Africa, China, Estados Unidos y…Donald Trump. Idriss Linge. Agencia Ecofin

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“De entre los temas relacionados con África, Donald Trump, el nuevo presidente de los Estados Unidos, se muestra interesado por la competencia que plantea China a su país y pone en duda también lo adecuado de los apoyos norteamericanos en la región, según puede leerse en un artículo publicado en New York Times que cita, a su vez, un documento enviado por el equipo de transición de Donald Trump al Departamento de Estado [norteamericano].

Se cuestiona en él, el peso económico de China en África y también la coherencia de la ayuda americana en este continente dónde el nivel de corrupción de la clase dirigente se considera notorio. Trump se pregunta por los fracasos en la persecución de uno de los señores de la guerra en Uganda y también, las razones por las cuales grupos como Boko Haram o Al Shebaab no han sido derrotados todavía.

En ciertos medios de comunicación, particularmente en Senegal y en Nigeria, dónde se ha conocido esta información, sus interrogantes se han interpretado como indicadores de la voluntad del nuevo presidente norteamericano de retirarse del continente negro, en una lógica de aislacionismo y de ruptura con más de dos décadas de colaboración activa. Una posición que parece justificada con el comentario hecho en el artículo del NYT, por Monde Muyangwa, director del programa África en el Woodrow Wilson Institute. “Son preguntas normales, como las habría hecho cualquier otra administración entrante“, hace saber Muyangwa. Pero precisa a continuación que el tono empleado al hacerlas denota “una visión más cortoplacista y limitada de los intereses norteamericanos en África, con menos implicación respecto a los Estados del continente”.

Donald Trump, que ya ha manifestado su punto de vista sobre varios de los temas mundiales, no se ha pronunciado todavía abiertamente sobre África. Sin embargo, ciertos hechos permiten pensar que, aunque las economías africanas van a sentir los efectos colaterales, positivos o negativos, de su política general, hay pocas posibilidades de que la política africana de USA cambie drásticamente a un plazo corto.

Su inquietud respecto a la competencia china, parece justificada. Desde 2009 Pekín ocupa la confortable posición de primer socio comercial en África. Datos sobre el comercio mundial en 2015, muestran claramente que las exportaciones chinas hacia África han alcanzado los 103 mil millones dólares, frente a sólo 27 mil de los Estados Unidos. De igual manera, los bancos chinos conceden miles de millones de dólares de préstamo a los países de la región, para la construcción de diversas infraestructuras. Según datos publicados por Baker and McKenzie, estos contratos han alcanzado los 398 mil millones dólares entre 2009 y 2014, es decir una media de 54 mil millones al año, comparados con los 8 mil millones dólares de media anual de ayuda americana en los últimos diez años.

A pesar de eso, China no aventaja por completo a Estados Unidos en el continente.

Según el informe 2015 de Ernst & Young sobre el atractivo de las inversiones en África, los Estados Unidos ocupan el primer lugar en lo que hace a inversiones directas en el extranjero, por delante de China que se sitúa solamente en la séptima posición. Por otra parte, programas como el AGOA [African Growth and Opportunity Act] permiten a cerca de 300.000 africanos tener un trabajo, y han creado hasta 120.000 puestos de trabajo para estadounidenses a los que Donald Trump no le gustaria ver en el paro.

Dentro del ámbito de la colaboración en temas de seguridad en África, algunos aspectos podrían modificarse. La persecución del señor de la guerra ugandés debería salir de la lista de las prioridades. Pero la presencia americana en África se integra en una estrategia tendente a aportar una respuesta global a la inseguridad, a partir en especial de los ataques a la embajada norteamericana de Nairobi. “Norteamérica se ha fijado como objetivo trabajar en aspectos de la seguridad en toda África y en el mundo. Invertir en seguridad aquí en Camerún, es ante todo invertir en nuestra propia seguridad. Nuestro objetivo es velar por que los piratas, los furtivos y los terroristas, se vean ante nuestro método de respuesta en cualquier parte donde se encuentren“, había hecho saber Robert P Jackson en 2013, cuando era embajador de USA en Camerún.

En esta lógica, desmantelar el dispositivo de esta presencia militar llevaría un cierto tiempo, sobre todo porque la primera potencia militar del mundo continúa invirtiendo en bases dentro del continente africano. En el presupuesto de 2016 el Congreso [norteamericano] había aceptado la construcción de una base militar en Níger por 50 millones dólares, es decir el segundo presupuesto más importante para la construcción de bases nortamericanas en el extranjero de ese año.

En lo que hace por último a la cooperación humanitaria, la administración Trump tendría también dificultades para detener a corto plazo el PEPFAR [President’s Emergency Plan for AIDS Relief]. Al llegar a la Casa Blanca, Barack Obama se encontró con un presupuesto que el presidente Georges Bush Junior había multiplicado por cuatro. Mantuvo la misma tendencia, aunque intentando reducir sus presupuestos.

Más complicado será saber qué va a pasar con programas como Power Africa y”Trade with Africa”, puestos en marcha hace menos tiempo por el presidente saliente y de los que no se han dado a conocer todavía sus resultados y sus consecuencias.

http://www.agenceecofin.com/politique/1701-43985-concernant-l-afrique-donald-trump-s-inquiete-de-la-concurrence-chinoise-et-doute-de-la-pertinence-des-appuis-americains