EL ETERNO IMPASSE Y LA OPOSICIÓN QUE NECESITAMOS. Por Nchuchum Miko Abogo. Facebook

La lucha de los guineoecuatorianos contra la dictadura, es la de un prolongado e interminable impasse político y desesperanza. Las razones del impasse político hay que encontrarlas, naturalmente, en la cerrazón del régimen de Obiang, que en casi treinta años ya de una transición fallida hacia la democracia, no ha dado ninguna muestra de voluntad de apertura para la normalización y reconciliación de nuestra sociedad, integrada por una geografía humana cada vez más distante y enfrentada.

Sin embargo, si el impasse político es responsabilidad exclusiva de la dictadura, la desesperanza que consume cada vez más a los pueblos y a la población de Guinea Ecuatorial, lo es de los actores políticos de la oposición, los cuales, en su inmensa mayoría, y desde que en las presidenciales de 1996 se completase el fracaso del proceso abierto hacia la transición con las elecciones legislativas de 1993, han desarrollado un discurso con el que han promocionado de manera sostenida la “abstención” inactiva en la población y la deslegitimamación de la oposición interna.

Ignorando el paradigma propio de las dictaduras africanas, y con el argumentario de que “no puede haber partidos políticos en una dictadura” o que “un sistema no puede ser dictatorial y democrático al mismo tiempo”, apuntaban, en un primer momento, contra toda forma de lucha políticamente organizada en el interior del país, y, después, la mera supervivencia y condición de “legalizado” de un partido político se convertía en sospecha o incluso prueba de connivencia con el régimen.

Pecado original

Se parte de un pensamiento erróneo que constituye un verdadero pecado original, y consiste en suponer que, si todos los ciudadanos se quedasen en sus casas, habrían conseguido a través de ese acto pasivo e inequívoco de protesta decirle al tirano que no le quieren y que está solo. Es originariamente errónea porque da por sentado que la dictadura es un régimen político que se asienta en la creencia en el amor del pueblo hacia el dictador, el cual acabaría replanteándose las cosas y promoviendo cambios ante semejante e inasumible desengaño.

En la práctica, lo que ha propiciado ese pecado original es que el principal campo de batalla para gran parte de la oposición haya sido la propia oposición, al considerar que la promoción en el interior de prácticas de protesta y lucha activas y participativas no contribuye a la soñada demostración de desamor al tirano. Y, como consecuencia, las recurrentes campañas cainitas de descrédito hacia los partidarios de las formas de protesta activa y participativa, han fomentado, en lugar de la abstención, la desafección de la población con la oposición y la lucha política.

Una tenue esperanza, ¿quizá?

Algunos de los mas destacados actores de las formaciones políticas que fomentaron y propagaron el discurso de la “contradicción” y deslegitimación de la oposición interna, posteriormente, recurrieron a la interioridad de sus facciones partidistas, para tratar de ganar ascendencia y afianzarse frente a facciones oponentes. Eso ocurrió con el UP liderado por Celestino Okenve, quien, en años precedentes, normalizó sus viajes al país y se apoyó en la legitimidad que le confería la proyección interior de su liderazgo, frente a la impostura del UP liderado o representado por Faustino Ondo Ebang; y con el mas reciente y renovado discurso publicitario del “retorno” del PP de Severo Moto, en pugna con el PP liderado por Armengol Engonga, los cuales se apresuraron a nombrar sendos representantes en Guinea Ecuatorial.

Ya que se han empeñado en explicar el régimen de Obiang desde el paradigma clásico de las dictaduras cerradas, como arma arrojadiza contra las formas organizadas de oposición política y mas precisamente contra el CPDS, tendrán que explicar cuál es exactamente el estatus de los representantes y estructuras orgánicas de partidos políticos no reconocidos por la ley, pero “tolerados” en una dictadura, y capaces de organizar actos políticos en espacios no clandestinos.

En la actualidad, manifiestos políticos que integran fuerzas políticas radicadas en el exilio y opuestas al reconocimiento del estrecho lugar reservado a la oposición política en una dictadura, se posicionan, según sugiere su firma, en el espacio físico de Malabo, o “en Malabo y en el Exilio”. Es el caso del comunicado que seis grupos políticos dirigen contra el CPDS, y el «COMUNICADO CON RELACIÓN A LAS ELECCIONES DE ESTE AÑO 2022», cuyos anónimos autores se presentan como “Los (15) actores prodemocráticos guineaecuatorianos firmantes del Pacto Político”. Aunque es notorio el uso táctico del posicionamiento espacial de los comunicados, y expresa y evidente su direccionamiento anti-CPDS (básicamente porque al régimen jamás le han preocupado ni le preocuparán las campañas de desmovilización de la oposición), es una interesante novedad que fuerzas políticas en el exilio históricamente opuestas al desenvolvimiento de los partidos políticos en el país, por considerar que era una forma de blanqueamiento del régimen, decidan desde el exilio manifiestos políticos posicionados espacialmente en Malabo.

Al parecer, esos grupos políticos estarían llevando a cabo una reconsideración de su espacio y lugar en la oposición política en el interior, y es, ciertamente, un movimiento cuya evolución habría que observar y seguir con atención. No obstante ese movimiento, perverso por lo de más, queda pendiente el reto de superar la oposición meramente enunciativa y declarativa en la que durante tanto tiempo llevan acomodados.

La abstención inactiva es ingenua e irreal

La abstención inactiva, que consiste simplemente en no votar, habitualmente utilizada por el electorado de izquierdas en las sociedades democratizadas, es un recurso de protesta con el que se expresa desacuerdo con gobiernos de la misma cuerda y suele terminar favoreciendo gobiernos de signo político contrario. En realidad, no es una herramienta de lucha contra el poder, y menos contra el poder opresivo, sino una forma de protesta contra gobiernos considerados ideológicamente propios. Es también una opción consciente, libre y voluntaria. ¿Contra quién realmente es la abstención en Guinea y qué gobierno se favorece con ello?

Mi experiencia “de campo”, por haber actuado en una mesa censal y dos mesas electorales, y también como guineaecuatoriano, hace que conozca la enorme complejidad de los desincentivos que empujan a la población a los lugares de votación. No hay que buscarlos en la posibilidad cierta de la violencia policial, sino en lo coactivo y enajenador mismo de los lugares de socialización, como la familia, el vecindario, el instituto, grupos de amistades y entorno laboral; es en ellos donde late y se condensa la violencia acumulada del sistema. El guineoecuatoriano que opta por la abstención no se enfrenta a la violencia policial, sino a la censura, la reprobación y el rechazo de la familia, del grupo de amigos y de su empleador, y en la más absoluta soledad. En ese panorama, la afluencia a las mesas electorales seguirá siendo masiva, como ya lo fue en el periodo formal de partido único, y la abstención es simplemente una pretensión ingenua e irreal que es un tiro a los pies de la propia oposición.

Una oposición que explote el margen propio de posibilidades

Solemos tomar como referencia de movilización triunfal de la oposición las acontecimientos entorno a las elecciones municipales de 1995, pero mucho nos queda para sacar conclusiones válidas de los mismos. No hubo una comisión electoral independiente, tampoco un censo electoral biométrico, por citar dos de las constantes exisgencias; las elecciones anteriores, las legislativas de 1993, fueron tan fraudulentas como las legislativas y municipales de 2017.

Entonces, ¿qué explica el relativo éxito de la oposición en aquellos comicios? Se ha exagerado, por ejemplo, la unidad de algunos partidos políticos en la POC, pero sin mencionar la unidad en el discurso y en el mensaje a la población. La producción y difusión de discursos y mensajes contradictorios y de descrédito en el seno de la misma oposición arrancó en las presidenciales de 1996 y se hizo cada vez más ensordecedor hasta nuestros días. No hay que buscar las respuestas en los elementos dependientes de la voluntad del régimen, sino en el margen propio de posibilidades que la oposición explotó con acierto, como la ilusión, la capacidad para ilusionar a la población (sin discursos contradictorios y de descrédito mutuo), y una interventoría electoral de amplia cobertura, informada, decidida y eficaz, todos ellos, elementos que dependen enteramente de las capacidades y compromiso de la oposición y no de la voluntad del gobierno.

Necesitamos una oposición que se convenza de una vez que no existe una comunidad internacional liberadora y que el régimen jamás facilitará el cambio a menos que se vea obligado por los propios guineoecuatorianos; una oposición que entienda de una vez que el lugar llamado a librar esa batalla son las calles de Malabo y Bata, donde posicionan sus manifiestos; y que entienda de una vez que tampoco se hará la luz un día y se vea que todo es bueno; que entienda que tendrá que solidarizarse y ser, quizá, generosa, arremangarse y ponerse manos a la obra, con todos los riesgos que ello supone.

Y que también entienda, en definitiva, que aún cuando el régimen pueda, en un principio, asumir unas exigencias, como ya ocurriera a principio de los noventa y ha ocurrido también recientemente, en la práctica del día a día las infringirá o las ignorará, y habrá que luchar igual como si no existiesen. No podemos replegarnos constantemente y exigir que otros nos arbitren, sin fin, nuevos comienzos.