España-Guinea Ecuatorial, ¿otra política es posible? Estudios de Política Exterior

La revista Estudios de Política Exterior publica hoy dos artículos sobre las relaciones Guinea Ecuatorial-España. El primero de ellos dice:

AGENDA PÚBLICA Y POLÍTICA EXTERIOR

Teodoro Obiang, durante su discurso ante la Asamblea General de la ONU, el 27 de septiembre de 2018. GETTY

España redefine su política hacia África con la mirada puesta en participar en el desarrollo del continente y gestionar, entre otros asuntos, los flujos migratorios. Una cuestión pendiente en la agenda exterior española es Guinea Ecuatorial, que el 12 de octubre de este año celebra los 50 años de su independencia. Desde 1979, la única excolonia española en África Subsahariana está gobernada por Teodoro Obiang, a los mandos de un régimen corrupto y represor. El vínculo histórico y los intereses económicos han mantenido a los sucesivos gobiernos de España en una cada vez más difícil indiferencia ante la situación del país. Preguntamos a cinco expertos si otra política hacia Guinea Ecuatorial es posible.

 

Aitor Esteban | Portavoz del Grupo Vasco en el Congreso de los Diputados (EAJ-PNV). @AITOR_ESTEBAN

Es complicado dada la nula voluntad del régimen guineano para moverse hacia parámetros democráticos. Eso dificulta las relaciones pero no puede suponer, como hasta la fecha, la cuasi desaparición de la acción exterior española en el país, lugar que ha ido ocupando la diplomacia francesa. Debe haber una mayor atención de la diplomacia española, en tiempo y recursos, acompañada de una defensa firme de principios democráticos. A fin de que sea efectiva es necesario meter en la agenda europea este asunto, y le corresponde a España liderarlo. Y, en fin, para que esa otra política pueda producirse es imprescindible que Guinea Ecuatorial esté presente en el debate político parlamentario de las Cortes periódicamente (en este sentido es importante el Intergrupo parlamentario sobre Guinea ), y que también lo esté en los medios de comunicación.

 

Ainhoa Marín Egoscozábal | Investigadora principal para África Subsahariana en el Real Instituto Elcano.

Guinea Ecuatorial es una economía de reducidas dimensiones, pero 50 años después de su independencia de España (12 de octubre de 1968) el país mantiene su relevancia estratégica, además de una historia de complejas relaciones políticas entre ambos países. El cambio producido en los años noventa, de un sistema económico basado en la producción de recursos naturales (agricultura y los bosques), a una economía basada en la exportación de hidrocarburos (petróleo y gas natural), tuvo como consecuencia la aparición de un nuevo escenario de dificultades políticas, económicas y sociales. Guinea Ecuatorial ha ido transitando por la esfera geopolítica de interés de diferentes actores internacionales. El inicial acercamiento a Francia y la entrada en la zona franco-CFA en 1985, fue seguida del interés de Estados Unidos, explicado por el acceso a un petróleo fácil de transportar desde plataformas off-shore y las importantes reservas de hidrocarburos del país.

Este interés en la riqueza energética ecuatoguineana es creciente, y actualmente el país es un área estratégica de abastecimiento de energía. Atrae desde hace varios años el interés de potencias como China e India, que son ya los principales destinos de las exportaciones de petróleo y gas natural guineanos, a los que siguen Corea del Sur y España. Aunque España es, junto con EEUU, el principal proveedor de mercancías a Guinea Ecuatorial, China ocupa ya la tercera posición. Gracias a estas nuevas relaciones, Guinea esquiva las presiones internacionales a favor de las libertades democráticas. El modelo chino no habla español, pero practica la no injerencia en los asuntos nacionales. Aunque a España le debe interesar una Guinea Ecuatorial más democrática, y por ello más estable económica y socialmente, que además permitiera ampliar el flujo de inversiones desde España, el presidente, Teodoro Obiang, reclama más cooperación, pero menos injerencia en asuntos relacionados con derechos humanos y libertades públicas. En tanto no cambien las circunstancias actuales, es complejo que España pueda desempeñar un papel más activo y en coherencia con el pasado común.

 

Fernando Maura | Responsable del Área de Exteriores de Ciudadanos y diputado por Madrid. @FMauraB

Guinea Ecuatorial es un país con el que España mantiene una relación política muy importante, pero también con el que comparte lazos sociales, históricos y culturales. El país es la única excolonia española en África Subsahariana y, además, el único país de la región en el que el castellano aún mantiene una importante presencia. Dada la importancia de África para el futuro de la economía y la política internacional, la relación entre España y Guinea Ecuatorial tiene un enorme potencial para situar a nuestro país en la mesa de las decisiones que afectan al continente vecino. Sin embargo, la deriva autoritaria de Teodoro Obiang ha tensado las relaciones entre ambos países y ha limitado las posibilidades de explotar esta relación de posible beneficio mutuo.

España es un Estado moderno, parte de una comunidad de Derecho como la Unión Europea, que debe tener el respeto y protección de los derechos y libertades fundamentales como pilar de su acción exterior. En este sentido, los partidos políticos en el Congreso de los Diputados han acordado acciones conjuntas con el ministerio de Asuntos Exteriores para mejorar la situación de los derechos y libertades en Guinea Ecuatorial. Ese debe ser el camino a seguir, pues solo haciendo frente común en un asunto tan vital podremos avanzar hacia unas relaciones bilaterales beneficiosas para ambas partes entre España y su país más cercano en el África Subsahariana.

 

José Naranjo | Periodista freelance en África Occidental. @naranjo_p

Desde la perspectiva española, Guinea Ecuatorial no es ni puede ser cualquier país. Al igual que mantenemos estrechos lazos y relaciones privilegiadas con Suramérica por los vínculos históricos, culturales y lingüísticos, no se puede negar que España tuvo un papel destacadísimo en la historia reciente de Guinea. Toca asumir nuestra cuota de responsabilidad sobre lo sucedido durante las largas décadas de ocupación y colonialismo, pero también sobre los últimos 50 años y lo que sigue ocurriendo allí.

Guinea Ecuatorial es una de las peores dictaduras del mundo y en España reside buena parte de la diáspora. El gobierno español debería ser mucho más sensible a las constantes evidencias de violaciones de los derechos humanos, asesinatos, ausencia de justicia, encarcelamientos arbitrarios, falta de libertad de expresión y todo tipo de abusos cometidos por el régimen de Teodoro Obiang, que en 2019 cumplirá 40 años en el poder.

La apropiación del aparato de Estado y el saqueo sistemático de los recursos naturales en su beneficio ha caracterizado la manera de proceder de la pequeña élite que gobierna este país desde 1979. Que políticos conocidos por todos y empresarios españoles sean cómplices de una dictadura que no titubea a la hora de usar toda su maquinaria represiva contra opositores y ciudadanos que se atreven a discrepar, plantea, cuanto menos, serias dudas morales.

https://www.politicaexterior.com/actualidad/espana-guinea-ecuatorial-otra-politica-posible/

El segundo artículo es de Alejandro Dorado (PSOE):

“GUINEA ECUATORIAL: 50 AÑOS MIRANDO PARA OTRO LADO

El 12 de octubre de 1968, Guinea Ecuatorial, colonia española, proclamaba su independencia. Lo hacía el Día de la Raza; no por casualidad, sino precisamente para remarcar las relaciones históricas con España.

Pese a las intenciones iniciales, el país africano se ha convertido 50 años después en un desconocido para la ex metrópoli. ¿Cómo es la Guinea Ecuatorial actual y cuál ha sido el vínculo entre nuestros países?

Cara y cruz

Cinco décadas después de su descolonización, Guinea Ecuatorial ha multiplicado por cuatro sus habitantes, hasta los 1.200.000. Su tasa de alfabetización entre mujeres y hombre jóvenes se aproxima al 100%. Según el Banco Mundial, es un país de renta media alta, y para el Fondo Monetario Internacional es el segundo del continente africano con mayor renta per cápita (13 350 dólares), al nivel de estados europeos como Croacia o Rumanía. Miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEC), es el cuarto mayor productor subsahariano, con 206.000 barriles al día. Actor activo de la comunidad internacional y regional, forma parte de la Unión Africana, organización que presidió en 2011, la CEEAC(Comunidad Económica de Estados de África Central) y es uno de los impulsores del AfCFTA (Área Continental Africana de Libre Comercio). En un afán por diversificar sus relaciones, el país se integró en las comunidades francófona (1998) y lusófona (2007) al oficializar esos idiomas.

Hasta aquí lo bueno.

Guinea Ecuatorial es también cuna de dictadores: Francisco Macías Nguema (presidente desde 1968 hasta 1979) y Teodoro Obiang Nguema (sobrino de éste, ejecutor de su tío y presidente desde entonces). Bajo su batuta, el país se ha convertido en el séptimo país más autoritario del mundo, según The Economist Intelligence Unit, por encima de verdaderos campeones como Sudán o Eritrea. Las libertades civiles y derechos políticos están ausentes, según Freedom HouseReporteros Sin Fronteras y Amnistía Internacional han denunciado detenciones de periodistas críticos y censura, y el primero sitúa al país en el puesto 171º de los 180 evaluados en su Índice de Libertad de Prensa. La igualdad de género no está garantizada a nivel económico, político ni social (sólo un 12% de las mujeres posee tierras) y la esperanza media de vida es de 58 años.

Pese a haber reducido a la mitad la población bajo el umbral nacional de pobreza desde comienzo de siglo, ésta se sitúa en torno al 45%. Guinea Ecuatorial sigue siendo uno de los países más desiguales del mundo y su Índice de Desarrollo Humano no se corresponde con sus niveles de renta, concentrada en un sistema oligárquico que ha sido definido como una cleptocracia donde no existe diferencia entre Estado y familia Nguema.

Desde el descubrimiento de hidrocarburos en 1991, la economía ecuatoguineana se desarrolla en torno a ese monocultivo (petróleo y derivados suman el 94% de las exportaciones), haciéndola vulnerable a las variaciones en su precio. La bajada de éste sumergió al país en una recesión que dura desde 2014, agravada por su falta de integración real en la economía regional.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Resulta paradójico que, en una época en la que la memoria histórica está tan presente, la relación de España con Guinea Ecuatorial permanezca en una especie de amnesia colectiva. El país, desde el inicio de la presencia española tras el Tratado de El Pardo de 1778, ha conocido la dictadura colonial, primero; la de los Nguema, después.

Los misioneros fueron los primeros en desembarcar en el golfo de Guinea, pero la colonización solo se intensificó a partir de la Conferencia de Berlín y la delimitación de territorios españoles, en 1901. Con la creación de la Guardia y la Administración Colonial, el régimen evolucionó hacia un estado de segregación, discriminación racial y sometimiento de la población local. Para preservar los intereses de los capitalistas españoles (dueños de empresas madereras como Alena, Garitorenza o Munisa), asesinato, tortura y trabajo forzoso se hicieron habituales en la Guinea española.

Este estado de cosas continuó durante la II República y la dictadura franquista. Con el acceso a la educación de los emancipados (ecuatoguineanos empleados en la Administración Colonial, con derechos similares a los blancos) y el contagio de los movimientos de países vecinos, el sentimiento nacional comenzó a cristalizar. Canalizado primero como protesta contra las discriminaciones raciales, evolucionó hacia la formación de movimientos clandestinos y de exiliados políticos como Monalige o IPGE. Espoleados por sucesos como el asesinato de los opositores Acacio Mañé y Enrique Nvo por parte del régimen, a finales de los 50 reclamaban ya el derecho a la autodeterminación.

A Franco le costó desprenderse de Guinea Ecuatorial. Con el ingreso de España en la ONU en 1953, el proceso de descolonización estaba encima de la mesa. El régimen intentó disfrazar la colonia vistiéndolo de provincias primero (en 1958 se instauraban las de Río Muni y Fernando Póo) y de autonomía después (estructura títere neocolonial creada en 1963). En paralelo, el régimen de Franco propiciaba el surgimiento del Munge, partido fascista a imagen del Movimiento que gobernó la autonomía y abogaba por una relación de libre asociación con España.

El proceso de descolonización era, sin embargo, imparable, y la ONU instaba a España a celebrar unas elecciones que aseguraran la independencia para 1968, garantizando la integridad territorial del territorio. Paradójicamente, las elecciones libres llegarían antes a Guinea Ecuatorial que a la España franquista.

Celebradas en 1968, otorgaron la victoria a Francisco Macías Nguema, batiendo al preferido del régimen y candidato del Munge. En un principio, Macías formó un Gobierno de unidad con los jefes de la oposición para, cinco meses más tarde y en medio de una crisis con España, acusarles de un supuesto intento de golpe patrocinado por la ex metrópoli. Ese evento proporcionó a Macías la excusa para establecer el estado de emergencia, derogar la Constitución y ejecutar a opositores y miembros de su propio Ejecutivo como Atanasio Ndongo, ministro de Exteriores y líder del Monalige, a quien acusó de encabezar la rebelión.

En el plano exterior, Macías rompió relaciones con España, requisando los bienes y empresas de sus nacionales en Guinea Ecuatorial, quienes fueron evacuados por el régimen de Franco. Detrás de esta maniobra hay voces que señalan la influencia de personalidades antifranquistas como Antonio García-Trevijano, asesor personal de Macías, en un intento de mostrar la debilidad del régimen. 50.000 muertos y un tercio de la población desplazada fueron los resultados más palpables de la dictadura sádica de Macías.

Obiang: de ‘narcopresidente’ a ‘petrolíder’

El final de la dictadura del autoproclamado Padre de Todos los Niños fue el principio de la de su sobrino, Teodoro Obiang, en 1979. Su liderazgo no se desvió mucho del estilo marcado por Macías, heredero, a su vez, de los usos y costumbres del régimen colonial. Hasta la aparición del petróleo en los 90, Obiang fue frecuentemente acusado de mantener un narcoestado debido a las decenas de familiares y altos cargos detenidos por tráfico de drogas al cruzar la frontera y a testimonios de disidentes: Guinea Ecuatorial se habría establecido como punto de distribución de droga hacia Europa.

Por su parte, España se convertía en refugio de disidentes como el sargento Micó o Severo Moto, siendo acusados por Obiang de planear algunos de los 11 golpes de estado sufridos, reales o auto-infligidos (el ultimo, en diciembre de 2017) y que el dictador acostumbraba a aprovechar para realizar extensas purgas de opositores o rivales. Madrid usó la ayuda al desarrollo y la deuda como mecanismo frecuente de presión frente a Malabo, hasta que las tornas cambiaron con la aparición del petróleo.

La relación entre los dos países nunca dejó de ser tensa y repleta de desencuentros. Los vínculos económicos, pese a no estar muy desarrollados (224 millones de euros en importaciones ecuatoguineanas en 2017, frente 156 millones en exportaciones y un ínfimo flujo de inversión), han pesado más que los llamamientos a la democratización y al respeto por los derechos humanos. Además, Guinea Ecuatorial es una punta de lanza cultural que puede ayudar a incrementar el ‘poder blando’ de España en África: su condición, junto a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), de Estado hispanohablante ha propiciado que el español sea oficial en instituciones como la UA o la CEEAC.

Institucionalmente, Guinea Ecuatorial se ha convertido para España en ese tío molesto junto al que nadie quiere sentarse en las cenas: célebre es el descontento ecuatoguineano por el vacío de las autoridades españolas a Obiang durante el funeral de Adolfo Suárez en 2014. No obstante, la relación entre actores de las sociedades civiles como ONGs o partidos políticos sigue manteniéndose a la espera de una apertura democrática, pese a que las perspectivas no sean muy halagüeñas: Teodorín Obiang, vicepresidente condenado por blanqueo de capitales y corrupción, ha sido designado sucesor de su padre.

Es pronto para saber cómo orientará el nuevo Gobierno de Pedro Sánchez la relación con Guinea Ecuatorial, pero este 50º aniversario de la independencia del país afro-hispano quizás nos brinde una oportunidad para saber cuánto pesará la promoción de los derechos humanos y la democracia en ella y si la memoria histórica traspasa, o no, fronteras.

http://agendapublica.elperiodico.com/guinea-ecuatorial-50-anos-mirando-para-otro-lado/