EL HARTAZGO, 54 AÑOS SIN RESPIRO

Por Bonifacio Nguema Yembi

Es posible que los que vivieron la declaración de la independencia de nuestro país experimentaron algo así como un sentimiento de pertenencia a algo mucho más grande, que supera los lazos familiares, la tribu o la etnia, sintieron que formaban parte de un proyecto común, independientemente de sus orígenes, un logro y un sueño como nación con un destino para todos, unidos bajo una misma bandera como hermanos, que juran luchar y trabajar en libertad por un futuro mejor.

Pero aquél sueño no tardó en derrumbarse, y a partir de entonces sólo conocemos historias de sufrimiento, represión y desapariciones por parte de muchos, primero con los 11 años de Macías y luego con los 43 años de Obiang. Un total de 54 años de dictadura, sin respiro, hablar de vida digna, derechos, libertades y justicia nos suena a cuento chino en nuestro pequeño y diminuto país.

Decir que tanto Macías, por su régimen de terror, como Obiang, por su régimen de injusticia social y económica, sin olvidar la represión que somete a los ciudadanos que opinan distinto o disienten, su desprecio a los derechos y a las libertades básicas, no han ayudado a que los guineanos crezcamos con un sentimiento de identidad nacional, la inmensa mayoría nos sentimos apartados y discriminados en la tierra que nos vio nacer.

Una tierra donde unos pocos se sienten dueños, confiados en su poder, control y riquezas acumuladas, mientras el resto vive con miedo, casi vigilados y amenazados, no pueden decir ni lo que piensan, económicamente viven con lo básico, y muchas veces ni eso. Los que pueden optan por marcharse, buscarse un futuro lejos, en otra parte, los que no pueden o les faltan medios, se quedan resignados, viviendo como extranjeros en su propia patria. La única salida es alistarse a las órdenes del régimen y cumplir con sus mandatos.

Nos hubiera gustado a todos que nuestros dirigentes fuesen solidarios en el manejo de las oportunidades, el respeto a la vida y a la dignidad de todos, en el reparto de los beneficios que se generan al comerciar con los recursos del país, tiempo han tenido de cambiar de política, ser solidarios en el ejercicio del poder, abrir posibilidades para que otros puedan labrarse un futuro sin necesidad de emigrar, pero no han querido o no les ha dado la gana.

Nos hubiera gustado a todos, que lo que nos une sea más fuerte que lo que nos separa. NO somos una tribu, NO somos una etnia, NO somos una ideología, NO somos partido político, somos un país, somos Guinea Ecuatorial, tan básico y simple como eso, pero que nuestros dirigentes prefieren hacer oídos sordos, y miran hacia otro lado. No les interesa.

El descontento acumulado durante décadas por parte de la población damnificada, la inmensa mayoría, se expresa en los últimos años en forma de rebeldía, sin ganas de cumplir unas normas o leyes que los propios dirigentes se saltan a la hora de la verdad. Algunos compatriotas incluso han ido más lejos, intentando separar parte del territorio nacional declarando independencias, por hartazgo. Estos avisos parecen no ser suficientes para sacar a nuestra clase dirigente de su inmovilismo político, las cambios a nivel político y social les siguen aterrando, y huyen hacia adelante.

Igual creen que sus viejos métodos de represión para controlar a la población aún les sirven hoy en día, ellos sabrán. El tiempo, juez de todo, determinará hacia dónde nos lleva esta deriva sin fin. Ya estamos hartos de vivir amordazados, medio siglo es suficiente, llega un momento en el que una situación se hace insostenible, el sistema ya no se sostiene, ¡ABRAN PASO A LOS CAMBIOS!