Crítica de Black Beach, un ambicioso drama con Raúl Arévalo y Candela Peña. Raquel Hernandez Lujan. Hobbyconsolas

Crítica de Black Beach, el segundo largometraje dirigido por Esteban Crespo, coescrito por él junto a David Moreno y protagonizado por Raúl Arévalo y Candela Peña. En cines a partir del 25 de septiembre de 2020.

Black Beach es un cita bastante sólida que llega este viernes a las carteleras, tomando como título el nombre de una cárcel de la Isla de Bioko, en Guinea Ecuatorial, que arrastra una terrible reputación por la institucionalización de la brutalidad contra los presos y la negligencia en lo que al racionamiento de los alimentos y el trato médico se refiere. Por desgracia, en ella son comunes los trabajos forzados, las ejecuciones sumarias, las palizas y la violación sistemática de los Derechos Humanos.

La película es, en esencia, una denuncia de todo ese maltrato y de la confrontación de los individuos frente al sistema en el que los intereses económicos y la desigualdad social son los que priman.

Black Beach nos lleva a conocer todos los escalafones: desde el superlujo en el que se mueven los dirigentes del país hasta los eslabones de la cadena que le parecen más molestos al poder y que por tanto acaban dando con sus huesos en la mayor de las miserias cuando no en una muerte segura.

Raúl Arévalo interpreta en la película el rol de Carlos, un ejecutivo ligado a las Naciones Unidas que recibe el encargo de mediar para encontrar con vida al ingeniero de una compañía petrolífera, secuestrado por un supuesto terrorista.

Se trata del último trabajo que tendrá que realizar para poder entrar a formar parte como socio de la firma en la que ejerce su labor, algo que le urge dado que su esposa está a un mes de dar a luz y quiere estabilidad para su familia.

Ha sido elegido por sus contactos, dado que conoce al secuestrador de los tiempos en los que trabajó como cooperante en Guinea. Su amiga Ale se convertirá en su mejor cómplice para moverse por un país convulso y tumultuoso en el que nada será fácil, especialmente enfrentarse a los fantasmas del pasado.

Si hay algo que llama de inmediato la atención de Black Beach es su holgado presupuesto en el que han contribuido tanto Netflix como RTVE, junto a Pris&Batty Films, Nephilim y BlackBeach AIE y que es poco habitual en una película española: unos siete millones de euros que han permitido llevar a cabo un complejo rodaje internacional con localizaciones en Ghana, Canarias, Bruselas, Toledo y Madrid.

No se trata de una película que te lleve a empatizar de inmediato con el protagonista, un hombre bastante poco escrupuloso que acaba convirtiéndose en héroe a la fuerza, una vez que comprende el cruel entramado de intereses cruzados en el que se mueve su entorno inmediato. Tampoco Raúl Arévalo parece demasiado inspirado, a pesar de tener indudable talento como nos ha demostrado tanto delante de las cámaras en La isla mínima o Los girasoles ciegos como tras ellas en Tarde para la ira.

Mucho más cautivador resulta el papel secundario de Candela Peña (Hierro), una actriz que con cada nuevo papel nos sorprende por su naturalidad y por llegarnos de forma directa al corazón. Es ella la que pone el factor humano que atrapa al espectador además, por supuesto, de las personas oprimidas por un régimen devastador en el que la vida no vale nada. Sorprende Jimmy Castro (El increíble finde menguante) al que es imposible no tenerle cariño en un registro mucho más maduro que deja entrever que sus pretensiones son las de seguir creciendo como intérprete.Comenzar suscripción

La película es, sin duda, un thriller dramático interesante y ambicioso que apunta ideas escalofriantes sobre el poder de las grandes corporaciones y la capacidad coercitiva de sus tentáculos en la política internacional (¿en manos de quién estamos y cuáles son sus verdaderos fines?) mientras que consigue mantener la tensión en todo momento, aunque en su último tercio se desinfle un tanto hasta llegar a una conclusión algo fría y predecible. La estructura de la película es bastante clásica en este sentido y le hace un flaco favor al desenlace.

Esteban Crespo, muy vinculado al Festival de Málaga, donde obtuvo un gran reconocimiento para su corto de ficción Aquel no era yo (recordemos que además fue nominado al Óscar en 2012), presentó su debut en el largo Amar en el festival, donde también ha mostrado por primera vez su segundo trabajo.

En resumidas cuentas, los espectadores que busquen una película española bien armada y con fundamento, tanto argumental como con valores de producción nada desdeñables, no deben dejar escapar la ocasión de ver Black Beach en pantalla grande. Ojalá muchas más cintas de este calibre y profundidad en el futuro de nuestras carteleras.

VALORACIÓN

Ambiciosa y muy bien articulada, Black Beach es una película en la que el thriller dramático y la acción se dan la mano. Brillan departamentos como el diseño de producción, pero se echa en falta más emoción.

Hobby

70

Bueno

Lo mejor

Es una película con un diseño de producción envidiable: un rodaje internacional, medios para rodar secuencias complejas y buenas interpretaciones.

Lo peor

La historia que más te llega es la del personaje secundario interpretado por Candela Peña. Es una película muy clásica en su estructura.

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