un 2,5 a un 2 por ciento este año debido a las consecuencias de la crisis del petróleo.

La caída de los precios puede obligar a Nigeria a asumir más endeudamiento interno y externo para financiar el presupuesto. La consecuencia será un aumento de la deuda pública y repercusiones en la imagen y el rendimiento económico del país, con un aumento del costo de los préstamos.

Este escenario se ve agravado por el hecho de que los nigerianos todavía se están recuperando de la recesión de 2016.

Renegociación de la deuda

Angola, con un presupuesto para 2020 pensado cuando se creía que el barril oscilaba  en torno a los 55 dólares, debería seguir el mismo camino, anticipandose a la revisión del presupuesto y la renegociación de la deuda externa.

La caída de los precios del petróleo corresponde a la mayor disminución de su valor desde la Guerra del Golfo en 1991.

Emílio Londa, jefe de la oficina de estudio y planificación del Ministerio de Finanzas de Angola, reconoció que el país tiene dificultades para dar salida al petróleo ya extraído.

Por ejemplo, en la primera quincena de febrero, la CNBC anunció, citando fuentes de Capital Economics, que un cargamento de petróleo angoleño a bordo de un petrolero fue finalmente «vendido a precio de descuento» en el mercado interno para no incurrir en los costos de permanecer en el mar.

China es el principal destino de las exportaciones angoleñas (más del 50% del total), que corresponden casi en su totalidad a ventas de petróleo para la producción de combustible.

Más del 90 por ciento

El impacto de la crisis en Angola puede medirse por el peso del sector petrolero en las exportaciones, que supera el 95 por ciento, indica un documento del Banco Nacional de Angola publicado en 2019.

La extracción y el refinado del petróleo crudo representan el 33 por ciento del PIB angoleño, según datos de 2019.  Al precio del barril de petróleo debe restarse del coste medio de producción de cada barril, que en el caso de Angola es de unos 7,5 dólares.

Indirectamente, los efectos de las restricciones a los viajes de los extranjeros en Angola están afectando a «muchas zonas de exploración petrolífera» que «han dejado de recibir empleados y esto ha causado muchos campos petroleros» estén parados, explicó esta semana a Lusa Patrício Quingongo, director de PetroAngola, una publicación online especializada en el mercado del petróleo.

Angola, donde la producción está esencialmente apoyada por empresas extranjeras, tiene un alto número de trabajadores externos adscritos a esta actividad.

Otro país africano donde se siente el impacto de la crisis es la República Democrática del Congo. Las exportaciones a China corresponden a más del 50 por ciento del PIB, la gran mayoría de las cuales son fuentes de energía y minerales.

Impacto negativo

La agencia de calificación financiera Fitch predijo que la crisis tendrá efectos negativos a corto plazo en las economías del África subsahariana, citando específicamente a Suráfrica, Angola, el Congo, el Gabón, Ghana, Guinea Ecuatorial, Nigeria y Zambia. Todos estos países son importantes exportadores a China y no sólo en el ámbito de la energía.

El turismo en estos y otros países africanos también se está viendo afectado por las restricciones de viaje, empezando por las suspensiones de viaje de China. Aunque el número de chinos que los visitan anualmente no ha superado el millón, en los últimos cinco (2014/2019) se ha producido un aumento del 40 por ciento, según el principal operador chino, China CYTS Tours.

La caída del consumo chino en más de tres millones de barriles diarios es una de las principales causas del impacto en África, que está relacionada con la decisión de Arabia Saudita de reducir el precio del barril para la exportación entre siete y diez dólares.

El impacto general de la crisis podría dar lugar a un crecimiento negativo de la economía mundial en el primer trimestre de este año, según predijo la OCDE a principios de marzo.

La presión saudí

Además de la crisis vinculada al brote de coronavirus está el conflicto entre Arabia Saudita y Rusia por los niveles de producción de petróleo.

Moscú se negó a la reducción en alrededor de 1,5 millones de barriles por día; en respuesta, Riad respondió reduciendo el precio del barril ya desde abril.

El resultado es evidente: el precio del barril cayó durante la semana a unos 30 dólares y los analistas prevén una estabilización de este valor a corto y medio plazo.

Las consecuencias para las economías que dependen de los ingresos del petróleo serán obvias.

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