LOS CIUDADANOS NO SON NADIE

Una imagen de los militantes del partido político CI apiñados como ganado y conducidos a la comisaría central de Malabo. Se les obliga a mantener una mano posada en la cabeza, como signo de tristeza y de arrepentimiento. Asodeguesegundaetapa.

Por Bonifacia Nguema Yembi

Cuando los altos cargos del gobierno guineano son nombrados, a quién juran lealtad, al pueblo guineano o a Obiang? Es una pregunta aparentemente sencilla, aparentemente fácil de responder. Sin embargo, muchos, durante su juramento, creen jurar lealtad a Obiang en lugar de al pueblo guineano, los hombres y mujeres que nombra Obiang para conformar sus gobiernos sólo garantizan sus intereses, mientras el pueblo es tratado con desdén, como enemigo, y sufre un abandono perpetuo.

Lo que pasa en nuestro país no puede ser culpa de un solo hombre, de una sola persona, la falta de patriotismo y de sentido de Estado de muchos guineanos y guineanas nombrados desde que Obiang está en el poder, a lo largo de las décadas, ha llevado a nuestro país al estado actual.

¿Qué le deben tanto a Obiang, tantos hombres y mujeres guineanos aparentemente honrados, que durante tanto tiempo han actuado y actúan en contra de la población? El desprecio continuado por parte de los responsables del país hacia a los ciudadanos, que en su día juraron proteger y servir, es abominable.

Los ministros, jefes de departamento, altos mandos del Ejército y de la seguridad del Estado, los jueces, administradores de justicia, medios de comunicación, etc; todos parecen actuar, no conforme a las leyes y normas que regulan el funcionamiento de un Estado, sino como un grupo de lacayos, «una organización con otros fines», donde cada cual quiere demostrar ser el más leal al «jefe», ganarse su aprecio y beneficio. Cuanto más criminal se es contra la población, mejor.

Así se explica que altos mandos del Ejército y de la seguridad del Estado, actúen como matones de «una organización criminal» cuando mandan a sus hombres tratar con civiles desprotegidos, los pisotean sin miramientos, como si fueran el enemigo, un enemigo indefenso, hambriento, pobre y miserable frente a hombres bien entrenados, bien armados, que seguros de su impunidad, actúan impunemente, y a favor de los intereses de su «organización». Los ciudadanos no son nadie.

Así se explica que los medios informativos oficiales del país informen sobre medias verdades, información manipulada, distorsionada, para confundir y engañar a los ciudadanos, hoy se informa de una cosa y a los dos días todo es bien distinto. Sólo así se explica que la justicia sea sólo para ciertos ciudadanos, a los que se acusa de no cumplir la ley ni respetar la autoridad, mientras muchos cargos del gobierno cometen atrocidades y salen impunes.

Los altos cargos del gobierno guineano son capaces de cualquier aberración contra la población mientras creen que estar protegidos, y las víctimas de estos hombres llamados autoridades, son siempre las mismas, ciudadanos indefensos, hombres y mujeres pobres. ¿Desde cuándo un hambriento es un enemigo de la nación?

No señores, un país no puede estar al servicio de un sólo hombre, de una sola familia y sus intereses durante tanto tiempo, no se puede ser tan desleal al país de uno mismo, el tiempo pasa, pasan las generaciones y los hombres y mujeres nombrados para servir a la nación siempre caen en lo mismo, se olvidan del país y de los ciudadanos que juraron servir y proteger, y se convierten en fieles servidores devotos de Obiang, de los suyos y de sus intereses.

No vendrá nadie fuera a implantar un sentido de Estado a nuestros dirigentes, ni Amnistía Internacional, ni el Tribunal Supremo de los derechos humanos, ni las potencias extranjeras que alimentan a la dictadura de Obiang a cambio de nuestros recursos. La situación de nuestra gente no cambiará si los hombres y mujeres que trabajan en el gobierno guineano no distinguen el servicio a la nación del servicio a Obiang, familia e intereses. Si no cambiamos nosotros, Guinea Ecuatorial puede olvidarse de convertirse algún día en un Estado de derecho.