La selección nacional y el activismo político estúpido. Nchuchum Miko Abogo.

El debate sobre la selección de Guinea Ecuatorial, que se está produciendo en las redes sociales, es interesante, porque muestra cómo cierta oposición es incapaz de separar el grano de la paja. Como siempre, apuntan al bulto, sin discreción. Algunos llamados activistas, muy dados al pensamiento del “todo o nana”, ya han zanjado que apoyar a la selección es apoyar a la dictadura y han creado un enemigo equivocado. Esgrimen varias razones.

“Recurso de publicidad de la dictadura”.

Obvio. Es abundante la literatura sobre el uso apropiativo y publicitario del deporte, y especialmente, de los triunfos deportivos, por las dictaduras. Pero, más detenidamente, ¿hay algo de lo que no se apropie o pretenda apropiarse, o de lo que no haga o pretenda hacer un manejo publicitario y utilitarista, un régimen de las características del de Guinea? Este es un terreno muy resbaladizo por el que hay que transitar con sumo cuidado. Las dictaduras recurren, también como característica que las distingue, a la creación de “enemigos de la patria” a través de un patriotismo exacerbado en torno a símbolos. La selección nacional tiene una dimensión simbólica y por ello conecta con lo emotivo de las personas. ¿No es bastante más fácil, razonable y creíble, explicar que un puntual triunfo de la selección no es debido a una gestión meritoria del régimen ni nada parecido, sino al esfuerzo y compromiso de sus mismos integrantes, que explicar los deseos expresos de su fracaso? Convertir en enemiga a la selección nacional o a sus integrantes (jóvenes que buscan un escaparate para el desarrollo de sus carreras deportivas y a los que tampoco se les puede negar ilusión por vínculos de origen o de otra naturaleza), desear su fracaso, reprender a la población y reprenderse por unos sentimientos legítimos, les sitúa a los opositores ante la desazón de la mayoría, con el riesgo de ser vistos como un grupo de vulgares incomprendidos, renegados y resentidos. Y cuando eso ocurre, no cabe duda de que es una victoria y un gol del régimen, por toda la escuadra.

“Recurso de distracción de la dictadura”.

Se presupone, con esta afirmación, que el deporte, la selección y las competiciones deportivas internacionales son un invento del régimen, como lo sería el reparto de juguetes y míseros chicharos a niños y familias. Se pretende con ella, además, que mientras se habla de la selección, no se habla ni se puede hablar del gobierno, de sus atropellos y de su anti-gestión generalizada; también se pretende que no puede hacerse una crítica de la gestión del gobierno sobre la selección como objeto de interés público. La historia de la selección guineoecuatoriana de fútbol es un cúmulo de fracasos, de pésima gestión y corrupción de sus gestores públicos. Constantemente hemos utilizado la selección como ejemplo, uno más, de los innumerables despropósitos de la dictadura y de su corrupción y clientelismo. Es un argumento que cae por su propio peso.

“Descalificación por alineación indebida”.

El sistema de competición de la FIFA no está basado en vínculos federativos o de asociación, sino en los de nacionalidad. Para controlar, combatir y limitar las prácticas que atentan contra ese sistema, se ha creado el concepto de la “nacionalidad deportiva”, la cual, contrariamente a lo que piensa algún “experto” en la materia, no es una nacionalidad, o un tipo de nacionalidad paralela o superpuesta a la nacionalidad administrativa, sino un vínculo federativo específico, que evita que jugadores con doble nacionalidad o una nacionalidad compartida, puedan alternar diferentes selecciones nacionales en diferentes competiciones oficiales; y también ha establecido la FIFA condiciones o vínculos para la acreditación de la nacionalidad basados en el lugar de nacimiento, o en la ascendencia, o bien en la permanencia o residencia de los jugadores seleccionados en el territorio del equipo en cuestión, para evitar o controlar la práctica de las “nacionalizaciones exprés”. Los seleccionados por Guinea Ecuatorial nunca han jugado con otras selecciones nacionales en competición oficial y cumplen con los vínculos de nacionalidad exigidos por la FIFA.

“Una selección de extranjeros”.

Este es el argumento más lamentable y triste de todos. Tiene en el fondo la polémica sobre la negación de la “doble nacionalidad” que consagran las leyes guineoecuatorianas y su “aplicación” contradictoria y comparativamente agravante por el régimen. Es evidente que la violación de las normas se produce en el marco del derecho interno del estado de Guinea Ecuatorial, cuyas leyes prohíben compatibilizar la nacionalidad guineoecuatoriana con ninguna otra, con la excepción, claro, de convenio específico en materia que pudiera adoptarse. Un ejercicio crítico, firme y responsable contra semejante prohibición, por parte de la oposición, debe de orientarse hacia su eliminación y a las contradicciones arbitrarias del régimen, cuyos miembros y parientes poseen más de una nacionalidad, mientras, por extorsión, se inventan un “trámite administrativo” en las dependencias aeroportuarias de renuncia de la nacionalidad para otros (la ley entiende “voluntaria” y “automática” la “renuncia” en el momento en que se adquiere otra nacionalidad, pero se inventa e impone el régimen un “trámite administrativo” posterior, no previsto por la misma, sobre lo que ya se produjo “voluntaria y automáticamente”). Un país sociológicamente tan transfronterizo y con una importante presencia en la diáspora no puede consagrar tan violenta imposición, y nos corresponde a nosotros mismos luchar para su erradicación, y no la FIFA ni ninguna otra organización deportiva internacional, cuyo cometido se limita a velar por el cumplimiento de sus propias normas y la integridad de sus competiciones, y no tiene, ni ha de tener, jurisdicción sobre posibles violaciones del derecho interno de los estados de las asociaciones participantes.

De nuevo, un terreno resbaladizo por el que algunos han decidido transitar sin calzado de seguridad. Cuando un grupo de guineoecuatorianos califica como “extranjeros” a hijos de sus compatriotas que se vieron obligados a emigrar, debemos reconocer, una vez más, que la dictadura nos ha metido otro gol, por toda la escuadra.