«La solución es votar contra el candidato del PDGE. El voto opositor debe convertirse en voto a UCD» de Humberto Riochí. Miembro de la Comisión Gestora del MAIB.

«Guinea Ecuatorial se encuentra en momento político diferente. La riada de un inconformismo larvado en el tiempo por un cansancio acumulado, se  está manifestando, dispuesta a desbordar los diques levantados por el régimen. Los excesos  y abusos, llevan a estos desenlaces y la elocuencia de los hechos, aunque un poco tímidos, demuestra que  los tejemanejes exhibidos por el Dinosaurio de Akoakam en los procesos públicos, ya no bastan para salvar los expedientes. Que la sequedad productiva de sus fontaneros en clichés y mentiras empieza a ser comparable  a la del bacalao disecado o “stock-fish” consumido en Guinea.

 

Pese a ese paisaje medio-lúgubre, medio-optimista, Obiang se saldrá con la suya. No ganará las eufemísticamente adjetivadas como elecciones presidenciales. Porque ganar, en casos similares, significa competir. El no rivaliza ni disputa su trono con nadie. En su vocabulario no existen esos términos. Se impondrá para no romper la costumbre. Y lo hará esta vez, posiblemente, con porcentajes maquillados, como medida preventiva de suavizar el trago amargo de sus ilegalidades. La suerte echada desde el día 3 de agosto del año 1979, se manifestará por enésima vez. El resultado está anticipadamente cantado.

 

Sin embargo, y muy a pesar del fondo caricaturesco descrito del paisaje, el que atraviesa Guinea Ecuatorial  con esta convocatoria es un momento crucial. Obiang no las tiene todas consigo. Soplan vientos en su contra que evidencian su desgaste. La oposición democrática lo sabe y pese a ello parece estar dispuesta a malograr una oportunidad pintiparada de acompasar sus deseos a esa realidad siempre buscada y nunca encontrada. Huir de lo que se aborrece, arrullándose en los incumplimientos de exigencias presentadas a Obiang, solo tendría sentido metamorfoseando el ADN dictatorial de éste por otro democrático. Y es que esta era la gran ocasión de ensayar un trabajo conjunto, con nuevas sinergias, robusteciendo  fortalezas y superando debilidades estructurales. Una coyuntura perfecta para colocarle una nueva estocada a la dictadura, reactivando la exigencia de un resarcimiento popular  creciente, flotando en el ambiente.

 

Partiendo de esa base, creemos que la precipitada la salida elegida por la oposición de este impasse, ha sido equivocada. Las excusas colocadas en un guión escrito y del que todo el mundo tenía un conocimiento acabado, no justifican esos. Las negaciones de censos electorales biométricos, las neutralidades imposibles de una Junta Electoral Nacional, o las cuotas equitativas en los medios de comunicación pagados con el dinero de todos, etc, etc, entraban en el paquete de medidas que siempre utilizó el régimen para su perpetuación. La expulsión del candidato de la CI de la contienda electoral, estaba anunciada. Se produjo el mismo día del  mitin de Ngolo, en Bata. Queda dicho más arriba: Obiang es alérgico a las competiciones en igualdad de condiciones.

 

La oposición democrática estaba en la obligación de redimensionar estos y otros aspectos del momento político, explorar métodos alternativos y aprovechar las nuevas riadas salidas de ese cansancio manifestado por la ciudadanía que puebla las grandes urbes, en las que el alcance del poder omnímodo de la dictadura queda mucho más diluido. Debería ir más allá de los comunicados introductorios y adentrarse en el pragmatismo tantas veces teorizado, pero sin concreciones. En lugar de sillones o cabezas de lista, debería haber entrado en discusiones a tumba abierta sobre las medidas aplicables para erosionar un poco más a la dictadura, con una sola voz, forzando los errores de ésta.

 

El falso antagonismo creado tratando de reflejar la representación en exclusividad de la una ciudadanía herida en su ego más profundo, sin posiciones militantes de parte, acudiendo multitudinariamente a un mitin, frente al tacticismo reclamado por otros en representación de una longevidad ganada a pulso en la batalla por las libertades, nos han llevado hasta donde estamos. La verdad está en que, aunque debilitada, la dictadura sigue allí, mientras los actores de la esperanza se pierden en debates bizantinos como los del cuento de los dos conejitos, de Tomás de Iriarte  que discutían la naturaleza perruna de sus perseguidores preguntándose si eran galgos y podencos, hasta que fueron devorados.

 

Sin embargo y a pesar de esos errores de bulto, la oposición democrática sigue estando en condiciones de enmendar el rumbo; de reafirmarse con nuevos compromisos. Es este el momento de dar respuestas con sentido, dejando de lado las posiciones partidistas. Es tiempo de corresponsabilidades, de fundamentar acuerdos generosos que ayudarán, seguro, a consolidar la unidad de, tantas veces fallida.  Esta convocatoria sigue ofreciendo ventajas aprovechables si se adaptan discursos, principios y valores a la realidad.

 

Y para ello la primera medida pasaría por desterrar las recomendadas medidas abstencionistas de algunas formaciones políticas, de las que están haciendo eco muchos grupos mediáticos enfrentados a la dictadura. Esas fórmulas no son válidas y tan siquiera entran en las soluciones extremas que se necesitan, teniendo en cuanta que incluso en los sistemas democráticos consolidados, la abstención significa simplemente un descenso de la participación, que a veces puede leerse en clave de protesta contra el sistema electoral o político, pero en uno y otro caso,  sin ninguna incidencia directa en los resultados. En Guinea Ecuatorial abstenerse reforzaría las posiciones de Obiang, además de suponer un gran perjuicio para una población totalmente indefensa que sabemos, estará obligada a presentar los carnets de elector el día después de las elecciones. O sea, esa renuncia al derecho al sufragio, además de un desistimiento voluntario, significaría una exposición  gratuita a las hordas de Clemente Engonga y sin ninguna rentabilidad.

 

La recomendación que se tiene que hacer a la población es la de acudir a las urnas a VOTAR. A ejercer ese derecho que es el único arma democrático utilizable contra el régimen, esquivando las formulas intermedias, como el voto en blanco o la emisión de votos nulos, que siempre quedarían mejor como castigo al sistema que la abstención. Pero el remedio más expeditivo, salvo que el voto sea público, pasa por   votar contra el candidato del PDGE. VOTAR contra el Diplodocus de Akoakam, como primera medida. Solo así el régimen se daría cuenta del alcance que están teniendo sus excentricidades.

 

Sobre el terreno seguimos teniendo como baza a la UCD de Avelino Mocache, grupo suscribiente de todos los últimos acuerdos y quejas evacuados por la oposición democrática enlos últimos meses. Canalizar el voto a su favor, representará la mejor manera de restregarle a la cara las facturas pendientes de cobro a Obiang. El empuje a la UCD, más allá de su significación de unión temporal, será el embrión para futuras convergencias que necesita la oposición democrática. Nos hará falta estar unidos el día 25 de abril para exponer ante el escaparate internacional las insufribles medidas a las que nos someten  Obiang y lo suyos. Estamos a tiempo para rectificar posiciones».