La Junta de Burkina Faso, bajo presión tras la masacre de Seytenga. VOA/AFP

Cinco meses después de llegar al poder a través de un golpe de Estado en Burkina Faso prometiendo hacer de la seguridad una «prioridad», la junta militar está bajo presión tras el atentado yihadista en Seytenga que mató a 86 personas.

Esta masacre, la segunda más mortífera de la historia del país, se suma a un recrudecimiento de la violencia yihadista en las últimas semanas.

En Seytenga, ciudad situada a pocos kilómetros de la frontera con Níger, los supervivientes contaron su soledad frente a los yihadistas, tras la marcha de las fuerzas de seguridad el día anterior.

Alassane Bala Sakandé, presidente del Movimiento Popular para el Progreso (MPP), el partido del ex presidente Roch Marc Christian Kaboré, derrocado en el golpe de Estado del 24 de enero dirigido por el teniente coronel Paul-Henri Sandaogo Damiba, declaró que la situación era inaceptable.

«¿Cómo es posible que, en una zona tan estratégica, los terroristas puedan cometer alegremente semejante barbaridad durante varias horas sin preocuparse?», se preguntaba.

«Las circunstancias que obligaron a las fuerzas combatientes de Burkina a abandonar por completo Seytenga, una localidad acosada por los terroristas, zona fronteriza y estratégica además, merecen ser dilucidadas», añadió Moussa Zerbo, portavoz de la Unión por el Progreso y el Cambio (UPC), otro partido de la oposición.

A finales de enero, la junta militar derrocó al Sr. Kaboré, que se había hecho impopular entre la población por su ineficacia ante los mortíferos atentados yihadistas.

«¿Fue acertado y justificado el diagnóstico realizado por los nuevos titulares del poder que sirvió de pretexto para el golpe de Estado?», se preguntaba Alassane Bala Sakandé.

Desde 2015, al igual que sus vecinos Níger y Malí, Burkina Faso ha sido objetivo de grupos afiliados a Al Qaeda o al Estado Islámico (EI).

Una espiral de violencia que se ha agravado hasta convertir a Burkina Faso en el epicentro de la violencia en el Sahel: en 2021, según la ONG Acled, el país sufrió más atentados mortales que Malí o Níger.

¿Cómo invertir la tendencia?
Después de una breve pausa tras el golpe de Estado, los atentados han vuelto a aumentar en los últimos meses.

«No vemos la estrategia puesta en marcha por la junta porque no vemos ningún resultado, aunque nos digan que el ejército está creciendo en fuerza. Pero llevamos siete años sufriendo atentados terroristas y a día de hoy sigue habiendo problemas de logística, comunicación y cohesión», se lamenta el analista político Drissa Traoré.

«Los militares llegaron al poder con gran entusiasmo entre la población. ¿Qué puede ser más normal que las fuerzas oscurantistas intenten romper este impulso?», coincide la abogada y analista política Paz Hien, refiriéndose a «una crisis de confianza entre la población y las autoridades».

¿Puede la Junta invertir la tendencia?

El miércoles, el presidente de transición, Damiba, visitó a los supervivientes de Seytenga y a la policía en la cercana ciudad de Dori. Para enviar un mensaje claro.

«Ahora más que nunca debemos estar movilizados y unidos frente a la amenaza», dijo, pidiendo «más simbiosis» entre los distintos organismos.

«Ya no es concebible hacer las cosas como las hacíamos antes. Ya no podemos establecer puestos de control en las carreteras como antes, porque se conocen nuestras posiciones», añadió, y pidió al ejército que «integre la amenaza terrorista en todas sus actividades».

La estrategia de diálogo fomentada por el gobierno desde abril entre los líderes religiosos y consuetudinarios locales y ciertos grupos yihadistas parece haber sido ya abandonada, según varios observadores.

«El diálogo fue una mano tendida, no fue aceptado. Corresponde a las autoridades sacar las consecuencias y reforzar la opción militar», afirma Paz Hien.

Queda la cuestión de la ayuda exterior. El ejército burkinés recibe ocasionalmente el apoyo aéreo de la fuerza francesa Barkhane a petición suya.

«Se puede recurrir a los socios europeos para el apoyo aéreo o de inteligencia, pero son las tropas armadas de nuestra subregión las que deben unir sus fuerzas en esta lucha contra el terrorismo», afirma Drissa Traoré.

Desde 2015, los atentados atribuidos a grupos yihadistas han dejado miles de muertos y casi dos millones de desplazados en Burkina.

La junte burkinabè sous pression après le massacre de Seytenga (voaafrique.com)