El Tres de Agosto de 1979, 40 años después. CPDS

Tras casi 11 años de una dictadura brutal, el 3 de agosto de 1979 el pueblo de Guinea Ecuatorial se levantaba con la noticia de que el teniente coronel de las Fuerzas Armadas y viceministro de Defensa, Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, había dado un golpe de Estado al primer presidente de la República, Francisco Macías Nguema, a la sazón tío suyo, formando un Consejo Militar Supremo que dirigiría el país mientras se esperaba la elección de un nuevo gobierno y el traspaso del poder a los civiles, según palabras del flamante jefe del Estado. Todas las ciudades y aldeas del país se vieron desbordadas de alegría y júbilo. Era un sueño hecho realidad: deshacerse de uno de los régimenes más crueles, despiadados y absurdos del continente africano. Era el año de la caída de otros dictadores sanguinarios: Idi Amin Dada (Uganda), Jean Bedel Bokassa (República Centroafricana), Pol Pot (Camboya) y Somoza (Nicaragua).

 

Obiang incumple la promesa de devolver el poder a los civiles.

Tras tomar el poder, Obiang concedió una entrevista a la prensa española asegurando que no había tomado el poder por ambición, sino para liberar al pueblo, por lo cual entregaría el poder a los civiles tras unas elecciones democráticas. Lo repitió hasta la saciedad. Sin embargo, en 1982 elaboró la Ley Fundamental argumentando que “ningún país puede funcionar sin Constitución”. Tras la aprobación de aquella por referéndum popular el 15 de agosto de 1982, Obiang se proclamó “Presidente electo”. En 1986 fundó el Partido Democrático de Guinea Ecuatorial (PDGE) para sustentar su poder, y fue “reelegido” en 1989 como presidente de la República en unas elecciones en las que él era el único candidato.

 

Ni rastro de los verdaderos artífices del llamado “Golpe de Libertad”.

Durante la primera década de su régimen, se asistió a la desaparición de los oficiales que encabezaron la asonada militar de 1979, unos mediante jubilación prematura, otros por cese forzoso de sus funciones, otros por confinamiento extrajudicial y varios por fusilamiento o cárcel tras juicios militares sumarísimos. Poco a poco, el Ejército nacional se convirtió en unas Fuerzas Armadas regionales, basadas en el clan de un Obiang que se ascendía a sí mismo hasta el grado de Capitán General, que ostenta en la actualidad. Mientras, el poder político y económico se concentraba en su familia, ante la complicidad de los dirigentes del PDGE, resignados y conformados con defender privilegios residuales.

 

Obiang acepta a regañadientes el multipartidismo.

El 20 de junio de 1990, tiene lugar la Conferencia de la Baule, en Francia, a la que asisten los jefes de Estado de África, casi todos ellos detractores de la democracia. En su discurso, el presidente francés, François Mitterrand, insta a los dictadores africanos a instaurar la democracia en sus países, y supedita la ayuda de Francia a la introducción del multipartidismo en los países con sistemas monopartidistas.

Teodoro Obiang Nguema, que aún viaja en aviones prestados, necesitado de ayuda externa y ansioso por legitimar su régimen, criticado tras la farsa electoral de 1989 y las constantes denuncias por violación de los derechos humanos, regresa a Malabo y se precipita a subir en el barco del multipartidismo. Inicia la reforma de la Ley Fundamental para introducir el reconocimiento del pluralismo político, reforma aprobada mediante referéndum en noviembre de 1991. Antes de que los partidos se organicen y puedan ser legalizados, elabora con miembros de su partido el paquete de leyes llamadas a regular el proceso de democratización. Mientras legaliza partidos políticos, sus fuerzas de Seguridad van sembrando el miedo por todo el país, al tiempo que las autoridades periféricas hostigan día y noche a los militantes y sospechosos de simpatizar con la oposición. Tanto es así, que “oposición” es sinónima de “delincuencia”.

 

Seis “Mesas de diálogo” en 25 años.

Entre marzo de 1993, en que se celebró el Pacto Nacional Vinculante o I Mesa de Diálogo, y julio de 2018, el Gobierno se ha reunido con los partidos políticos en seis ocasiones en las llamadas Mesas de Diálogo. En todas ellas se habla de lo mismo: el cumplimiento de las leyes, y es que uno de los principales problemas del régimen de Obiang es su falta de compromiso, su nulo respeto a lo pactado. Es así, que siempre se habla de lo mismo que ya fue pactado, pero que no se pone en práctica por los incumplimientos del Gobierno, como la prohibición de que el partido en poder siga cobrando una cuota obligatoria a todos los funcionarios y trabajadores del país, sean militantes suyos o no, sean nacionales o expatriados. O la necesidad de que todos los partidos políticos tengan acceso a los medios de comunicación del Estado. Etc.

 

Más de 20 procesos electorales en 25 años.

Obiang necesita legitimar su régimen mediante la celebración regular de elecciones, pero sin que ello suponga peligro alguno para su poder. Por eso, desde 1991 hasta 2017, han tenido lugar en el país 19 elecciones y dos referéndums. Salvo las municipales de 1995, ganadas por la oposición (al ser una prueba para Obiang ya que compartió la organización de las mismas con la comunidad internacional), en todas las demás elecciones el PDGE ha salido vencedor con el 99 por ciento de los votos y puestos. Son elecciones calcadas, sucesivamente, unas de otras: con un censo electoral plagado de irregularidades en el que se inscribe a menores, ausentes y fallecidos; el voto público como norma; la financiación extraordinariamente alta para el partido en poder, a lo que se suma la decisión de eliminar, en la práctica, la financiación que se daba a la oposición; los medios de comunicación al servicio permanente del partido gobernante e inaccesibles a la oposición…, y una administración electoral controlada por el partido de Obiang.

 

Lucha contra la oposición como prioridad.

Desde el inicio del proceso de democratización, se vio que la preocupación de Obiang era acabar con la oposición. Examinó a los partidos políticos y decidió fagocitarlos clasificándolos entre “Oposición radical”, los críticos que cuestionaban su manera de gobernar y aspiraban al poder, y la “Oposición democrática”, a los que no tenían ninguna aspiración de poder y se limitaban a colaborar con él a cambio de pequeños privilegios. Decidió que los primeros no tendrían ningún espacio político en el país, mientras que a los demás, los “democráticos”, la mayoría de ellos sin siquiera sede ni diez militantes en sus filas, los convirtió en aliados permanentes a cambio de un escaño parlamentario a cada uno por su sumisión. Se da, así, la paradoja de que partidos con militantes y agrupaciones constituidas en casi todo el país, celebrando congresos de forma periódica, no sean considerados por Obiang como instituciones democráticas, mientras grupúsculos con solo un presidente y dos miembros en su ejecutiva, sin sede ni militancia, tengan presencia en el Parlamento.

Pero la lucha contra la oposición no se limita al empeño de Obiang de excluir a los discrepantes y hostigarlos dentro del país, sino también de perseguirlos fuera de las fronteras nacionales. Así, no solo se dedican ingentes recursos para secuestrar, desde el extranjero, a los opositores y traerlos al país, sino que los que se encuentran en el país son perseguidos cuando viajan al extranjero. Es el caso de Andrés Esono Ondo, secretario General de CPDS, quien fue detenido en abril en la República de Chad mientras asistía al congreso de un partido hermano, bajo la falsa acusación de haber viajado a dicho país para comprar armas y mercenarios con el fin de perpetrar un golpe de estado en Guinea Ecuatorial. Dicha acusación, sin pruebas, fue formulada contra él por el gobierno de Malabo y enviada a Chad.

Una oposición sin derechos, en un país donde el opositor no tiene ni posibilidad de trabajar, es una oposición con escasas posibilidades de conseguir una alternancia democrática.

 

Un régimen que viola sistemáticamente los derechos humanos.

El régimen de Obiang ha sido acusado, desde sus primeros años de andadura, de violar sistemáticamente los derechos humanos. Sin embargo, esas acusaciones le entran por un oído y salen por el otro, sin que se inmute. Ni los dos Relatores de la ONU que fueron asignados a Guinea Ecuatorial, ni los dos Exámenes Periódicos Universales a que ha sido sometido el régimen de Malabo para mejorar la situación de los derechos humanos en el país, con sendos suspensos, le han hecho cambiar. El último EPU se celebró en Ginebra entre abril y mayo del presente y, pese a que se le hicieron más recomendaciones que en 2014 (lo que demuestra que la situación se deteriora), siguen las violaciones de los derechos humanos. En el último mes, han sido detenidas en Mikomeseng unas nueve personas que, más de tres semanas después, siguen en paradero desconocido, sin asistencia letrada y sin ser puestas a disposición de los jueces. En sus 40 años de dictadura, Obiang nunca ha estado sin presos políticos. Hoy celebra su cuarentenario con cerca doscientos de ellos, diseminados por las cárceles que acaba de construir en el país. Con ellos está Joaquín Eló Ayeto, Paysa, militante de CPDS y activista de derechos humanos.

Y por si no fuera mucho, Obiang le tiene tomada la matrícula a la incipiente sociedad civil del país, a la que está dispuesto a convertir en apéndice del partido en poder o hacerla desaparecer. Las organizaciones de la sociedad civil defensoras de los derechos humanos, no se atreven a dar la cara por temor a correr la misma suerte que la oposición “radical”, perseguida por el régimen. Hace un mes el ministerio del Interior disolvió CEID, una de las pocas que, sin tampoco hacer mucho ruido, trataban de defender los derechos humanos. Así se siente más feliz Obiang, dirigiendo un país sin sindicatos ni asociaciones profesionales, donde jamás ha habido una manifestación de reivindicación o protesta contra el régimen, aunque fuese pacífica.

 

Una floreciente economía devorada por la corrupción y el nepotismo.

Hasta 2014, Guinea Ecuatorial (con menos de un millón de habitantes) era el tercer productor del petróleo de toda el África subsahariana, solo por detrás de Nigeria (190.000.000) y Angola (24.300.000). Según el Fondo Monetario Internacional, la explotación de hidrocarburos llegó a representar, en 2014, más del 70 % del producto interior bruto (PIB), con una producción de 281.000 barriles de crudo diarios. En 2012 el PIB per cápita alcanzó 24.304 dólares, el más alto del continente, por encima del de algunos países europeos. El petróleo generó el 80% del ingreso fiscal y el 86 % de las exportaciones, lo que producía una importante reserva de divisas.

Frente a estos datos macroeconómicos, está la cruda vida cotidiana de los guineanos. En 1997, el Gobierno organizó una Conferencia Económica, cuyo objetivo era definir el uso de los recursos provenientes de los hidrocarburos. En ella se decidió destinar el 40% del Presupuesto nacional al gasto social. Sin embargo, según diferentes fuentes, el gobierno invirtió tan solo un 3% en educación y un 2% en salud. Diez años más tarde, se celebró otra conferencia económica, fruto de la cual se estableció el programa Horizonte 2020, con el que se quería convertir a Guinea Ecuatorial en un país emergente y autosuficiente. La evaluación se hizo en Malabo el año pasado, en forma de otra conferencia económica, donde se vio el fracaso de dicho programa. Durante su intervención en la reunión, el presidente Obiang afirmó que todo lo hecho en el marco del Horizonte 2020 había sido solo fruto de su cabeza. Uno de los acuerdos de la última conferencia ha sido el nacimiento del H-2035, fruto del fracaso del H-2020. Quince años más de espera.

El fracaso del H-2020, en el que el Gobierno había depositado todas las esperanzas y prometido el oro y el moro a la población, fracasó por la corrupción galopante en el país y por hacer creer que los edificios, autovías subutilizadas, aeropuertos y puertos sin tráfico, palacios presidenciales y edificios ministeriales duplicados, eran signo de desarrollo. Y es que la construcción de infraestructuras había supuesto una gran oportunidad, para los jerarcas del régimen, de desviar fondos públicos mediante el cobro de comisiones por la adjudicación de obras públicas y el abultamiento de presupuestos de las obras adjudicadas a sus propias empresas. El propio presidente Obiang reconoció en una reunión con Ge-Proyectos que el Estado pagaba el doble del coste real de las infraestructuras debido a esas prácticas.

Sin embargo, como dice LA VERDAD, órgano informativo de CPDS en la Edición Especial dedicada al 50º Aniversario de la independencia, “a la cabeza de las grandes empresas pertenecientes a las más altas y más ricas autoridades del país está la firma Abayak, controlada por el Presidente de la República, según el informe “¿Maná del Cielo?” de HRW, manejando datos de fuentes del Senado de los EEUU y expertos del FMI. Creada el 6 de noviembre de 1998, sus tres accionistas, el Presidente, la Primera Dama y el Hijo primogénito, son titulares del 75, 15 y 10 por ciento del capital, respectivamente. Es propietaria de participaciones en capital de grandes empresas constructoras Arab Contractors, SOMAGEC, General Work, bancos, etc; tiene el monopolio de importación de cemento, propietaria de varios y espectaculares inmuebles, de hoteles de renombre internacional en el país, etc.”

El resultado de la mala gestión de los recursos provenientes de los hidrocarburos, ha sido un país al borde de la bancarrota: bajada la producción del crudo y con los precios inferiores a los de los años de la bonanza, han bajado también las exportaciones, y las divisas escasean; la miseria se ha generalizado en un país sin políticas sociales, con el 82% del sector educativo en manos privadas que ponen los precios de la enseñanza por los cielos, sin hospitales dignos de tal nombre, ni agua corriente y con una delincuencia juvenil e inseguridad ciudadana cada vez más preocupantes, y donde, por el cierre de empresas, miles de trabajadores han quedado sin empleo…

La corrupción está ahogando a los guineanos, una corrupción de la que habla el propio Obiang en todos sus discursos: hoy dice que en Guinea no hay corrupción porque la corrupción es una palabra europea, mañana llama corruptos a sus ministros.

Guinea Ecuatorial firmó la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción. Sin embargo, en este país jamás se ha procesado a nadie por corrupción, mientras vemos cómo en países vecinos como Camerún, hay exministros juzgados y condenados por corrupción, algunos de ellos en la cárcel hoy en día.

 

Ínfulas panafricanistas.

Durante los años del boom del petróleo, Obiang se ha hecho panafricanista, pensando más en su imagen y poder que en el bienestar de su país, tanto que es el mayor donante africano de fondos a los organismos como la FAO, o creador del Premio UnescoGuinea Ecuatorial para la Investigación en Ciencias de la Vida, con una dotación de 300.000 dólares anuales, mientras sus conciudadanos tienen que trasladarse al extranjero para curarse. Al tiempo que la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial (UNGE), carece de instalaciones en Malabo (con la construcción de su campus paralizada desde hace cinco años), el presidente ecuatoguineano va construyendo escuelas y universidades en el extranjero, como la Escuela de la Amistad China-Guinea Ecuatorial, o la Universidad Politécnica “Doctor Obiang” en Benín. Al mismo tiempo, Guinea Ecuatorial ha adquirido la fama de país que persigue a los inmigrantes. Estas contradicciones han obstaculizado las aspiraciones de Obiang de situar a los suyos al frente de instituciones como la Francofonía o la Comisión de la Unión Africana.

Sus afanes por aparecer en todos los escenarios le han llevado a convertir a Guinea Ecuatorial en miembro de la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa (CPLP), que le lleva exigiendo, desde su ingreso en 2014, la abolición de la pena de muerte, cosa que, por las largas que está dando, no quiere cumplir.

 

El funambulismo ideológico de Obiang.

Al contrario de los demás dictadores, que suelen definirse, por sus palabras y hechos, de “derechas” o de “izquierdas”, o se decantaban por el bloque occidental o soviético durante la guerra fría, Obiang siempre rechazó las ideologías políticas, afirmando que estas no resuelven los problemas de los países. Este ejercicio de funambulismo le permitió, desde su llegada al poder hasta la caída del bloque comunista, granjearse al mismo tiempo la amistad de Francia, Estados Unidos, China, Cuba, Corea del Norte y la Sudáfrica del apartheid. En la actualidad, le da igual, y le sale bien, ser amigo de Estados Unidos, de Francia, de China, de Corea del Norte, de Cuba, de la Venezuela de Nicolás Maduro, de Uganda, de la Zimbabwe de Mugabe, o estar protegido, al mismo tiempo, por los servicios de seguridad marroquíes, ghaneses, israelíes, americanos, chinos y norcoreanos, sin incompatibilidad alguna.

 

Relaciones con España.

Se dice que tras tomar el poder, Obiang pidió dos cosas básicas a España: efectivos de la Guardia Civil para su protección personal, y el respaldo del Ekuele por la peseta española, o la vuelta a la peseta guineana. Según se lee en muchos escritos, España no aceptó las peticiones de Obiang, a pesar de las declaraciones del entonces Teniente Coronel de que quería mantener unas relaciones preferentes con la “madre patria”. Sea como fuere, las relaciones entre la España democrática y la Guinea de Obiang, estarían abocadas al fracaso ya que ningún gobierno español habría aceptado firmarle un cheque en blanco a Obiang sin exigir, a cambio, una apertura política y respeto de los derechos humanos, cosa en la que el dictador guineano no está dispuesto a ceder. Así es como, desde 1979, las relaciones entre ambos países han conocido periodos de tensión seguidos de otros de distensión, sin llegar nunca a ser excelentes. De las potencias occidentales y no occidentales con presencia en Guinea, España es la menos implicada en el sector económico de nuestro país, desarrollando una cooperación más bien humanitaria.

 

El “Muro de la vergüenza”.

En 2016, Donald Trump ganó las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Una de sus promesas electorales fue la construcción o prolongación del muro a lo largo de la frontera con México. El Congreso se opuso, pero el Tribunal Supremo le acaba de autorizar el uso de los dineros del Pentágono para la construcción de dicho muro.

No sabemos si por inspiración de Trump o por una ocurrencia suya personal, Obiang ha decidido, también, construir un muro de hormigón a lo largo de la frontera con la “vecina y hermana República de Camerún”, como suele decirlo nuestro ministerio de Asuntos Exteriores, desde Rio Campo hasta Kie-Osi. Pero Obiang, al contrario que Trump, no ha consultado con nadie ni ha pedido autorización al Parlamento, ni lo prometió durante su campaña electoral en 2016 ni, mucho menos, ha informado al pueblo. Es fácil de entender: cuando el dueño de la hacienda decide cercar su propiedad dentro de una valla, no necesita autorización de nadie, sino tan solo ordenar el inicio de las obras a su capataz.

Puede resultar paradójico que un “panafricanista” quiera construir un muro para aislar a su pequeño país de los demás con los que comparte no solo continente, sino también cultura, costumbres y un espacio de libre circulación de bienes y personas, en el marco de una unión subregional, como es la Comunidad Económica y Monetaria del África Central (CEMAC). Sin embargo, la experiencia demuestra que detrás de la mayoría de las decisiones de Obiang, siempre hay un interés económico personal. Dicho de otra forma: el muro de Obiang, que llamamos el “muro de la vergüenza” (como el de Berlín), tendrá una longitud de más de 200 kilómetros, construido de hormigón. El hormigón implica cemento, y Abayak, la empresa de Obiang, tiene el monopolio de la venta del cemento en Guinea Ecuatorial. ¿Y qué empresa acometerá la obra? SOMAGEC, empresa propiedad del Rey de Marruecos, cuyo socio guineano es Abayak, la empresa de Obiang. Con esto queda todo dicho.

 

¿Qué pinta aquí el PDGE?

Una de las funciones de un partido político es el reclutamiento y la selección de las élites gobernantes, cuya carrera impulsa para ocupar cargos en el gobierno si el partido está en el poder o gana las elecciones. El Partido Democrático de Guinea Ecuatorial, fundado por Obiang y otras personas en 1986, no es el que ejerce esa función, sino el propio Presidente-Fundador. Tan cierto es esto que, ignorando a todo el elenco de políticos del partido, jóvenes y veteranos experimentados, con o sin formación académica, Obiang ha optado por su hijo, Teodoro Nguema Obiang Mangue, para sustituirle cuando haga falta, sin importarle el aura de escándalos que acompaña a su vástago. El PDGE no pinta nada aquí, salvo en su papel de instrumento de represión del régimen.

 

El legado de los 40 años de Obiang.

Teodoro Obiang, que llegó al poder en 1979, acaba de cumplir 77 años de vida y ahora 40 de gobierno dictatorial sobre los guineanos, a pesar de que prometió organizar elecciones, devolver el gobierno a los civiles y regresar él al cuartel militar. No fue sincero con el pueblo. Los que llegaron al poder como él en 1979, como David Dacko (República Centroafricana), Milton Obote (Uganda), Eduardo Dos Santos (Angola) o Daniel Ortega (Nicaragua, aunque este volvió tras 16 años en la oposición), han sido sustituidos por otros, mientras Obiang sigue aferrado al poder, celebrando farsas electorales y persiguiendo a la oposición. Ahora quiere legar la Jefatura del Estado, como si de una finca se tratase.

El “éxito” de Obiang se puede resumir en dos hechos: el haberse deshecho de todos los compañeros que protagonizaron el 3 de agosto de 1979, y el haber creado un sistema político a su medida: el multipartidismo sin democracia o, dicho de otra manera, el pluralismo “ademocrático”, por eternizarse en el poder.

http://www.cpdsge.org/2019/08/03/el-tres-de-agosto-de-1979-40-anos-despues/