El asesinato de George Floyd impulsa un gran debate sobre el pasado esclavista de Francia. Norimitsu Onishi. The New York Times

25 de junio 2020.

BURDEOS, Francia — En un recodo del río, a lo largo de la orilla izquierda, se extiende una serie de majestuosas construcciones de piedra, cada una más imponente que la otra. Sus elegantes fachadas del siglo XVIII sirvieron para que la ciudad francesa de Burdeos, de por sí famosa por sus bodegas de vino, se convirtiera en Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

“Esta fachada es un patrimonio extraordinario y monumental, y una especie de metáfora escénica”, comentó Laurent Védrine, director del Museo de Aquitania. “Pero veamos detrás de la fachada de piedra: ¿de dónde provino esta riqueza?”.

La Place de la Bourse en Burdeos, Francia, donde hay rostros africanos esculpidos que miran hacia abajo desde grandiosas construcciones de piedra, el 18 de junio de 2020. (Andrea Mantovani/The New York Times)

Burdeos, a diferencia de la mayor parte de Francia, comenzó a indagar en ese tema hace más de una década. Y descubrió que sus grandiosas construcciones habían sido financiadas, de manera parcial, por el tráfico de esclavos. La esclavitud tocó sus monumentos y su arquitectura. Por lo tanto, la ciudad comenzó a abordar el pasado, pero, en vez de derribar los indicios de su horrible historia, ha puesto placas para reconocerla y explicarla.

Otras ciudades europeas con historias similares han preferido permanecer en silencio. No obstante, el asesinato de George Floyd a manos de un oficial de la policía de Minneapolis ha ampliado y fortalecido el debate en torno a la historia larga, brutal y lucrativa de Europa en África, lo cual ha sido enfatizado por el reciente derribo de las estatuas de diversos personajes de la época colonial.

En Francia, la construcción a nivel nacional de una narrativa y una identidad propia que la ubican como defensora revolucionaria de los derechos humanos universales ha eclipsado una prolongada historia de esclavitud y colonialismo.

Sin embargo, el pasado colonialista de Francia es un tema tan sensible como la esclavitud en Estados Unidos. Detrás de la refinada fachada de buena parte de Europa, la región turística más visitada del mundo, se esconde una riqueza generada por el tráfico trasatlántico de esclavos y la subsecuente colonización del continente africano.

Muchas décadas después de que la mayoría de las naciones africanas obtuvieron su independencia, todavía no se ha asimilado por completo esa historia, ni en Europa ni en África. Hay gente de origen africano atrapada en el silencio en Europa, donde un racismo imperecedero, el temor casi histérico a la inmigración y el fracaso de la integración de generaciones de migrantes no se pueden separar de ese pasado inconcluso.

“Es la incapacidad de esclarecer ese pasado lo que mantiene el racismo y la impunidad en la policía, o la impunidad de quienes toman las decisiones para otorgar empleos o viviendas con base en criterios físicos y niegan los derechos de los franceses que son negros o árabes”, opinó Karfa Diallo, de origen senegalés y fundador de Mémoires et Partages, una organización que ha presionado a la ciudad de Burdeos a reconocer su historia. “Nunca se ha dicho así de claro, pero es el meollo del asunto”.

Cuando los investigadores profundizaron su trabajo en Burdeos —más allá de los rostros africanos esculpidos que miran hacia abajo desde una construcción en la Place de la Bourse—, encontraron bitácoras, registros y pinturas que demostraron que esta ciudad francesa, ubicada en un recodo del río Garona, había florecido gracias al comercio basado en la esclavitud de seres humanos.

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