EL DIABLO A TODAS HORAS. Por Bonifacio Nguema Yembi

«Estos chicos con la mirada perdida, no tienen nada que perder, nacen ya condenados de antemano por el sistema injusto, desigual, discriminatorio, casi de «apartheid», establecido en nuestro país desde hace demasiado tiempo. En una sociedad con todo en contra, muy pocos tienen la capacidad de salvarse, la inmensa mayoría descarrilla, y quedan atrapados»

.¿Saben los ciudadanos guineanos que la mayor delicuencia criminal y organizada que puede sufrir un país es la corrupción institucionalizada?

En una sociedad injusta como la nuestra, la guineana, donde una minúscula parte de la población tiene hasta lo que no necesita; a parte de acusar de asesinos, ladrones y criminales a estos chavales sin rumbo, no deberíamos preguntar, por otra parte, ¿por qué lo hacen? ¿Cuál es el origen y la causa de esta desgracia?

¿Qué pasa en nuestra pequeña sociedad, un país pequeño y rico en recursos, cómo es posible que haya tanta gente necesitada, tanta pobreza y miseria, para que ejércitos de adolescentes se organicen en grupos, para atracar y aterrorizar, machete en mano, a los ciudadanos?

Es más fácil culpar y demonizar al desgraciado, al pobre, al abandonado a su suerte, mientras nos callamos cuando nuestros mandamases, supuestos servidores públicos, se dedican a la corrupción, enriqueciéndose de forma escandalosa con los recursos de todos en nuestras propias narices, y nadie dice nada.

Si los ciudadanos guineanos no se arman de valor, hablan con una sola voz y se movilizan, para exigir el fin de la corrupción de la cúpula del poder, algo que ya es endémico, que provoca tanta desigualdad y miseria desde hace tantísimos años, las desgracias sociales no tendrán fin, al revés, irán en aumento.

Se podrá detener, encarcelar, castigar de forma ejemplar, e incluso cortarles los tendones a estos jóvenes como sugieren algunos, si la causa que origina el mal sigue su curso, si nuestros eternos dirigentes siguen con su enriquecimiento ilícito, seguirán saliendo nuevos adolescentes criminales, dispuestos a cualquier cosa para conseguir el pan.