Ayer volvió a aplazarse la sesión del juicio de Ngolo.

Pocas cosas sorprenden ya en el juicio por el supuesto intento de golpe de Estado de la Navidad de 2017. La sesión prevista para ayer fue nuevamente aplazada y parece que será hoy cuando defensores y fiscales elevarán sus conclusiones a definitivas. Los sucesivos aplazamientos reflejan  las dificultades  (importantes pero no decisivas) del régimen a la hora de establecer las penas para un grupo de personas que, por primera vez desde dentro de sus filas,  se han planteado modificar la situación política existente con métodos más o menos expeditivos.

Decimos que es el régimen (su jefatura) quien está decidiendo la sentencia porque si es conocida desde siempre la falta de independencia del sistema judicial guineoecuatoriano, la modificación del tribunal de este juicio, llevada a cabo cuando la vista pública ya se había iniciado, ha puesto en evidencia que, al menos una parte de esa “jefatura”,  tiene una idea  clara sobre  lo que quiere conseguir en este juicio.

Probablemente (probablemente) estemos, una vez más, ante un juego de apariencias. Podría parecer que existe la posibilidad (el riesgo) de que algunos de los acusados sean condenados a la pena de muerte. La modificación del tribunal apunta en ese sentido. Al mismo tiempo, el régimen mantiene una polémica, con una cierta proyección internacional, sobre la abolición de la pena de muerte. No hay ni un sólo sintoma que indique que el dictador quiera ratificar de manera inmediata esta abolición. Nuestra opinión (arriesgada sin duda) es que vamos a seguir como estamos, vamos a asistir a la salida a escena de “Obiang, el Magnánimo”. El tribunal va a imponer penas de muerte que el dictador va a indultar mientras busca con  esta jugada la justificación para aplazar, una vez más, su supuesto compromiso de abolir la pena de muerte. ..